domingo, 8 de noviembre de 2015

Brillante 09 - Un acto aromático


¡Siento el retraso, lectoras mías! Me han enterrado en trabajos en el máster, parece que se hayan puesto todas de acuerdo. Me sabe mal, esta sección está recibiendo muchas visitas. Aunque no sé por qué me preocupa que hayan más o que hayan menos, si al fin y al cabo este mi blog es sin ánimo de lucro. Aquí sigo yo, pobre como la familia de ratas de la calle maldita. XD

En fin, veamos cómo termina el asunto de la bañera... ಡ౪ಡ

Pretendía poner una imagen más sensual, 
pero no me he podido resistir. XD

¿Cómo puedo describir aquella escena sin que la poca reputación que me queda a tus ojos se revuelque por el fango, lector mío? Quizá baste con intentar que te pongas en mi lugar diciéndote que soy una mujer de carne y hueso impulsiva y no poco idiota que se deja llevar y que ese caballerete tan insigne e inteligente se estaba comportando como un niño chico. No, no, sería mejor que te explicase que la señora Hudson estaba en el piso de abajo tomándose su más que necesaria tila y Watson, que mañana se llevaría una sorpresa, durmiendo en su alcoba, por lo que estábamos Sherlok y yo... solos... No, no, no.

A lo mejor si te cuento que tengo... ¿tenía? ¿tendré? una amiga que ante cualquier adversidad social opta por pues le enseño un pecho... ¡esto va de mal en peor! A ver, yo no tengo la culpa. La culpa es de las circunstancias, sí, las fatales "circunstancias". Cabría esperar que Sherlock fuese La Tentación, así en mayúsculas, que lo era, pero ante todo, para mí encarnaba el terror. Lo que es en esos inicios de nuestra relación, ese hombre me producía pánico visceral.

¿Cómo no iba a hacerlo? Era el único que me había visto, no podía quitarlo de en medio a lo criminal porque era un personaje histórico importante, guardaba uno de mis secretos y me tenía en la palma de la mano... y sin embargo, como buena chantajista, me daba perfectamente cuenta de que para él era más valiosa libre. ¡Cómo no! Mientras le resultase digna de estudio, no iba a delatarme, sería un desperdicio. De modo que es lógico, natural y todo lo demás que me rebotara e hiciera... lo que hice...

Basta. Solo cabe empezar por el principio.

Las burbujas jugueteaban entre los dedos de mis pies. Yo los enjabonaba gustosa, flotando en la apacible agua caliente de la bañera de Baker Street, remanso de paz donde llevaba ya media hora dedicada a la higiénica labor de eliminar la mugre. Esta, acumulada tras tantas horas de acción, en realidad había desaparecido hacía tiempo. Pero ¿y si no? ¿Y lo a gusto que estaba yo? ¡Eso era la gloria, la gloria! ¿Que mis yemas de arrugan? ¡Qué puede importar!

- Es uno de aquellos casos en los que quien razona puede producir un efecto que le parece notable a su interlocutor, porque a éste se le ha escapado el pequeño detalle que es la base de la deducción.

Claro que ninguna felicidad es completa, no en este mal siglo. Allí estaba la voz Sherlock tras la puerta del cuarto de baño dando explicaciones que nadie le había pedido para demostrarlo.

- Afortunadamente para su persona, una pareja fue testigo de la agresión. La dama integrante de la susodicha, conocida suya sin duda, declaró que "por muy malandrín libertino que fuese" usted no merecía un final tan desapacible. - ¡oh, se había buscado a otro en menos de media hora! Esa es mi muchacha anónima - Por otra parte, tal información resultaba de todo punto innecesaria, pues poco tiempo transcurrió entre la declaración y la alerta cuando oímos los alaridos del maleante de usted, al que encontramos retorciéndose de dolor en el callejón. Merece reconocimiento...

