domingo, 5 de junio de 2016

Axia 05 - La raza


Me he sentido avergonzada por la mediocridad del capítulo anterior y he acabado por preferir escribir otro de Axia antes de retomar el otro. ¡Me fastidia tantísimo cuando no me salen bien las cosas! Así que aquí me tenéis, dándome azotes metafísicos para redimirme y hacer uno mejor. ¿Saldrá? ¿No saldrá? ¡Vosotras diréis!

Dejamos a Riri resacoso en la posada y a Ina en paradero no tan desconocido, yendo en busca de su postizo. Hay sorpresas en el horizonte, a la deriva y hasta hundidas...

Una ofrenda de paz.

¡Bla, bla, bla!, me diría Ina si me escuchase. ¡Con lo bien que habías empezado!, me echaría en cara. Pero ha de entender, como vosotros, que los actos de transición son necesarios tanto para argumento como para garganta. ¿Que qué más diría si estuviera aquí presente? ¡Uf! ¡Si no se calla ni debajo del agua!

Cierro los ojos, aparto de mis dedos las cuerdas, y la veo. Tan presente como esa vuestra cerveza amarga que me embota las fosas nasales, ante mí la tengo con gesto burlón, llenando de hierbas la pipa que tanto le gusta fumar cuando se pone tontorrona y charlatana.

La oigo, susurra: Luego te quejarás de vivir a la sombra de Jaskier, tanto ripio, tanto ripio. Emperifollas la verdad hasta que parece hermosa cuando es tan fea como yo. No me hagas pucheros, añadiría cuando los hiciera, porque no sabe lo que dice. Esta flacucha sin curvas ni par de ojos reglamentarios solo le puede parecer una preciosidad etérea a ti, con tus descripciones sobre mí me dejas claro que eres la prueba fehaciente de que la belleza está en los ojos del que mira. Deja la rima para más tarde y céntrate, no te dejes nada en el tintero, úsame para la fama si quieres, pero úsame bien.

Nunca desoigo sus palabras, ni las imaginarias. Ciertamente, bastante difícil es ya de por sí que un plebeyo sin padres ni contactos se labre la misma carrera que un vizconde. Tendré que seguir su consejo, ¿no? Veo que aplaudís. ¡Ah, la lírica no fue compuesta para toda oreja!

Quizá debería sumar a lo narrado algún que otro pormenor de la noche en que mi bruja demostró que, de no digerir como la mutante que era, a esas alturas tendría el hígado destrozado. ¡Qué velada sustancial! ¡Qué punzada orgánica solo al rememorarla! ¡Qué dolor de duodeno! Recuerdo perfectamente lo encantadora que estuvo mi amiga, más o menos sus gestos de malicia hacia la cuarta jarra, vagamente el instante en que se nos unieron el verdugo y el recaudador y absolutamente nada de cómo ni por qué terminó la taberna sin una sola silla con las cuatro patas intactas.

Lo que sé es que vio la soledad en los ojos del verdugo, el sadismo en los del recaudador, y los aprovechó. ¿Para qué? Pronto para decirlo.

Quizá debería comentar que para cuando me desperté con la nota en la frente sin saber cómo había llegado al cuartucho ni cómo se me había llenado el cabello de astillas ni cómo andar ya era mediodía. A Ina le había dado tiempo a desayunar, pasear por las calles, meterse en el bolsillo lo que quisiera del tablón de anuncios... y toparse allí con cierta mujer de curioso sombrero, pronunciado escote y tatuaje circular entre pecho y pecho.

Dama altiva de regios andares, gesto marmóreo y maneras displicentes que atraía las miradas con su contoneante piel bronceada a la par que las apartaba con su desdeñoso porte de clase alta. Al captar su pupila la imagen de mi aplicada muchacha arrancando hojas del tablón, apenas entreabrió la boquita de piñón... con eso bastó.

Los brujos tímpanos oyeron pronunciar su apodo a la desconocida cual si la conociera. Valiente mentira, ¡la reconoció de oídas! Igual ocurrió con Ina: posó el ojo, lo subió para arriba, lo bajó para abajo, y con ese trazo tuvo suficiente. En realidad, solo con el sombrero ya tenía más que suficiente.

Sheala de Tancarville. El mundo es un pañuelo.

