lunes, 23 de mayo de 2016

Axia 04 - Carne y hueso


Dejamos a Iorveth hecho una gallina gigante (no teníamos bastante con la hipnosis de metamorfosis que encima le cambiamos de sexo) y a Ina con un flechazo metafórico en el corazón y literal en las nalgas. ¿Qué ocurrirá?

¡El cuerpo del delito!

Ina tiene una personalidad retorcida.

Ahí la tenía, ahí tendida. Sobre el lecho de plumas de gallina de la posada/burdel de la pequeña pero apañada ciudad de Flotsam que tan bien aprovechar el espacio sabía, boca abajo la tenía. Con la falta para arriba, enseñándome las posaderas asaetadas, sin enaguas ni ropa que la tapara, con los cortos cabellos esparcidos sobre la almohada, con la sonrisilla mordida, la mirada por el rabillo del ojo y la flecha enhiesta en la nalga derecha. Ahí se me ponía, ahí tendida, seductora y muerta de risa.

Y es que no lo disfrutaba, porque había movido la mano en señal de Axia y la muy ladina...

- Te gustan los penes. - ¡eso me dijo, la cretina!

¿Pero qué se podía esperar de ella cuando día sí, día también, era testigo de su afán por abusar de la señal hipnótica? Al llegar por fin a la ciudad, ella todavía hecha venas negras apenas diluidas, yo todavía en modo saco de patatas sobre su hombro, entró como troll por su puente no sin antes perderse y dar cuatro vueltas hasta encontrarlo sin importarle lo más mínimo la atención que estábamos llamando. Sin devolverme al suelo que me reclamaba, tuvo cuatro palabras con la madam de la "posada".

- ¡Que no soy una hechicera! - el eterno sufrimiento de Ina - ¡Arr! ¿Qué tengo que hacer, tatuarme "miembro de la Escuela de brujos del Gato" en la frente? - no le iba a caber y se lo taparía el flequillo.

De poco sirvió aclaración, puntualización y demostración con la agitación del colgante de felina cabeza ante dama del salón, la madam insistía en que aun así le fabricaría el filtro de amor, ¿no? Frunció el ceño, formó una arruga en la límpida piel, imperfección que me hizo cavilar, probablemente por el exceso de sangre craneal que favorecía la postura sin par.

Debido a su condición femenina, por muy a la vista que llevara todo cachivache de brujería, ni solía padecer los mismos rigores sociales a los que se sometían sus colegas ni disfrutaba de la camaradería que el respeto de los hombres prometía.

Era una marginada rehuida, pero no le tiraban tantas piedras ni escupían cuando pasaba por la civilización. Y eso la exasperaba hasta el hartazgo, se me moría de rabia. No había sacrificado fertilidad y cuerpo para que se la confundiera con hechiceras de tres al cuarto. ¡Tampoco es que hubiera tenido opción!

Por ello no es de extrañar (o quizá sí) que ladrara colérica en estas situaciones o se hinchase como un pavo risueño cuando algún descerebrado le estrellaba un huevo encima o le soltaban cuatro groserías relacionadas con su apodo, tal era su ansia de reconocimiento. Difícil no empatizar con dicha carencia cuando yo mismo lo sufría en mis carnes trovadorescas.

Le hizo la señal sin más, creando un halo de sugestión en su escotada interlocutora.

- Vas a ser una buena anfitrioncita y nos vas a tratar como al mejor de tus huéspedes. - sentenció sonriente.

- Soy una buena anfitrioncita... ¿Quieren los señores una puta?

El señor - ¡Sí!

La señora - ¡Riri!

Axia le facilitaba la vida de un modo cruel.

De modo que ahí estaba el sugestionado yo, pensando en el derroche de que lo único enhiesto en la sala fuese la saeta sin corazón. ¡Oh, enhiesto trozo de madera inerte, que del gozo estás ausente y tu privilegio no atiendes y con envidia me enciendes! ¡Oh, trozo de madera inerte, yo quisiera a ti parecerme! Pero por brujería parece que solo te imitaré a veces, en cuanto en mi instrumento, y el de otros, piense. Solo entonces estaré como tú, enhiesto... e inerte.

- ¿Y por qué estarás inerte?