No, ninguna felicidad es completa, menos aún para servidora. Yo soy muy sensiblona y todo lo siento intensamente y claro, así no hay quien se atolondre y disfrute sin más. Ojalá no pensara tanto, así me libraría de los nubarrones. Por ello pocas cosas me irritan tanto como que me molesten en esos pequeños instantes de felicidad semitotal en que estoy en remojo. ¡Un poco de compasión!

- La pregunta era, ¿dónde estaba usted? Naturalmente, un "señor" no podría acudir a la comisaría como si tal cosa... - nada, que no hay compasión.

La bañera de la señora Hudson (era suya, ¿no?) era de esas clásicas con cuatro patitas doradas que parecen de porcelana si es que no lo son. Hermosamente sencilla. ¡Claro! La belleza está en el cálido interior. El cuarto de baño, más bien chiquitín, parecía guiarse por dicha regla. No había objeto decorativo fuera de los enseres propios de la higiese del caballero, espejito de pared, espuma de afeitar y navaja incluidos. Las paredes, sin más que los ventanucos pegados al techo para dejar salir el vapor y un par de pequeños cuadros del mar para dejar ir la vejiga, tampoco eran ostentosos.

- Ha demostrado usted una significativa inteligencia... - le faltó decir "teniendo en cuenta su sexo" - Por lo que presupuse que no transitaría lugar alguno sobre el que la siempre "eficiente" Scotland Yard tuviese conocimiento, menos aún alguno de sus enemigos. De hecho, a ser posible, no pisaría adoquín concurrido ni lugar frecuentado ni por lo más bajo de la sociedad, si reparamos en su tendencia a hacer cuanto esté en su mano en solitario... - es que yo soy don Juan Palomo.

La pastilla de jabón, lila, redonda, bella, olía a lavanda. Se había derretido un poco bastante de tanto uso y abuso, qué le voy a hacer, tenía que desinfectarme bien las heridas, que no solo derivaban del forcejeo por resistirme al vil asesinato, sino también de la huida despavorida, que sumaba no pocos arañazos y golpes varios. Amoratada iba a estar dentro de muy poco. Tenía que acordarme de compensar a la viejecita encantadora de la señora Hudson con una cesta de balneario. La verdad es que me había recibido muy bien pese a las pintas zarrapastrosas con las que me había presentado. Supongo que Holmes le habría traído elementos peores.

- Bla bla bla algo científico, bla bla bla fanfarronada, bla bla bla evidencias bla bla bla bla bla. Bla... ¿Bla? ¿Bla bla prestando atención?

Estaba por decirle que el silencio hace que hasta los necios parezcan sabios durante un minuto, pero a ver quién era el guapo que se atrevía a soltarle la perla. Uy, una pregunta.

- ¡No me lo digas, no me lo digas! Elemental.

Silencio. Delicioso silencio. ¡Ja! Sabía que podía salir de esa.

- Se puede considerar elemental que pese al arrebato inmediatamente anterior, quería que la siguiera. Probablemente debido a su vanidad femenina.

Golpe bajo, esto ya pasa de castaño oscuro. Qué culpa tendrá nadie de que él posea esos glúteos de escultura griega o de tener yo ojos en la cara y sensibilidad en las manos. No es así como me imaginaba que sería conocer a una celebridad de tanto calibre, resulta curioso cuanto menos que hubiera pasado de la veneración a una entrecomillada "confianza" prácticamente nada más encontrármelo. Me pregunto si conocer a Jane Austen o a Galdós o a Emilia Pardo Bazán o a Clarín si me atrevía a volver a mi España adorada en una época tan machista sería tan desconcertante. Seguro que doña Emilia no me decepcionaría.