Torció el morro. Probablemente el único reconocimiento que nunca le ha movido el alma es el que proviene de hechiceros. ¿Por qué? Porque son todos unos trepas manipuladores, mentirosos y engreídos, Riri, que parece que te hayas caído de un guindo. Irrebatible.

Los labios carmesí de la dama se separaron ostentosamente, mostrando las perlas de su boca y hasta la campanilla, pues alzaba la barbilla mientras lo había. Belleza artificial carente del don natural, pero belleza en fin que hace que la mentira a uno le parezca plin.

Ina la cortó antes de que las cuerdas vocales de la hechicera cumplieran con su función.

- No me lo digas: necesitas ayuda con un contrato para darle a matarile a un bicharraco que te viene grande.

- Mujer, bruja y lista. - replicó Sheala - No dejas de sorprenderme, Conejo Blanco.

- Porque me subestimas, doña de Tancarville. Seguro que ahora intentarás engatusarme para que acepte cobrar un cuarto de nuestra supuesta colaboración.

- A medias. - prometió muy puesta. Tiesa como un palo estaba, parecía darlo por zanjado. La examinaba intensamente, como quien ufano piensa ¿qué te parece?

- ¡Pf! No.

Cejas de Sheala al cielo. ¿Quería cobrar más? No, no podía ser. Debía de querer más información, claro. Un brujo precisa saber cuántos orens y qué monstruo.

- ¿Qué te crees, que por ser bruja tengo las entendederas de un troll? No pienso hacerte el trabajo sucio mientras tú te quedas tan pancha mirando desde tu rincón de seguridad privado. Porque eso es lo que vas a hacer, princesa. Como mucho derrocharás tu preciada energía chillándome de vez en cuando para mangonearme... - adoptó un tono más agudo si cabe, casi rompe los cristales - "¡Pégale, dale aquí y allí!". Búscate otro primo, adefesio.

Anonadada Sheala, sonriente, malévola Ina.

- ¿No? Todo el mundo sabe que en tu gremio solo entra la mujer que no puede ser casadera. - ensanchó la sonrisa venenosa - ¿Qué eras antes de que todos los poderes del universo te adecentaran el físico? ¿Jorobada? No. ¿Fea con ganas? Casi... ¡Ah!, lo veo en tus ojos.

Sheala los tenía muy abiertos.

- Lisiada.

Y se rió. Una carcajada cruel. Sheala apretó los dientes, Ina le dio la espalda con el triunfo pintado en la cara y la risa en la garganta. Se alejó tan tranquila, sabedora de que en público saldría indemne. ¡Ah, el saber popular! Si es que no se la puede dejar sola, ¿de dónde venía tanto odio, tanta bilis?

Así fue como Ina se granjeó la antipatía de una nueva enemiga, tras lo cual se gastó las monedas ganadas a pulso con el usurero capitán en la herborista que vivía extramuros y unas alforjas nuevas que se ató a la espalda. Le hacían falta. Todos los brujos padecen un síndrome de Diógenes bastante grave.

Pero no, en el fondo no os interesa. Mejor decir que se encaminó a plena luz del día a aquel lugar que apenas un par de decenas de horas antes había servido de emboscada, mejor aclarar que pese a las referencias fálicas de su despedida escrita su sola intención era recuperar el pelo "porque a diferencia de mí no piensa siempre en lo mismo". Y atormentarme, también. Ya os he dicho que su personalidad es retorcida.

Ahora bien, ¿tenía esperanzas de encontrarse con el terrorista que había convertido en gallina encerrada en cuerpo élfico sabe Melitele por cuánto tiempo? Ni aunque me lo niegue lo dudaré jamás. Se le subía a las mejillas la color solo de imaginar, con placer infantil, que un famoso tuviera algo suyo entre los dedos, centrara en él el único globo ocular fulminante y lo apretase con odio.

El ojo inmutable que todo lo ve examinó la escena. El claro del bosque, desolado. La tierra, sembrada de flechas, astillas y cuerdas instrumentales... ignorad mi lagrimilla. El árbol, sin dueño. El pelo, desaparecido. ¿Qué sintió mi cazadora ahí agazapada rastreando con sus brujos sentidos? ¿Qué pensamiento la sacudió al cruzarle el cerebro cuando escarbaba la hierba? Esperaba que no se lo hubiera quedado Iorveth como recuerdo, pero sí, pero no.