- ¡Porque no soy un sodomita! - ella soltó una risita, la muy desgraciada siempre igual - No te rías, que por tu tontería...

- ¿Piensas en cierto maravilloso instrumento élfico que corretea libre y salvaje por los bosques hacienco cococó? ¡JA, JA, JA...!

Uno no puede mantener la furia a flote con ella largo tiempo, menos si cabe cuando confiada se desprende de la concha que cubre la perla y descubre glúteos de nácar al desnudo... o no tan confiada, o no me hubiera condenado a pensar en falos.

- ¿Seguro que quieres que lo haga yo? - la importancia del consentimiento, señores.

- Es que mi visión periférica no es perfecta.

Hubiese querido poner mil excusas, dar cien reparos, librarme de dañar la hermosura, si en aquel momento no me hubiera sido tristemente indiferente. De cualquier forma, la brujilla sabía lo que se hacía, que para algo era miembro del gremio del que con tanto ahínco intentaba presumir, ¿y qué si la flecha le habría más la herida con sus puntas de anzuelo? Una cicatriz más para la colección.

Ina estaba relajada. Ahí tumbada, examinaba el cartel firmado del elfo más buscado, reseguía las líneas con la punta del índice, se abrazaba con el brazo libre a su conejito tuerto como ellos. El libro que en un primer momento había creído de hechizos y en un segundo un diario (que codicié) resultó ser un compendio de carteles firmados. 

¿Cuántas firmas había recolectado? Tenía en su poder un retrato de rey Henselt autografiado, otro de Jonh Natalis y... sí, le gustaba el rey Henselt. ¿Que por qué? ¿No he dejado claro ya que esta mujer no sabía, sabe ni sabrá nada de política? ¡Cómo que eso no es una respuesta! Bien, bien, lo sabéis, lo diré: por su cinturón. Sí, su cinturón. A Ina le enloquece ese cinturón con forma de torres de castillo, le parece monísimo, asegura que alguien que lleva algo así sin miedo ni escarnio merece respecto. ¡Basta de interrupciones!

Le arranqué la flecha.

Ella rugió, yo chillé; ella suspiró, yo supliqué perdón, perdón, perdón; ella rebuscó entre esos cinturones suyos esparcidos por el colchón, yo permanecí valientemente en el rincón más alejado de la habitación. La punta de acero de la flecha estaba medio derretida, cubierta de sustancia negruzca. Un olor repulsivo inundó mis fosas nasales. Con razón esas pócimas que se beben tienen tan mala reputación.

La vi meterse una puntiaguda hoja en la boca, sobre la lengua, sin masticar. La cabeza cayó de sopetón. ¿Se había dormido? Pasmosa rapidez. No se movía.

No hablaba.

Un silencio pesado derrumbó mis ánimos. Quise acercarme a investigar, girar su cuerpecito, observar.

Estaba empapada en sudor, la sombra de las ojeras le oscurecía el rostro, un morboso tono azul le ceñía la garganta, su respiración... era suave, acompasada. El cuerpo aullaba. Las pestañas del párpado sempiternamente cerrado temblaban, el ojo sano derramaba lágrima caliente... Parecía poseída. ¿Cuándo había sucedido esto? ¿Mientras estaba tendida y yo me debatía ella sufría? Su ojo submarino nadó en mi dirección.

- ¿Ya me tienes miedo, peque? Si todavía no me has visto de matanza, ¡esta juventud...!

Anonadado, amedrentado y enfadado era lo que estaba. ¿La habían envenenado? ¿Por qué no los había matado a todos? Me tomó la mano y sin levantar la cara de la ropa de cama me habló con dulzura. Oír ese timbre tan agudo me calmó, esa vocecita le quitaba hierro a cualquier asunto.

- Yo no mato a criaturas en peligro de extinción... - me explicó como si tuviera cuatro años.

- ¡No matas sirenas, no te cargas a los elfos...!

- Pero sí que liquido monstruos y humanos... adultos... - en otras circunstancias habría sonado a amenaza - Los niños son sagrados, chatín.

A Ina le gustan las crías de cada una de las especies que pueblan la tierra, el cielo y el mar y prefiere dejarse matar a eliminar una sola de ellas, no la he visto comer cordero en la vida, pero pasemos de eso. ¡Estaba fatal! ¿Y qué podía hacer yo?