Me puse a canturrear la banda sonora de El Dorado. Me encanta la música Disney. No canto bien, el canto no se encuentra entre mis escasas virtudes, cosa que en este contexto me iba de perlas para amortiguar la cháchara del señorito. Él continuó erre que erre hasta claudicar y cerrar cremallera. Entonces y solo entonces fue para mí el momento idóneo de retirar el tapón. Por supuesto, seguí cantando, quietecita, tranquila, en paz conmigo misma, mientras el agua descendía por mi cuerpo tumbado, recién aclarado. Mis ojos se quedaron embobados con el remolino que se tragaba el desagüe.

Las cañerías cumplían su función, Holmes callaba, pero sabía que estaba ahí. Era un cabezón. Entretanto, yo me entretuve mirándome los pechos. Toqué uno, luego el otro, como quien toca la bocina, un poco por comprobar mi anatomía, que tanto hacerse pasar por hombre a veces pasa factura. Después pasé a mirotear una vez más mi pulsera, que nunca me quitaba (para algo era de silicona y sumerjible). La pantallita seguía en modo Zzzz. Me incorporé.

Posé los pies sobre las baldosas, frías. Se me puso la piel de gallina. ¿Y la esterilla? Oh. ¿Y la toalla? ¿Y mi ropa? Por lo menos la toalla... Nada. Haber, haber, no había nada. Miento, en el suelo estaba la barba postiza. Fruncí el ceño.

- Errr... - voz melosa, se requería voz melosa - Incomparable detective asesor, ¿no sabrá usted por un casual dónde se hallan mis pertenencias?

Risita. ¿¡Risita?!

- ¿Tiene usted toda mi ropa, señor Locky? - inquirí alzando un poquitín de naaada la voz.

- Así tendrás que escucharme. - anunció la voz viril.

Pero, pero, pero... Como si fuese poco el shock por la risita, ¿¡me estaba diciendo que tenía mi sujetador?! ¡Tuve que permitir que Gertrudis me etiquetara de pervertida perdida para conseguirlo!

Llegamos al fatídico instante que sin duda estabas esperando, lector paciente o impaciente, aquel por el que tanto me he justificado (en vano). Estaba rebotada, no hay nada más que pueda alegar en mi favor, no por nada jamás me pasó por la cabeza hacerme abogada. Fue rebeldía, fue orgullo, fue obstinación, sublevación, atrevimiento, capricho, un poco de todo. Me permití girar el pomo.

Se abrió la puerta.

Él me miró, yo le miré, los dos nos miramos. Yo con los brazos en jarras, sin taparme nada. Supo disimular, ahí con el revoltijo de ropa en brazos, pero apostaría el meñique a que en esta ocasión le había tocado a su excelsa persona sufrir un casi ictus. O quizá no supo, porque no se movió un ápice. Yo por mi parte me arrepentí en seguida del impulso. Había presupuesto que miraría al techo nada más verme los pies descalzos mojando la moqueta, error garrafal. Para más inri, el tiempo parecía haberse congelado y cada vez me preocupaba más la alarmante probabilidad de pillar un catarro que evolucionaría a pulmonía y de ahí a la tumba.

Lo hecho, hecho está, ¿para qué lamentarse? Me contoneé ante sus narices. De perdidos al río.

Menos mal, ello desencadenó el clic cerebral que necesitaba para tirarme el revoltijo de trapos con mucha dignidad antes de darse media vuelta y salir por patas. Pasado lo emocionante, me tomé mi tiempo para secarme y vestirme (cosa desagradable teniendo en cuenta mi obsesión antibacteriana, pero no tenía más ropa), inmersa en complejos corporales en torno a lo flacucha que me había quedado con la dichosa desnutrición y otras cosillas que no vienen al caso, a la par que para abofetearme las mejillas a dos manos.

Hecho esto, mi extensa experiencia en ficción sentenció que una escena dramática sería ideal para redondear la noche, pero el sentido común y el cansancio aunaron fuerzas para susurrarme que desvalijara la casa. Acostumbro a hacer caso de mi cabecita loca, así que me coloqué la barba postiza mojada, bajé las escaleras hasta el primer piso y eso hice.

