jueves, 1 de septiembre de 2016

Brillante 24 - Caliéntame


¡Cuánto tiempo sin capítulo! Lo siento, sé que os he hecho esperar y, si todavía seguís aquí leyendo esto, os agradezco la paciencia. He estado entre ocupada (con mi TFM) y bloqueada (de tanto quemarme las neuronas día a día con el susodicho)... ¡pero he vuelto! ¡Como el Chuache!

Dejamos a la pobre Leona hará siglo y medio recién caída al Támesis por empujón con premeditación y alevosía de la meretriz escayolada de Belle Rosette, justo después de dispararle dos balazos de revólver sin puntería ninguna a Sherlock y de tener a Trent de testigo presencial del asunto entre bang bangs. ¡Pobres transeúntes...!

La oscuridad me acoge.

Eran agujas.

Mil y una agujas hendían su afilado punzón en los contraídos poros de mi piel, mil y un cristales atravesaban la pesadez de la que yo creía mi armadura, mil y un esquirlas de puro témpano de hielo líquido me abrazaban contra mi voluntad. No veía nada, nada salvo ráfagas de color. Negra oscuridad dentro del agua, blanco mojado fuera del agua, marrón aguado en algún punto intermedio.

¿Había niebla circundante o era mi balbuceante cerebro hasta arriba de adrenalina que estaba tan ocupado intentando ponerse de acuerdo con mi corazoncito bombeante para evitar infartarnos que pasaba olímpicamente de la vista? Debí oír algo más allá de la furiosa corriente, no lo hice. Debí ver algo además de coloridos borrones, tampoco. Yo era toda sentidos que se centraban en lo inmediatamente importante: la hipotermia.

Ni los ojos de Sherly son tan gélidos, oh, lector que sin duda disfrutas de tus treinta y seis grados corporales mientras lees cómo se me entumecían los dedos y cómo hubiera llegado a pensar que la corriente iba a arrancármelos de cuajo de haber sido un ser pensante ahí metida. Aquí junto a mi chisporroteante chimenea puedo permitirme el lujo de regodearme en el morbo de los detalles, ¿la vivencia? Digamos que ahora me arrepiento de haberle quitado la escalera a la piscina en Los Sims.

Pero no me hundí, por el Dios en el que no creo que no me hundí... de buenas a primeras. ¡Sé nadar! Tras la primera inmersión el cuerpo entró en piloto automático, ¡emergí, boqueé, braceé, hice la mariposa, la rana y hasta el calamar histérico! Lo que fuera antes del muerto. La sucia corriente (tanto en lo metafórico como en lo literal) me arrastraba, mi temperatura descendía y yo venga a gritar y coger bocanadas de aire roto. La mente se me redujo al tamaño de un hada, solo cabía un pensamiento: ¡huye! ¡Huye mientras tengas aire en los pulmones, sangre en las venas y calor en el corazón!

Bien. Esto debe quedar claro: soy una buena nadadora. Cada verano buceo en la playa hasta que se me arrugan los dedos, retozo entre las olas una hora de reloj por visita y, aunque el gasto paterno de un año de natación extraescolar no haya servido para que lo haga de forma muy grácil ni extremadamente elegante ni sin salpicaduras, me defiendo lo suficientemente bien como para disfrutar el baño a gran escala sin morir en el intento.

Tengamos en cuenta que en la vida me había bañado en un río, ni siquiera en uno limpio y aseado dentro de la bucólica estación veraniega. Añadamos a la ecuación que tampoco me había estrenado en la natación con traje de cuatro kilos con zapatos incluidos en lugar de un bañador como mandan las Escrituras (Pues en verdad os digo, no os bañéis vestidos, San Ataúlfo el Ahogado), ni mucho menos había tenido que camuflarme el busto con lo que ahora era una esponja que se bebía los litros y litros que me oprimían y pesaban.

