lunes, 13 de junio de 2016

Brillante 21 - Huella indeleble


¡Volvemos con Leonock! El nombre ya es oficial, sip, sip. Tenía ganas de volver a esto, el otro me estaba volviendo loca. ¡Ah, mi Brillante, mi dulce, conocido, manejable Brillante!

Lo dejamos interesante, con el cadáver de ser Richard en el suelo de su propio salón y Sherlock y Trent en la misma habitación. La revolución de hormonas está en el aire. ¿Qué pasará, qué misterios habrá? ¿Por qué no puedo dejar de pensar en Raphael?

¡La Leona investigadora sale a la palestra!

Decir que ver un cadáver contorsionista de cerca me dejó indiferente sería mentir como la bellaca que sé que soy. Ahora bien, afirmar que la conmoción del descubrimiento hizo que temblara mi cuerpo entero, me fallasen las rodillas y perdiera sentido y conocimiento a la par en los fornidos brazos de algún hombretón de la sala como una pobre idiota asfixiada por el corsé también lo sería. Digamos que mi sensibilidad se había fortalecido a golpe de ver y vivir cosas peores en los suburbios que los restos de un noble medio desconocido.

Pero sí que me afectó, me afectó mucho, mucho. 

- ¡Le iba a chantajear mañana! - gimoteé.

Tanto me afectó que sin quererlo ni beberlo hice una confesión comprometida en una sala llena de policías. Por suerte para mí, Trent había subido el poderío de sus cuerdas vocales hasta el punto de hacer temblar la lámpara de araña que, bueno, tenía que haber por alguna parte, para algo era la casa de un ricachón. Así que solo me oyeron el gran detective y un bigotudo agente cercano en lo literal y en lo metafórico que se interesó repentidamente por las paredes, qué majo él. El señor Holmes, como no lo era tanto, tuvo a bien lanzarme una mirada de Más tonta y no naces.

Miradita que le devolví como diciendo Mira quién habla, el toxicómano, pero centrémonos: el cuerpo presente. Hay algo morboso en la curiosidad humana, lector. Resulta tremendamente complicado tener el despojo de una muerte imprevista delante y dominarse para no echarle un vistazo. Se ve con los accidentes de tráfico a diario, no hay ocasión en la que no haya a su alrededor esa pequeña muchedumbre que se debate entre la curiosidad y el asco.

No sentí asco ante la cáscara vacía de ser Richard. En realidad, no tengo claro lo que sentí al posar los ojos sobre las extremidades retorcidas, el torso ensangrentado, el rostro hinchado de párpados, gracias a Dios, cerrados. Vacío y lástima habitaban mi alma. Y un poco de aprensión.

- ¿Qué piensa, Dantés?

¿Habría notado cómo me permití el escalofrío grato cuando le oí llamarme en público sin ese entrecomillado apelativo suyo de "señor"?

- No pienso, mi señor Holmes. Sé que distraería su impecable capacidad de concentración.

Él apretó los labios un instante, de esa forma tan suya, con ese suspicaz hielo ocular con que acompañaba siempre el gesto.

- Alberga usted una imagen de mi personalidad... interesante.

- No tanta como la que tiene usted de mí, querido amigo, si ha tenido a bien convocarme en su sanctasanctórum de investigación, para más inri propia sin duda de las más altas esferas de la importancia, a juzgar por la presencia de nuestro buen comisario. Cosas que pasan cuando se mata a un aristócrata. Lo mínimo y único que puedo hacer para evitar la decepción es no moverme, ni hablar, ni respirar, ni pensar para que pueda intentarlo usted.

- Tiende usted a subestimarse cuando le conviene. - repuso justo cuando procedía a mirarle esos ojazos, extrañada de que no los apartara de mi escrutinio fanático - Tengo motivos de sobra para llamarle a mi lado...

Carita feliz por mi parte.

- ...teniendo en cuenta que conoce cada paso que dio la víctima.

Carita de Pero qué me estás contando. Sin venir a cuento, el enjambre de la Scotland Yard volvió a revolotear a mi alrededor sin discreción ninguna, más que seguramente por la libertad temporal que confería el detalle de que Trent le estuviera destrozando el alma al pobre Watson a golpe de maltrato verbal. Me tocaron los hombros, apremiantes, me estrujaron y apretujaron, uno o dos de ellos me pinchaba con el dedo.