- ¡Me quieres mucho! - su risa tintineó - No me han envenenado, es mi constitución.

¿A partir de qué momento se quiere hasta el dolor? Tres semanas atentas bastan. Para mi tranquilidad, Ina olvidó el descanso vocal y me brindó esas explicaciones que tanto me agradan, imprescindibles para alguien lego en la materia con propensión a la fatalidad, decía. Mutángenos por aquí, mutángenos por allá, transformación anatómica... No, no la habían envenenado, ya se envenenaba ella sola con las pociones aquellas que le sentaban tan mal, pero sufría un cuarto de hora y se curaba.

Un cuarto de hora indefensa es mucho para una bruja, pero cualquiera señalaba el detalle. Por lo visto siempre había sido así, sospechaba que por sus venas y corazón de tamaño menor al de sus compañeros de hueso mayor. 

- Por otra parte, ¡gozo de una regeneración de alta velocidad! ¿Ves cómo me cambian de color los moratones a ojos vista y cómo se me cierra la herida poquito a poco? No me vengas con timideces ahora, hace dos días me enseñabas el mástil de tu laúd, borrico. Ya... ya te compraré otro, no me mires así. A lo que iba: es muy difícil dejarme cicatriz. Así que las gallinas que entran por las que salen.

- ¿Y cómo te hiciste esa tan enorme?

Por vez primera, no me respondió. Pregunté entonces si era por eso que ella no tenía ojos de serpiente, arrepintiéndome del plural inmediatamente. Se lo frotó sin darle importancia.

- A todos nos afectan de forma diferente. Se supone que solo el célebre Geralt de Rivia debería tener esas pupilas y esos iris, ¡no sé qué les darán a los brujos de esta zona!

Todo esto me contó en ese cuarto de hora que le duraron los efectos de la mala constitución, tras lo cual saltó, renovada, sana y con ganas de su momento de distensión. Boquiabierto estaba mientras se arrancaba la ropa botón a botón y me la tiraba encima sin miramiento ni emoción. Pronto se metió en el gran cubo de madera lleno de agua herviente que mal llamaban bañera los flotsienses. Lo habían llenado para la meretriz que Ina echó nada más ver, derroche por doquier.

La rapidez no me impidió ver. E hice un examen corpóreo general. Era verdad que no representaba una colección andante de cicatrices, pero las que había, ahí estaban. Como estaba enfocado en los falos, pude examinar fríamente esa figura tan blanca, tan esbelta y tan carente de curvas pronunciadas.

¡Ah, por desgracia hay damas entre el público y, señores espectadores, debo confersarme un caballero! ¿Me permitís centrarme en sus heridas de guerra? ¿Me echaréis lechugas y tomates encima? Oh, aun así debo arriesgar mi integridad física para salvar la moral, ¡bastante os la he descrito ya!

La mácula que la distingue
es tajo grato y visible,
pero no hay herida que replique
el nácar que las aguas viste.
Gracias a la avanzada regeneración
no es de lesiones colección,
¡pero, pero, pero!
ostenta algún que otro costurón.

La que la atraviesa es la distintiva, no hay en la tersa piel de mi heroína marca más llamativa. Sin embargo alguna otra hay que apuntar, como la que le rodea el brazo siniestro, para empezar. Cerca de la axila descansa una vieja herida, circular e irregular, cual si un monstruo infame el brazo le hubiera querido arrancar y prácticamente por conseguido lo hubiera podido dar. Otra más modesta se puede considerar la que en su omoplato se puede hallar, fina y breve, de cuchillo, traidor apuñalamiento quizá.

- Riri, déjame descansar. - dijo la bañista, estratégicamente posando la mano para los ojos tapar.

Curiosa petición cuando ninguno de los dos se sabe callar. Curiosa, sin duda, cuando en menos que una moza pierde honor y honra con el señor del lugar estábamos los dos en la taberna bebiendo sin parar, ella vino de colores distintos, yo cerveza negra y amarilla y tostada. En algún momento de la velada llegó la madrugada y sin saber cómo se nos habían unido el verdugo y el recaudador de diezmos, lo que me habría extrañado de no ser porque Ina tiene un talento especial para atraer a inadaptados de los lares y más allá. Huelga decir que la resaca fue monumental.