Incluso teniendo eso en cuenta, el agua no era el problema, lo era que se me estaba coagulando la sangre en las venas y apagando el calor del corazón. Y la corriente, ¡no me esperaba la corriente! La muy desgraciada me arrastraba y arrastraba y arrastraba y yo me retorcía, agitaba, chapoteaba en vano porque no veía la puñetera orilla y me estaba cansando. Sinceramente, doy gracias a que el cuerpo tomara las riendas, el tajo de mi mejilla grita a los cuatro vientos lo bien que manejo yo estas situaciones. ¿Cómo sigo con viva? ¡Misterio! ¡Intriga! ¡Dolor de barriga!

Pero incluso el instinto de conservación tiene sus límites.

Es que la orilla que no veía parecía muy lejos...

Es que ya no me quedaba energía y no tenía noción del tiempo...

Es que no sabía lo que sucedía... y paré.

Tragué agua, su puaj de sabor me espabiló, parpadeé humedad. Vi. De lo que prefiero catalogar como niebla surgió la sombra de un bicho de cinco patas y larga cola, gruesa, fornida.

La calidez de la carne se enroscó en torno a mi brazo como un mordisco gentil, ¡dio un tirón! Esa sombra caliente remolcaba mi fría carcasa hasta una superficie resbaladiza y dura, ¿la orilla? El meneo me hizo daño en el codo, me dio igual. Aunque me encogí y cubrí la muñeca de la pulsera instintivamente (deformación profesional), todo me daba lo mismo, el interior de mi cráneo estaba a oscuras. Supongo que estaba en modo negación corporal, pero hay cosas contra las que ni esta puede.

El bicho me tendió. Exploró una yugular de hinchadas venas azules, sentí las callosidades de sus patas por el rostro, una delicadeza extraña. Ardían. Luego... una presión cariñosa sobre fosas nasales y barbilla, la calidez de labios tropicales que me insuflaron el aire caliente que no necesitaba.

Estaba en blanco para todo, salvo para ese calor. Me agarré a él con uñas y labios, así la nuca y llené el hueco bucal ajeno con mi lengua helada. A la porra el oxígeno, ¡yo necesitaba calor! ¡Una hoguera dentro! Y vaya si la conseguí, por más que se me resistiera. Trepé por el bicho ardiente hasta la raíz de la cola que no era cola y me agarré al ancho poste templado que quemaba como el fuego. Abrazada a él, succionaba y sorbía su alma. O lo habría hecho si el tirón capilar de un tercero no me hubiera separado del sabor de ese verano.

Tos, tos, tos, suaves palmadas en la espalda, pellizcos en la ropa, ¡nada me separaría de él! Estaba caliente. Tenía una chispa de energía. Se me gastaba en castañetear los dientes, pero ahí estaba. ¡Qué alivio! ¡Qué inmenso alivio! Tenía que abrazarme fuerte, más fuerte, más fuerte...

En algún momento entre la confusa bruma envolvente literal y la metafórica la bombilla se encendió. No era un bicho, era el torso de mi bicho de las tierras altas, sus carnosos labios. Menos mal. Con la confusión se me habían mezclado las ideas.

Mi churri me sostenía por los hombros, jadeante perdido, mientras yo tiritaba incontrolable. Mi cáscara más que temblar se convulsionaba como por contacto con un enchufe mal instalado. Entre parpadeos y lentos giros de cuello le miré asombrada, ¡conque no era un coco lo que besuqueaba!

- Casi te mueres. - dijo como para sí, con un hilo de voz.

- C-c-c-casi me... matan... - choque dental, choque dental - Otr-r-r-ra vez. O-o-o...

Lagrimitas que espero no se notaran mucho entre el agua y el flequillo adherido a la piel, por mi reputación más que nada. No me siento especialmente orgullosa de mi comportamiento a partir de ahí. Por suerte cuando me serené lo suficiente para reconciliarme con la mirada nítida vi que se me había rescatado más lejos que cerca del punto de origen del empujón fatal.