El rastreo no surtió mucho efecto que digamos por pequeñeces tales como que una panda de endriagos salvajes y tres conejos habían pasado convenientemente por ahí y claro, como que no quedaba ni huella ni olor inmaculado. Conejos, siempre haciendo de las suyas. Después de llevarse a la saca los palos rotos de las fechas, nunca se sabe si en algún momento de la aventura necesitarás un palo que podrías encontrar en cualquier parte, actuó como ser práctico, lógico y natural yendo en busca del que mejor se conocía la zona boscosa. ¡Sí, el cazador Cedric, en paz descanse!

El sol de mediodía, hora de mi despertar, la aplastaba cuando subía las escaleras del árbol con suelos de madera edificados por niveles alrededor. Una bella y graciosa moza que marchóse a lavar la ropa se escandalizó al pasar debajo, cosas de faldas. En lo más alto del más alto árbol, sobre el ancho y formidable tronco, descansaba medio cuerpo el buscado cazador. Melancólico miraba con gran fijeza la pequeña pipa de su mano y suspiraba, ¡cómo suspiraba, se le escapaba el alma!

- ¡Ha del arbolón! - se anunció nuestra heroína sin parangón - ¿Quieres fuego?

El melancólico fue a decir ¡sí! y al girar se encontró con que una bola de fuego impactaba contra su cara. Ina se rió, al chamuscado Cedric se le cayó la pipa al suelo, un extra que había cerca se puso a pisotearla antes de que provocara un incendio.

- ¡Eh, eh! - nuestra idiota alzó las manos al cielo - ¡Vengo en son de paz! No cojas ese arco si no quieres tragártelo.

- ¡Geas! ¡Tú eres la loca con voz de pito que humilló a Iorveth!

Ina se hinchó como un pavo, dibujó círculos con el pie. Cedric se frotó nervioso mejillas, nariz, todo el rostro.

- ¿Ya se ha enterado todo el bosque? Ji. Ji, ji, ji. Oh, no me mires así, prejuicioso, no me conoces de nada. Si te haces de miel, te comen las moscas.

- ¿Qué quieres de mí? - la gran pregunta.

Ella se apoyó en el troncho y ladeó la cabeza sin apartar su mirada única (en tantos sentidos), no sin coquetería, lanzando la inarticulada indirecta: ¿tú qué crees? Él tragó saliva sonoramente.

- Me llamo Ina... - movimiento de cejas.

- Yo, Cedric. - alejándose pasito a paso.

- ¡Yo Ataúlfo! - el espontáneo pisoteador.

Estoy bastante seguro de que eso no es un nombre, es una venganza, pero a ella le gusta contarlo así. Iniciaron el baile al que yo llamo Si tú vas, yo voy. Uno se aleja, la otra se acerca; uno quiere escapar, la otra lo asedia; uno queda acorralado, la otra se carcajea. Y es que cómo no se iba a carcajear si acorraló al que le sacaba dos cabezas y media. Los dos brazos tenía alrededor del hombre contra la pared de madera natural, que no sabía dónde meterse.

- Me ha dicho un pajarito que conoces todos los recovecos de este bosque, Cedric. - posó la mano en pectoral ajeno.

El que no se sabía afortunado asintió a regañadientes, seguramente pensando en el avicidio. La vista buscó frenética aquí y allá, pero "Ataúlfo" se había sentido tan soberanamente ignorado que había hecho la del humo.

- ¿Me llevas a ver a Iorveth? - morritos.

- No.

- ¿Porfi? - parpadeo, parpadeo. O guiños, qué sé yo.

- N-no...

- ¿Te convierto en gallina?

- Sígueme.

Y así el reino fue suyo para siempre se hizo su voluntad. Fueron juntitos al lago de fondo apto para enanos, Ina como no era tonta aunque lo pareciera le hizo ver que las apariencias engañan y discutieron sobre trampas evidentes, fue a sacar la de acero, Cedric la empujó a la cueva que había tras la cascada y digo yo que todavía habrá, como por bruja que sea también es una mortal falible y remojada, esta perdió el equilibrió y... ¡plaf! Tirada en un nido de nekkers.