Encontré a la mañana siguiente una nota en mi frente pegada, que solo noté cuando mi agradable faz me lavaba. ¡Una nota de Ina! Que decía, si no recuerdo mal, cuando descifrar conseguí esas letras por el agua desvaídas: "Me he ido a recuperar mi postizo. ¿Tienes idea de lo que cuesta encontrar uno así de largo con ese preciso color? Además, no eres el único que piensa en flautas ahora mismo. ¡Besitos!". Solo entonces me percaté que no había rastro ni de armas, ni de peluche, ni de nada.

No la volví a ver durante las treinta y dos horas más largas con que mi reloj me ha dado nunca la tabarra.

Continuará...

¡Hacía tiempo que no teníamos capítulo de Axia! Lamento la tardanza. Cambiar el chip me cuesta un poquito, ponerme en perspectiva masculina también, aunque pasar el objeto de deseo del narrador de hombres a mujeres no es tan complicado realmente. Vamos conociendo un poquito más a Ina y a Riri, queda mucho por ver y mucho Iorveth por venir. ¡Espero que os haya gustado!

2 comentarios:

  1. No me esperaba yo tanta crueldad por parte de nuestra querida brujilla. Pobre Riri xDD
    Lo de ser considerada una hechicera tiene ciertos peligros, vistos los acontecimientos recientes y no tan recientes que implican a las hechiceras. Digamos que no son buenos tiempos para la magia ni para los que la practican… Ser considerado brujo/a es sólo un poquito mejor xD Vamos, que a Ina más le vale estar tranquilita y pasar inadvertida…

    … Vale, ya me he dado cuenta de lo que he dicho. “Tranquilidad” e “Ina” no son conceptos que vayan de la mano xDD

    Qué peligro tienen los instrumentos élficos que corretean por los bosques y qué maligna es Ina, por Melitele!

    Menudo susto se ha pegado Riri. No me extraña. Tener que ver a un brujo o una bruja curarse ya tiene que ser traumático (aunque peor para ellos, claro), como para encima ser una bruja que sufre más por culpa de la diferencia de constitución.

    Tenía las lechugas y tomates en la mano ya para tirar, pero parece que no hay razón para ello dada la caballerosidad de Riri xDD
    Me encanta que Ina atraiga a todo tipo de marginados, es como Hawke en versión brujeril. O como el propio Geralt *se refugia tras un barril antes de que una indignada Ina, harta de la sombra de Geralt, la asesine con la mirada*

    Oyoyoyoyyyy… Ina se ha ido a por una flauta élfica *cejas, cejas*

    Me ha gustado el capítulo. No tiene tanta chicha como el anterior, pero viene bien como capítulo de transición, para dejar claro que Ina necesita cierta recuperación, que ambos son unos borrachines y que nuestra brujilla debe de tener historias interesantes detrás de todas las cicatrices.

    Me da la sensación de que cada vez te cuesta menos equilibrar el protagonismo entre Ina y Riri y asumir el punto de vista de Riri.

    En conjunto, me ha gustado el capítulo. Me habría gustado una descripción más gamberra de la borrachera y de la resaca, alguna liada parda, pero bueno, eso son gustos míos, que ya sabes cómo soy xDD

    Tengo ganas del siguiente! Y de más Iorveth!!

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    1. Es humor retorcido, no llega a maldad... ¿o sí? XD
      Algo bueno tenía que tener no ser un hechicero, que encima que tienen superpoderes y van de pijos escotados por la vida... Oh, pero imagínate las posibilidades de que confundan a Ina. XD

      ¡Qué peligro, qué peligro!

      Si es que la peor parte siempre nos la llevamos nosotras. XD

      En realidad Ina se hincharía como un pavo con la comparación, piensa que hasta se tiñe el pelo para parecerse a él. XD

      Tú sí que sabes animarme, Larita del alma mía. ¡Tus deseos serán escuchados! Como bien sabes, la vergüenza por la mediocridad me pone mala, así que Brillante descansará un poquito. XD

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Cada vez que no comentas, a Yukino le da tal depresión que se tira por la ventana y lógicamente publica menos entradas