Había tal revuelo en la calle que los transeúntes tenían claro qué mirar, ya que la opción era si al trío del río o al puente dónde bullían los gritos que ahora caigo algo tendrían que ver el nuevo alojamiento de las balas perdidas (y nosotros estábamos medio cubiertos por el diligente carruaje), así que me dispuse a aumentar el caudal del Támesis. Una tiene derecho a derrumbarse en los intentos de asesinato, digo yo.

Un suspiro.

- Doy gracias a tu certera puntería.

Y allí estaba Sherlock, colorado como si toda la sangre se le hubiera agolpado en la cara, agarrándome por el pelo no fuera a montar más espectáculo a la par que las esquirlas que tenía por ojos (entonces se me antojaron tibios) volvían de seguir el rumbo de mi mirada. Con la lucidez no vienen más que desgracias.

Ahí sí que me dejé llevar. Ante tamaña falta de la sensibilidad mínima reglamentaria, ¿qué otra cosa cabía esperar de mí a parte de que tirara por la borda la fachada viril y me cubriera los ojos con las manos? Era la segunda vez que intentaban matarme y me libraba por los pelos, ¿y por qué?

Por mala suerte, por pretender sobrevivir dignamente, por... malas compañías. Pasadas, presentes y futuras. Sentí odio. Odio puntiagudo, tenebroso, violento, royéndome desde dentro. ¡Qué miserable me sentí! Cuánto frío. Cuánta soledad. Cuánto silencio. Cuánto vacío. En mi interior.

- ¡No puedo m-m-más! Es-... toy harta... - hipidos varios.

Trent me estrechó con sus palmas, pero incluso falta de plenas facultades mentales lo atisbé. Su barba atribulada susurraba: Quiero darte calor, pero no que el mundo sepa que soy un invertido. Pues vaya un consuelo. Lo habría degollado ahí mismo para calentarme con esos fluidos internos de treinta y seis deliciosos grados, y a Sherly... fuf, venturosos ellos que me tenían agotada y sometida a la tiritona.

- Quiero i-i-irme a mi casa. A c-casa...

Y entre los dos me cargaron, un brazo, un hombro, un hombre, para meterme en el carruaje de un estoico cochero. Esa no era la casa a la que quería volver, pero se estaba más calentita dentro que fuera, menos da una piedra.

Ambos me echaron sus capas encima, y no lo dudé, me deshice tanto del relleno de la entrepierna como del superior para luego envolverlos en el resto de la ropa en un tris. Los zapatos iban a parte. Vaya, ¿dónde estaba el destrozado abrigo? Lo habría perdido, qué más me daba. Me inquietaba el pelo mojado.

Arrojé el montón, sin preocuparme un ápice ni del chof, ni de que Holmes lo echara bajo los asientos de un golpe de talón, ni de la incursión de mi comisario en el club del casi ictus. Debió ser un duro golpe eso de verme el tobillo descarado, húmedo y blanco como la cal, cuando nunca le permitía verme ni sin calcetines por motivos más que obvios. Meh, ya saldría.

Por el sol y las estufas, parecía que me hubieran pasado las manos a lejía. Una palidez mortecina sustituía mi ya de por sí escaso tono natural, las venas azules se esparcían y repartían por toda la piel como un mapa de metro, como una premonición de muerte. Y tiritaba, tiritaba y tiritaba. De ahí no salía sin resfriarme. Me iba derivar a pulmonía, lo veía. Este siglo estaba matándome.

Apenas me percaté de que me hallaba acurrucada contra el sorprendentemente acogedor cuerpo de Sherlock hasta un rato largo de traqueteo más tarde, cuerpo que para más inri me tenía enlazada a sus brazos. El valiente comisario descansaba a mi otra vera, envolvía con sus amplios dedos morenos el tapado tobillo aprovechando el punto ciego que propiciaba el hecho de que estuviera hecha un ovillo en medio.

Del desprecio al mundo entero pasé por ciencia infusa a una dichosa gratitud de índole infantil, mi regocijo era el de una niña mimada que abraza a sus papis. Más allá de toda oscuridad hay amor y paz. Ejem, el pecho y las extremidades de mis hombres eran muy cálidos y reconfortantes y tal.