No te aburriré con los detalles, hastiado lector: flirteé con la señora Hudson hasta que a la media hora estuvo dispuesta a darme sus muelas de ser preciso, le pedí una vestimenta decente, me ofreció la de Sherlock, calzones incluidos. Me los puse. Tuve que arremangar el bajo y las mangas. Parecía una cría con la ropa de papá. Y así me presenté en el cuarto de Sherlock, sin tocar la puerta ni anunciarme ni tonterías.

Me. Niego. A describirlo. La señora Hudson está traumatizada, yo estoy traumatizada, Watson estaría traumatizado. Bastante trauma hay ya en este mundo, a ti te lo ahorro. Esta vez sí que alzó los ojos al techo, bien escarmentado. Acercándome al colchón donde el señor se hallaba tumbado como si quisiera hacer un ángel de nieve, me interpuse en su campo visual. Desvió aún más la mirada y yo le señalé con el bastón que le había tomando prestado al doctor durmiente conforme volvía a subir para arriba, hurra la redundancia.

- ¡Mis ojos están aquí abajo! - no pude resistirme.

- Y su sentido del decoro por los suelos.

- Oooh~♥. ¿Está escandalizado el señorito? - le tiré del flequillo, como si nos conociéramos desde la más tierna infancia. Hay que disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. - Donde las dan las toman.

Él me apartó la mano de un manotazo con gesto de fastidio mal disimulado. Solté una risita. Gracias a ello me miró por vez primera desde el encuentro fortuito ¡del que él tenía toda la culpa!, me observó, se detuvo en mi cuerpo vestido con lo que no era mío. Me preguntó qué quería, fruncida esa frente tan bonita.

- Tú eras un experto boxeador y esgrimista de palo y espada, ¿verdad que sí?

Una desconfianza veterana y menos severa coloreó su palidez. Podría ser modelo de lencería el muy desgraciado. Quise decirle que tenía asuntos que resolver, aunque me lo pensé mejor y decidí ahorrar saliva. ¡Ya que era tan listo...!

- Estoy en peligro. Estoy "desarmada". - le recordé, agitando el bastón - Soy una flor delicada.

Carcajada al canto.

- Y tú estás aburriiiiido~. - mis dotes de persuasión no tienen parangón.

En cuanto el alba iluminó medianamente las calles, me acompañó, me siguió, actuó como mi sombra. No hizo nada. Seré cobarde, pero también, ante todo, independiente. ¿No era asunto mío? Y recalco el mío. Pese a todo, la imagen es lo principal en estos casos, y un mafiosillo precisa de un matón que se quede mirando en un rincón. Simplemente puso el granito de arena con su mera presencia, que era lo que yo quería, mientras la sangre de la nariz rota de ser Thomas moteaba las ya nunca jamás inmaculadas alfombras de su despacho.

Le debía una bufanda y varias prendas a Sherlock, jabón a la señora Hudson... y ahora un bastón nuevo a Jonny Watson. Tendría que hacerme una lista.

Continuará...

¡Espero haber satisfecho vuestras sin duda decentísimas expectativas!

En el próximo capítulo, se descubren más cositas sobre nuestra "leona"... ¿Qué? ¿¡Que ya tenéis bastante?! ¡Qué maaaalas!

11 comentarios:

  1. Vale la pena esperar!! Pobrecito Sherlock, con lo tímido que es!! Ya sabemos que a él le encanta fardar de cómo llega a deducir sus conclusiones, no le quites eso!!

    Así que eres una malandrina!! No sé de qué me suena eso! XDD.

    Ser Thomas se ha llevado su merecido, me alegro!! Qué pena del bastón de Watson...