Se pusieron todos de un exigente que tira para atrás, ahí interrogándome sobre que si lo sabía, que si quién había sido, que si venga, que nos ahorras mucho trabajo y hoy quiero irme a casa temprano, que si mi mujer va a hacer estofado, que una rebajita ni que sea de peniques en deferencia a nuestra amistad porque la vida está muy achuchada, que si por favorcito, Leo, ahora que el comisario está entretenido... yo, alarmada.

Una de las comisuras de los labios sherlockianos se elevó perceptiblemente, yo lo vi. ¡Conque por eso había aumentado el volumen en la última frase! Pues se iba a enterar. Con la delicadeza que esos brutos no merecían, aparté las manazas a mi alrededor, di un paso atrás y, una vez cerciorado que la lámpara me daba la luz adecuada, me llevé la palma al esternón. Les giré la cara, apreté los párpados... y suspiré. Uno, dos, tres segundos. Entreabrí un ojo. ¡Ja! Los tenía en vilo.

- Me temo que no puedo daros esa información. - entonó mi compungida voz.

Un momento de silencio, otro de exclamación y otro más de ¿pero por qué?

- El señor Holmes... - fingí un doloroso esfuerzo al articular cada sílaba - Frecuenta los mismos antros de perdición.

¡BUUUM! Mis abejas azules, primero con gesto confuso y después de total comprensión aderezada con el desprecio absoluto hacia el detective asesor, dieron por zanjado el tema y empezaron a dejarme espacio al retirarse para retomar sus quehaceres cabizbajos, no sin antes darme sobradas muestras de conformidad y de te entiendo, tío. El bombazo del honor, arma infalible. Quise disfrutar del triunfo... me bastó con echar el ojo sobre el alto sabueso.

Sherly tenía el ceño fruncidísimo, lenguaje gestual exquisito que indicaba lo contrariado que estaba. Le di un golpecito en el omoplato. ¡Donde las dan las toman!

- Lo mejor del caso es que es verdad. - le confié en voz baja, guiñándole el ojo - No es que le estuviera siguiendo precisamente a él, señor mío de excéntricos pasatiempos... tales como ponerme en aprietos. Si solo me ha llamado para esto bien podría dispensarme, por mucho que disfrute devolviéndole la pelota, soy un caballero ocupado.

Pareció hacerle gracia alguna de las palabras, bien me supongo cuál.

- En esta ocasión debo llevarle la contraria.

- ¿Y cuándo no?

- Existe una roja hebra criminal en la madeja incolora de la vida, y nuestra misión consiste en desenredarla, aislarla y poner al descubierto sus más insignificantes sinuosidades - ajá - Usted representa para mí, en este asesinato, uno de los cabos de ese hilo.

- ¿Y no será que echa de menos el placer de mi compañía? - ojos desorbitados de ¡por Dios, no! Mentirosillo - Una charla muy edificante, pero empieza a revolvérseme el espíritu de estar tanto rato cerca de un cadáver.

- Lamentablemente, todo indica que sus tendencias hacia el acoso no le permitirán alejarse de aquí. - me alzó una ceja. ¡Me alzó una ceja!

- ¡Ah! ¿Crees que no lo haría solo por llevar la contraria? ¿Tan poco me conoces aún, Sherly, incompetente emocional del diablo?

Y fui dando pasitos hacia atrás de espaldas, juguetona de mí, cuando unos dedos me rozaron la nuca, dedos fuertes, ásperos y, en cuanto noté tal tacto, supe que también morenos de playa. Un veloz escalofrío, menos de un segundo, y la vigorosa mano que ostentaba el orgulloso título de ser mi favorita pasó de rozarme a tenerme bien agarrada por el cuello, aplastada contra la pared. Oí vagamente el sonoro ¡PAF! producto de la impactante unión de mi cuerpo con la inanimada pared húmeda a cachos... espero que de sangre.

- ¡Quieto parado! - bramó mi comisario.

Gemí un poquito. ¡Ay, mi cabeza, mi cervicales, mi todo! Luego caí en la cuenta de que los gemidos no son muy varoniles que digamos, por lo menos no en contextos violentos, de modo que pasé al repertorio de gruñidos roncos de oso odioso. Estos hombres quieren matarme de amor y no del bueno.

- C-comisario, que va a contaminar las pruebas... - torpe defensa la mía.

- ¿¡"Contaminar"?! - me apretó como si quisiera fusionarme con el puñetero muro - ¿¡Diez minutos con ese enclenque y ya te crees uno de los nuestros, facineroso de las narices?!

- No es un enclenque, boxea y... está en forma...