¿Cuánto llevábamos de esa guisa, diez minutos, veinte? Lo único que puedo alegar a mi favor es que el enigma existencial de mi devenir ocupaba ese delgado hilo cerebral que alguna vez había bautizado como "concentración". Sin embargo, con un par de décimas corporales y un temblor razonable, los ánimos para fijarse en lo externo suben como la espuma.

- ¿Dónde está la puta que me ha empujado? - respeto a las damas de la noche a la porra.

Silencio. Los dedos del comisario ciñeron el tobillo, la mirada del detective se interesaba por el paisaje. Cerré los ojos y me acurruqué aún más.

- Ah. Se la ha llevado la Scotland Yard. - sin duda el chapoteo se había alargado bastante.

Caricia tobillera. Esa mano morena ascendía. Sube, que te vas a encontrar con una sorpresa.

- Mmm... - se me escapó.

El cálido pecho dio un respingo.

- ¡Inaudito! - ¿¡Sherlock tenía un exabrupto?! - ¿No le va a decir usted nada?

- Al contrario que usted, célebre Holmes, antes que mi condición profesional va mi condición de ser humano.

- He ahí su capacitación laboral resumida.

¿Se iban a volver a pelear? ¿Ahora?

- Oye, Sherlock... me apuntabas con una pistola y los "señores" también tienen impulsos reflejos. - parecía insuficiente - Lo siento. - no lo sentía.

Él negó con la cabeza, con un ojo abierto le vi fulminar con sus pupilas de Es usted un inútil a su derecha. Aquello era rarísimo.

- Se ha escapado. - confesó el ser humano antes que comisario.

- Ja, ja.

Mi risilla resonó por las paredes del carruaje, se perdió sin amigos. ¿¡Ah?! La siguiente parte requiere censura.

- No, PIIII. Y una PIIII voy a tragarme que PIIIII PIIII PI PI PIII de PIIII con sus PIII obsesiones. ¿Me estáis diciendo que la PIIII de PIIIII, una PIIII lisiada, se ha escapado ante vuestras narices? - el cabreo le sienta muy mal a la higiene de mi lengua. Un dedo acusador emergió de entre las capas - De Trent lo comprendo porque iba en mi auxilio, ¿¡pero tú, Sherly?! ¿¡Tú, que eres el que se vanagloria de su lógica y su PIIII...?!

- ¡Te estabas ahogando!

- ¡No me estaba ahogando! - exhalé - Me estaba congelando...

Me fastidiaba pensar que al gran detective asesor le afectara mi vida o mi muerte lo suficiente como para dejar escapar a un sospechoso ¡¡¡que iba en muletas!!! Ah, las vanas esperanzas, casi peores que la hipotermia.

- Bah, da igual. Muy inútil tendría que ser la poli para no encontrar a una lisiada más lenta que una tortuga. - la elegancia verbal, por la ventana también.

Sherly adoptó su carita de Que lo es. No hizo falta respuesta, el carruaje paró en seco justo al cruzar la vista con él.

Gertrudis lloraba en la cocina cuando entramos. Parecía un chiste de los malos. Un detective cabreado, un comisario compungido, una travestida mojada y sin vestido y una alemana lacrimosa entran en un bar. ¿Qué van a tomar? ¡Drama!

Pasé seis pueblos de ella, ni tiempo ni ganas me restaban en la paciencia para esto. Fue Trent quien se encargó de ordenarle que me fuera llenando la bañera pero ya, así de malos modos. Me sorprendió que se arremangara para arrimar el hombro en la tarea, evidentemente quería compensarme aunque no hiciera falta ninguna, ya me había salvado la vida.

Sherlock todavía me rodeaba los hombros cuando acercó la boca a mi oído.

- La investigación continúa.

Cosquilleo auricular, agradable. Arqueé las cejas.

- ¿Qué más quieres investigar? Belle Rosette es la hija de su madre asesina y danza por ahí en muletas a la espera de que la echen al calabozo y tiren la llave. Punto final.