    Buen trabajo, flor delicada, ahora a esperar pacientemente la continuación. Sin estresarte demasiado, pero sin pausa XDDD

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    1. ¡Claro, pobrecito él! Pooobrecito... XD

      ¡De qué será...! XD

      Ñe, los bastones se pueden comprar... pero que ser Thomas te deje en paz, solo una paliza lo puede garantizar. XD

      Encantada de que me des tu venia, señoría. XD

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  2. Genial! Te espero con la siguiente escena y sinop la sierra te esta esperando :)XD

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    1. ¿La mecánica o la del monte? En cualquier caso, las amenazas de muerte ya estaban tardando. XD

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    2. En mi pais el aire de la sierra es bueno mujaja. Me encanta imaginar a Sherlock dándole tic nervioso y porque tenian que ser sicopatas gays? (llora en silencio) bueno tu le quitaras eso verdad? ¿Verdad? Creeme si colgará mi versión jojojo el seria el masoquista :3
      Pronto que no quiero venir y perder revisiones de los bloggers que hago siempre y tu ni actus u...u

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  3. Yukino, eres mala, con lo que le gusta a Sherlock hablar de sus deducciones, y de cómo averiguó que a la prima tercera del sobrino de la lavandera le gustan los gatos solamente viendo la nariz enrojecida de la lavandera en cuestión xDD

    La bañera es un primor. Tiene que ser una gozada estar en una de esas y pensar "no me muevo de aquí en una semana". Te faltaba la copa de vino o whisky (tenías que haberle pedido whisky a Sherlock, todos sabemos que es medicinal y que previene el catarro, y niego rotundamente que esto sea un cuento para poder beber chocolate con unas gotitas de whisky si llego empapada a casa en pleno enero...).

    La señora Hudson, la pobre, no gana para sobresaltos. Seguro que hasta preferiría que Sherlock le llevase un par de mujeres de dudosa reputación xD

    Lo que me he reído imaginándome a Sherlock tieso, a punto de ser miembro de pleno derecho y hasta presidente del club del casi ictus. Y encima, de descarada, va "León" y lo provoca con contoneos xDD

    Me ha encantado la escena en que lo picas en la habitación. Me lo imagino tan estirado que a mí también me entrarían ganas de pincharlo así.

    Así me gusta, dejando las cositas claras a Ser Thomas sobre quién manda aquí! De todas formas, pobre Watson, sin bastón, encima le estás robando en las narices a su Sherlock...

    Ánimo con todo y no te agobies si ves que tardas en poder ponerte con el siguiente! Lo principal es que esto lo disfrutes tú y que no se convierta en un estrés.

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    1. Podría sonreír y asentir, pero así no hay quien disfrute del baño. XD
      Lo de la prima tercera del sobrino de la lavandera me lo apunto. XD

      No se podía esperar menos del hogar de una viuda, todo es primoroso. ¡Y tú te podrás negar a todo, pero es que yo ni bebo café no alcohol! XD

      O quizá no... quizá la señora Hudson haya hecho un agujero en la pared para "comprobar" qué correcto uso le dan Sherlock y Watson al mobiliario...

      Lo digo y lo repito, ¡de perdidos al río! XD

      Tus siempre positivos comentarios me llenan de orgullo y satisfacción. ♥
      Y bueno, ya que soy una nudista descarada, qué menos que pincharlo. XD

      Pues no es la única consecuencia que va a tener ponerle los puntos sobre las ies al aristócrata... [Carita misteriosa]

      Pues hoy precisamente estaba taaan atenta a la charla taaaan interesante de la profe que he avanzado bastante en el nuevo capítulo, así que con un pelín de suerte pronto estará publicado. XD

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  4. Hum...cuando he leído que quita el tapón de la bañera y sigue sentada lo único que ha acudido a mi cabeza ha sido un :hala! Jabón everywhere. A ver ahora cómo se aclara...jajaja

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    1. Lógica pura. XD
      Bueno, no quería alargarme en cómo se aclara... XD

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Cada vez que no comentas, a Yukino le da tal depresión que se tira por la ventana y lógicamente publica menos entradas