"A pesar de la de estupefacientes que se mete entre pecho y espalda en sus ratos libres", iba a añadir, pero el rabillo del ojo se percató de que los agentes me hacían señas, muchas señas, y paré a tiempo. En realidad, habría parado de todas formas, ya que mi captor había aumentado la presión progresivamente en paralelo a cada una de las sílabas que articulaba. A partir de cierto punto lo único que logró escapar de la garganta fue un quejido animal. Qué malos y qué cautivadores son los celos infundados.

Es probable que seas de los que albergan la esperanza del rescate dramático, lector mío, que justo ahora pienses que intervendrá ese otro objetivo romántico que tengo para disputarse mi integridad física. ¡Ah, las ilusiones de la inocencia! A mí no me rescata ni Dios, ya me las apaño yo. Entre los zumbidos que imperaban por los tímpanos no se coló ni una queja de Sherly, menuda imagen daría si despegara los labios.

Al que sí que oí que se quejaba fue a mi caballero de brillante bombín de un par de noches pasadas, ¡increíble! ¡Todavía le quedaba alma después de aguantar el rapapolvo de alaridos! Argumentaba no sé qué de contracturas, presupongo que en la línea de la brutalidad policial intrínseca y legal de la época. Curioso. A todas luces no le caigo en gracia. Quizá simplemente ardía en deseos de devolverle la regañina a Trent.

- ¡Calle! - bociferó mi hombretón - ¡Este mequetrefe me pertenece!

Huelga describir que desde mi aplastada postura le eché la mirada ojiplática. Hasta abría la boca, y mira que apenas tenía sitio.

- Leonardo Dantés de Campoamor, eres sospechoso de asesinato. - pues menos mal que lo aclaras - Quedas arrestado...

- ¿En base a qué? - intervino Sherlock, dando al traste con la independencia del autorrescate.

- ¿Quién se cree que es para pedirme explicaciones? - barba erizada de furia.

- Alguien que se toma la molestia de discurrir antes de arrestar al primero que pasa. - ¡uuuuh! - ¿Conoce la hora de la muerte?

Trent farfulló que eso lo tendría que decir el forense al tiempo que me agarraba una muñeca. La presión cedió un poco... aspiré el aire.

- Un procedimiento digno de la Scotland Yard. - ¡más uuuuh! - Permítame arrojar luz a tal escollo: expiró a alrededor del mediodía del día de ayer. - sus enguantados dedos tocaron la punta del incónico sombrero - Cabe la remota posibilidad de que el acusado disponga de coartada, ¿no cree usted, Watson?

- Si no tengo mal entendido, a esa hora el señor Dantés tomaba el té con el doctor Smith y familia. - qué bien informada está la gente, me van a quitar el trabajo.

A todo esto servidora, que se había ido escurriendo, quiso aprovechar para morder la morena mano opresora. Lo que no había tenido en cuenta era la dichosa postura, por culpa de la cual, conseguir, solo conseguí el amago y llevarme un bofetón que poco más y me convulsiona. No obstante, con la tontería del tortazo logré zafarme, tras lo cual invertí toda energía a brindarle la mayor expresión de mala leche a mi rostro a la vez que retomaba los pasos atrás que me habían metido en ese lío.

Esperaba que los ojos me centellearan irradiando odio, esa baja pasión, vieja compañera. Debió ser así, dado que vi el temblor en la punta de la barba y la consternación en las cejas de mi comisario. Hasta aquel decisivo instante no se le había pasado por las entendederas las consecuencias que el comportamiento neandertal podría acarrear a nuestra idílica relación. ¡Ya hablaremos luego, churri!

- ¡Estamos delante de un muerto! - mi protesta resonó en la sala - ¡Un poco de respeto!

A mí el finado me daba lo mismo, pero quería hacer un mutis dramático. No es derecho exclusivo de DramAmanda, ¿no? De paso, que los excelsos caballeros ingleses se avergonzaran de la falta de decoro, que por cierto se supone que es lo mío.

En la puerta estaban ya mis pies cuando entre la niebla y la prisa (por el drama) me choqué con los pectorales engabardinados de otro caballerete más. Qué bien me lo paso todos los días, por favor.

- Disculpe... - musité antes de fijar en él la vista.

- ¡Tenga cuidado, hombre!

Un varón de diría mediana estatura, de cabello corto bien arreglado que sería moreno de no peinar ya varias canas. Un señor eficientemente afeitado de facciones maduras pero armoniosas, de ojos negros insondables pero dulzones. Un hombre flaco, parecido a un hurón, de mirada furtiva y astuta.