Trampa burda, falta de imaginación, pero efectiva por culpa del sentimentalismo de la víctima que no tenía en cuenta el agresor. Podría haber cercenado la existencia monstruosa de esos pellejos andantes sudando un poco, pero ¡no...! No podía, porque alguien tiene que pensar en los niños interracialmente. Ahí estuvo largo rato, inmersa en un interminable ¿Quién es el pequeño nekker que me está clavando los dientes? Ay, ¡qué remonín! ¡Mira qué dientecitos tan blanquitos teñidos de mi roja roja sangre!

Salir, salió. Tarde, pero salió. El atardecer recibió a la empapada bruja de botas hechas jirones y piel enteramente arañada. Un atardecer cálido bien acompañado por la figura inconfundible que recortaba silueta a su costa. Una que te incitaba a la maldad de articular "¡quiquiriquí!".

- Hay que ser imbécil. - dijo la figura.

La bruja permitió que la tiñera el rubor al sonreír. Se atusó el pelo antes de proseguir, aproximarse un paso que en el agua quedó encallado y decir...

- ¿Iorveth?

- Demente. - saludo prominente.

¡Cómo! ¿Estaba solo? ¿Ante esta loca? Ya la consideraba inofensiva, es transparente. Te dejaste engañar por las apariencias de un comportamiento absurdo, oh, terrorista. Fácil es comprenderte. La demente se deshizo de las botas sin querer darse por aludida, eran inservibles. Chapoteó descalza hacia él, maravillada de que no se apartara ni asqueado ni amedrentado. Apenas a dos zancadas de la meta élfica paró en seco y articuló medio ¡espera! para acto seguido lanzarse a los matorrales circundantes.

Emergió de ellos con un ramillete de cuatro coloridas flores mal contadas, que le ofreció.

- ¿Me perdonas por lo de ayer?

- Eres muy rara.

- La gente rara también merece perdón. - estaba hablando con un racista, pero bueno - Me he criado entre perros de presa, no te extrañe que de vez en cuando muerda.

Solo silencio y una larga mirada uniocular por respuesta.

- Venga... ten en cuenta que pertenezco al orgulloso a ratos grupo social de los monstruos...

- Lo tengo muy en cuenta. - abrió la boca por fin - No por nada me acompaña uno de tu ralea.

¡Ya decía yo que era mucha temeridad! De entre arbustos y árboles surgió una nueva figura que no merece tal nombre. Era una mole alta, extremadamente musculada, de brazos venosos, fornidos, vigorosos, y calvicie notoria.

Ina abrió la boca. Luego la cerró. Después la volvió a abrir.

- Letho.

Continuará...

¡Buf! Mejor, ¿verdad que sí? Este capítulo sí que es más digno de mí.

2 comentarios:

  1. Al fin puedo leer y comentar!

    Vayamos por partes, como decía nuestro amigo Jack...

    Me gusta cómo has solucionado el cambio de idea. La intervención indirecta de Ina queda bien, aunque sigo teniendo curiosidad por cómo habría quedado de la otra forma.

    Rompiendo mobiliario ajeno... ¿qué diría nuestra reina fereldena de esto? ¡Los muebles también son sentimientos y tienen personas!

    Tú y tu brujilla, tal para cual, con esa ojeriza a las hechiceras xDD De todas formas, me gusta cómo le ha puesto los puntos sobre las íes a Sheala; yo también le cogí tirria después de jugar a TW2 y me morí de ganas de mandarla de una patada en el culo desde Flotsam hasta las Skellige. Y ha quedado demostrado que malignidad Ina tiene para un rato y sabe dar dónde duele. Aunque sí me gustaría saber de dónde sale tanta ojeriza a las hechiceras por parte de Ina... ¿Algún encontronazo con alguna de ellas?