- Como de costumbre, mi querida Leona, se te ha escapado el pequeño detalle que es la base de la deducción.

- No me llames querida...

El brazo fuerte de la ley irrumpió de nuevo en la sala para mandarme que me metiera en la bañera en seguida. Me pregunté cuánto habría oído, tanto ahora... como antes. Di dos pasos hacia la señalada dirección, giré el cuello. Sherlock Holmes parecía albergar una pretensión que nos llega a todos en algún momento de nuestra vida: convertirse en árbol en mi salón.

- Váyase a investigar, señor Holmes. Sin pucheros.

Ofensa suficiente para que se marchara. Sin capa. No la volvería a ver. Solo quedaba uno del que deshacerse. Af, quería estar sola.

Entré en el cuarto de baño con la esperanza de conseguirlo, pero no, él tenía la suya de ver a su amante en el apogeo de su desnudo esplendor. Huelga comentar que me arrebujé requetebién en mis capas nuevas, cruzando los brazos vampíricamente sobre el pecho para tener bien afianzada la tela en caso de tirones.

Diría que mis relaciones son un auténtico incordio, pero me abrazó estrechamente, apasionado, envolviéndome la cintura con la anaconda de su brazo y comprimiéndome contra su corazón a base de presionar la extremidad libre contra mi nuca y cabeza. Fue tan dramáticamente romántico que hasta el miedo a que notase bultos donde no tendría que notarlos y no bultos donde sí se esfumó ipso facto. Esto es un consuelo.

- Temo por ti, amor mío.

¿Habría estrellas en mis ojos? Segurísimo que sí.

- Bésame.

Y el muy obediente saboreó hasta la campanilla, ignorando como un héroe el gustillo a Támesis.

- Yo a ti más. - espetó en un arrebatador suspiro. Posiblemente se me había escapado un te quiero, lo que me ganó dos besos más en la mejilla, uno en la frente y tres en los labios a plena velocidad y potencia - Más que a mi vida...

Acunó mi rostro entre sus manos, me contempló intensamente, como si quisiera grabarse a fuego mis facciones en la retina. Ya tenía regalo para las fiestas: una foto mía.

- Tienes que pasar desapercibido, dejar de chantajear a los hombres de bien.

- Claro que sí, cariñito, lo puedo dejar una temporada. ♥ - si me volvía a agitar la boca capaz era de dejarle las escrituras de la casa.

- Y... - dolor, solo dolor - Tienes que desaparecer durante un tiempo.

- ¿Por qué? Seguro que la atrapáis en seguida, yo sí confío en vuestra eficiencia, confío en ti. - más abrazo - Y no me volveré a acercar al río.

- No lo entiendes. Siempre que te acercas a Sherlock Holmes, pones en riesgo tu vida. Como si no te bastases tú solo para meterte en líos, ahora estás hasta el cuello.

- ¿Qué quieres decir?

Calló.

Le acaricié la barba, resiguiendo la mandíbula recién lamida por mi lengua. Él tomó mi mano y la aplastó contra la zona acariciada, cerrando los ojos.

- ¿Cielito con pajaritos? - fruncimiento de ceño - No estarás celoso. Él no es como nosotros, no me quiere. - eso sonaba fatal - Te amo.

Apretó mis manos, formando un solo puño de cuatro.

- Prométeme que desaparecerás, debes hacerlo, que nadie te vea. Sé que sabes cómo. Yo te diré cuándo volver.

- ¿Y cómo lo harás si me esfumo, tontainas?

- Lo verás en los periódicos, te dejaré un mensaje de los nuestros en la comisaría.

- No sé, me ha costado mucho alcanzar este estilo de vida...

Otro besazo.

- Prometido. - aseveró sin aliento.

- Vale. - menos aliento, pero al fin calor - Si insistes, por algo será. ♥

Y eso hice. Desaparecí.

Continuará...

¡Espero que hayáis disfrutado del capítulo! Y que me perdonéis el pecado de tardanza.