- ¿Inspector Lestrade?

Le gustó que lo reconociera.

- ¿Me conoce por los periódicos? - quiso saber, hinchado como un pavo. Incluso tuvo el detalle de toquetearse la corbata.

- Don Leonardo Dantés de Campoamor. - estreché la mano que me tendía con mis dos. A mí también me encantó reconocerlo - En realidad le conozco por Jonh Watson.

- Ah, sí... - soltó con disgusto, juntando sus dos cejas en una sola línea con una monada de fruncimiento - Ese dichoso Estudio en escarlata... ¿Dantés, dice? - yo asintiendo como la boba que también soy - He oído hablar de usted.

Y nada bueno, parece ser. Dio un tirón para retirar la mano, que había olvidado que encerraba entre las mías.

- ¿Qué hace saliendo del escenario del crimen? - inquirió, suspicaz.

Abrí la boca, luego la cerré. Seguidamente alcé el índice al cielo, que luego bajé. El ingenio no da para tanto, tenía las neuronas muertas desde... diría que desde la tensa sesión de té, pero mentiría: soy puro instinto desde que caí en la pérfida Albión. No sé cómo no me doy contra las farolas más a menudo.

Una mano me tomó el hombro siniestro.

Otra el brazo diestro.

Eran las dos figuras que te figuras, avispado lector, esas que no me habrían sorprendido ni a mí de no ser por el contacto físico de mi brazo con el del doctor. Habría apostado media fortuna a que de tener que tocarme, Jonny lo haría con un pañuelo de por medio... aunque supongo que el guante de cuero también sirve para hacerlo todo muy aséptico.

- Es un testigo. - alegaron ambos al unísono. ¡Arr! ¡Cómo me molesta que se lleven tan bien!

- Señor Holmes, señor Watson. - sorprendido, Lestrade les saludó con el sombrero - ¿Testigo... él?

- Conocía íntimamente a la víctima. - Sherlock, la información, con cuentagotas.

- Y a su mujer. - guiño, guiño, codazo, codazo.

No se me había acabado el ingenio fácil. Lestrade y Watson pusieron mala cara, lo que no impidió que me regodeara en la crapulencia mentirosa. El detective asesor, cómo no, o estaba por encima de todo eso o lo fingía como el mejor actor. Él, a lo suyo.

- El escenario del crimen no ofrece más datos que los que ya conozco. Son usted y sus hombres libres de destrozarlo, inspector. - ¡zasca! gratuito - Nosotros proseguiremos la investigación reconstruyendo el recorrido de la víctima horas antes de su muerte. Nos dirigíamos a una de las zonas más frecuentadas por el finado, ¿no es cierto, caballeros?

- ¡Sí! ¡Al teatro!

El dúo dinámico me miró, yo les miré, ellos me volvieron a mirar, Lestrade entró en modo Aquí pasa algo. Normal, los ojos me hacían chiribitas. ¿Al teatro? ¿Ahora? Pero ¡ay de ellos! No había vuelta atrás. Sherly y servidora ya habían mantenido su escueto toma y daca mental. Te lo estás inventando, decía su nariz. ¿Prefieres el fumadero de opio?, respondían mis dientes de marfil. Y los globos oculares de mi amado rodaron hacia arriba y hacia abajo.

Ni idea de si el muerto se habría pasado o no por allí, pero me apetecía tener una cita. ¡Je, je!

Continuará...

Vamos progresando y debo decir que cada vez estoy más contenta de cómo está quedando. Permitidme un poco de vanidad, me encanta cuando las cosas me salen bien hechas (cuando no, ¡depresión!).

6 comentarios:

  1. Mira que ponerte a soltar a tontas y a locas confesiones inoportunas... Menos mal que tienes colegas entre los policías y que a Sherlock básicamente se la pela xDD


    Me encanta las pullitas que le lanzas a Sherlock. Aunque él no se queda atrás, a decir verdad. Sobre todo en lo que se refiere a arrojarte un jarro de agua fría cuando ya te las prometías felices por su llamada xDD

    Hala, los de Scotland Yard con tal de librarse de un poco de trabajo... Me gusta la puñalada que le has soltado a Sherlock. Cuando eres malévola con él me lo paso pipa xD Bueno, me lo paso pipa en casi todas vuestras escenas de intercambio de agudezas verbales xDD

    Oro puro la escena con Trent. Me extraña que no hayas aprovechado para, "intentando liberarte", rozarle un poco como quien no quiere la cosa, yatúsabeh...