    ¿Sólo los brujos tienen Síndrome de Diógenes? Yo diría que ese mal se extiende por todo el Multiverso: guardas grises, inquisidores, brujos... todos tienen tendencia a acumular partes de animales, plantitas, comida, ropa a cachos, juguetes, trozos de cuerda, astillas... Si es que esta gente no necesita alforjas, ¡necesita un carromato! xDD

    Me muero con este fragmento: "El rastreo no surtió mucho efecto que digamos por pequeñeces tales como que una panda de endriagos salvajes y tres conejos habían pasado convenientemente por ahí y claro, como que no quedaba ni huella ni olor inmaculado. Conejos, siempre haciendo de las suyas. Después de llevarse a la saca los palos rotos de las fechas, nunca se sabe si en algún momento de la aventura necesitarás un palo que podrías encontrar en cualquier parte". No sé si recuerdas cuando, en TW2 tenías que buscar a Cedric siguiendo el rastro de sangre. Yo me cagaba en todo lo que se menea porque por mucha pócima de gato que te metieras entre pecho y espalda, si algo sobra en los doquieres de ese maldito bosque, ¡es sangre! Y los del CSI me dijeron que estaba fuera de su jurisdicción.

    Ina sabe presentarse, eh. Por cierto, me meo con esto:

    "- Me llamo Ina... - movimiento de cejas.

    - Yo, Cedric. - alejándose pasito a paso.

    - ¡Yo Ataúlfo! - el espontáneo pisoteador.

    Estoy bastante seguro de que eso no es un nombre, es una venganza, pero a ella le gusta contarlo así." Pobre Ataúlfo xD Bueno, en realidad toda la escena con Cedric en lo alto del árbol es grandiosa xD

    Un día Ina se va a llevar un disgusto con tanto amor por todas las pequeñas criaturas. ¿Te he dicho ya que adoro cuando metes referencias a nuestras locas conversaciones? "¿Quién es el pequeño nekker que me está clavando los dientes? Ay, ¡qué remonín! ¡Mira qué dientecitos tan blanquitos teñidos de mi roja roja sangre!" xDD

    Huy, plot twist! ¿Ina conoce a Letho? Intriga, intriga... y ya sabes qué sigue xDD

    Te ha salido un capítulo muy bueno. La descripción del encuentro con Cedric se ha convertido oficialmente en mi favorita después de la descripción de la pelea con los elfos xDD

    Como siempre, impaciente por leer lo siguiente que escribas, sea Axia, Brillante o un Y si... xDD


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    1. Un chiste ingenioso a la par que macabro, empezamos bien. XD

      Créeme, ha quedado mejor así. XD

      Es que la reina se quedó muy tocada de su experiencia con la Bella y la Bestia, no es un ejemplo a seguir... XD

      ¡Eh, no somos las únicas! Prácticamente todos los reinos les tienen ojeriza a las muy tunantas. Y Sheala, como bien dices, ya es que se lo ha ganado a pulso. Tanto dale a los tentáculos, dale a los tentáculos... ¡vente tú aquí abajo a dar voltenetas como una posesa, a ver cómo te las apañas, inútil, que eres más inútil que el bote de champú de Solas! ¡No te mereces ni la calderilla de la recompensa!
      ¡Ah, más información en próximamente! XD

      Es una enfermedad muy contagiosa entre héroes, antihéroes y demás. XD

      ¿Cómo no lo voy a recordar, alma mía, si me pasé medio TW2 perdiéndome por esos montes, por no decir por cada puñetero mapa que había hasta que me lo aprendí de memoria? Terrible. Menos mal que en el 3 han puesto punteros para perderse menos, que no veas lo grande que es el terreno. XD

      Y la poción de gato ya... menos mal que han atenuado sus efectos a la luz del día en el 3, porque en el 2 me quedaba ciega. Y eso no es felinos. XD

      Ya la conoces, es la discreción en persona, el silencio hecho carne, ¡un ninja sin capucha! XD
      Gracias, gracias... <3 [Reverencia] Ha valido la pena mi esfuerzo, ¿eh? XD

      Tu dramatización de mi protagonista fue demasiado buena como para desperdiciarla. Por otra parte, ella se muere de amor con las crías en muchos sentidos. XD

      Ina conoce a todo el mundo, es como una revista de famosos con patas... pero ¡oh! Letho no es famoso, Letho a pesar de su discretísimo físico no ha pasado a la Historia, de modo que ¿de qué lo conoce? ¡Tensión, intriga, dolor de barriga! XD

      ¿Ya tenemos un ranking, tan pronto? Me llenas de orgullo y satisfacción. Espero seguir cumpliendo tus expectativas. XD

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Cada vez que no comentas, a Yukino le da tal depresión que se tira por la ventana y lógicamente publica menos entradas