    Esos intercambios de "uuuuh" entre Sherlock, Trent y tú molan. Si es que ver a esos dos en la misma habitación mola mil xDD

    Pobre Trent, que ya debe de estar echando cuentas de lo difícil que es encontrar un ligue sin tener Tinder, Grindr ni Chueca a mano.

    Así me gusta, reivindicando tu derecho al drama xD

    Esto es genial: "En la puerta estaban ya mis pies cuando entre la niebla y la prisa (por el drama) me choqué con los pectorales engabardinados de otro caballerete más. Qué bien me lo paso todos los días, por favor.". Especialmente la última frase. Casi llorando de risa estoy xDD

    Así a lo tonto... ¿a qué teatro iréis? ¿Y a ver qué obra? xDD

    Se nota que escribes fluidamente en "Brillante" y que no te cuesta meterte dentro de la cabeza de Leo. Y los diálogos, por favor, qué risa xDD Ay, Trent y Sherlock en la mis habitación son geniales.

    Impaciente por el próximo, como siempre ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Por fin respondo tu espléndido comentario! Parece que compitamos a ver quién es más tardona. XD

      El pasotismo sherlockiano es tan útil como la amistad interesada. XD

      Si es que es malo con avaricia, solo Dios (y Watson) sabrán lo que quiere realmente. ¿Mi compañía? No sé yo. ¿Mis servicios? ¡Pa qué me necesita! ¿Tomarme el pelo? Eso es muy factible. XD

      Son unos currantes que en seguida se acostumbran a lo bueno, ¿cómo culparlos? XD
      Di que sí, estar enamorada no quita lo puñetera. XD

      Hasta la más pervertida de las pervertidas tiene sus límites, y sus contracturas cervicales. XD

      ¡Es estresante!, pero molar mola. Me alegro de haber dejado satisfechas las expectativas. XD

      ¡Eh, no vanalices nuestro amor basado en mentiras! XD
      Pero sí. A lo mejor debería de buscarle novio de repuesto para cuando yo y mi chacharrito lila no estemos. XD

      ¡A Dios pongo por testigo zanahoria en mano de que yo también tengo derecho al drama! XD

      Que me ruborizas. =///=

      Ostras perladas, no me esperaba una pregunta tan concreta. XD

      Claro, como soy yo misma, así es fácil. Dejando de lado que estoy loca, claro. XD
      Hago bien en centrarme más en ellos, ¿eh? Estoy orgullosa, considero que desde el principio el fanfic ha sido bueno, pero encima estoy mejorando. Henchida de orgullo y vanidad estoy. XD

      ¡Y yo por tu comentario! Como siempre, gracias, Lara. <3

      Eliminar
  2. Pues tenías razón, juraría que lo había comentado... será en mis sueños... XD

    Estos de Scotland Yard qué se creen? Que esto es un mercadillo? Nada, nada no se aceptan regateos... XDD

    Sherlock es un puñetero, cómo le gustan las pullitas a Trent!! Son como niños, aunque Trent ya podría ser un poco más delicado con su amante, que no abundan! (por lo menos a mí no, snif). Menos mal de Watson que ha venido al rescate!

    Aparece Lestrade, lástima que tu fama no le hace mucha gracia, con lo majo/a que eres!!

    Una cita en el teatro!! Qué lista eres! A ver qué tal...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tu sueeeeño ideaaal~♡.

      Si es que se cogen unas confianzas con quienes viven de la información privilegiada... XD

      ¡Parece que no le conozcas! ¡A Sherly le encanta hacerse notar! Y pisotear el intelecto ajeno. XD
      Trent es un bruto... pero un bruto agradable. XD
      Me gusta pensar que aun sin la Watsoniana intervención, mi comisario no me habría roto el cuello. XD

      ¿Verdad? ¡Si soy como Ranma! Todo el mundo debería amarme. XD

      Ñe je je, una barre para su casa. XD

      Eliminar
  3. Eres masoquista, verdad? Confiesa!!! Uno al que le gusta pisar el intelecto y al otro romper cuellos XD

    A veces siento envidia de Ranma, aunque debe de ser un poco agobiante que todo el mundo te acose... parece que Leonardo lo lleva bastante bien XD

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿A estas alturas tienes que someterme a la lámpara de interrogatorio para saberlo? XD

      Eh, eh, que no todo el acoso recibido es bueno, véase la malicia de los Smithy o el aprovechamiento de la policía. XD

      Eliminar

Cada vez que no comentas, a Yukino le da tal depresión que se tira por la ventana y lógicamente publica menos entradas