7 comentarios:

  1. Hubo un capítulo que te dije que me había gustado mucho, mucho (no recuerdo cual), pues este también me ha encantado. He vivido la agonía de ahogarme y congelarme en el Támesis... eeeehh... gracias, supongo... XDDDD pobres Sims, es que no morían nunca y se reproducían como cucarachas...

    Así que un bicho de cinco patas y una... larga cola, gruesa, fornida... ejem ahí Leona ya empezaba a calentarse, verdad? XD

    Trent es un cielo, cielo... te da calorcito del bueno y se preocupa por tí, ahora sólo habria que convencerle de que un pene no es tan importante, no lo dejes escapar (SIIII, SHERLOCK FOR ME).

    Desaparecer mucho tiempo? Y de qué vas a vivir? No te fíes que estos dos se lían entre sí...

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    1. Me honras con tus sensaciones. [Reverencia] Y de nada. XDD

      ¡Oh, por Dios, son la mano y el brazo! XD

      Si encuentras la forma de explicárselo sin que me vuelva a tirar al río en diciembre, soy toda oídos. Pero tener a Trent no quita tener a Sherly~.
      Hablando de harem, no me seas codiciosa con mis hombres. XD

      ¡Has hecho un pareado! Pues mis ahorros tengo de los chantajes, pero por lo demás, ya verás~.
      Ofofof, Trentlock... =▼=~♡

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    2. Trentlock?? Era broma, no creo que pueda soportar ver a Sherlock liado con tanta gente, esto ya es masoquismo!!

      A ver, a ver... y las 5 patas? No intentes despistarme XD

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    3. Oh, venga, Práxedes de mi corazón, si adoras verlo con Watson y Leona y Lestrade... [Cejas bailongas]

      ¡Son los cinco dedos de la mano! Pensaba que estaba claro, pero aquí la mentalidad general va a lo que va... XD

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  2. Genial. Espero que te vaya bien en tus proyectos, cuidate capítulo bueno. Besos y abrazos bye

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  3. Estoy de acuerdo con Práxedes, has descrito muy bien la angustia de estar a punto de ahogarse en un río sucio y turbulento en el que en la época un fin de semana sin más de tres o cuatro cuerpos flotando en él, era un buen fin de semana *modo exageración on*

    Por curiosidad, ¿cómo es el calamar histérico? xDD

    Con esto, casi me da algo de la risa: "Pues en verdad os digo, no os bañéis vestidos, San Ataúlfo el Ahogado"xDD

    Vaya, vaya... tú siempre aprovechando, eh. Te empiezan a practicar reanimación y ¡hala! Aunque te entiendo... Trent... es Trent xDD

    Madre mía, el cabreo... Me encanta esa escena. Reconocimiento vergonzoso de que una mujer con muletas se les ha escapado (la carcajada que he lanzado yo ahí imaginándome a la buena señora largándose mientras les lanza una mirada con un puntillo de rencor a Sherlock y Trent cuando van en tu auxilio).

    Me muero: "Gertrudis lloraba en la cocina cuando entramos. Parecía un chiste de los malos. Un detective cabreado, un comisario compungido, una travestida mojada y sin vestido y una alemana lacrimosa entran en un bar. ¿Qué van a tomar? ¡Drama!".

    Casi me sube el azúcar con la conversación con Trent. Ay, en el fondo el comisario, bruto, propenso a la violencia policial indiscriminada, es puro amor xDD

    No sé si es por la tardanza o porque estabas especialmente inspirada, o porque la tardanza te ha hecho estar especialmente inspirada, pero me ha encantado este capítulo.

    ¡Quiero más!

    ;)

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    1. Ains, que me sacas los colores. Sigue, sigue~.
      Ahí iban todos los suicidas, de cabeza. XD

      Pues te pones a nadar de espaldas y mueves brazos y piernas al unísono con mucha mucha prisa. XDD

      En cuanto se me ocurrió supe que para ti sería un éxito. Como me descuide lo postulas para futuras Escrituras bíblicas. XD

      ¡Eh, que si te dejas reanimar estando consciente y respirando, mueres! Lo hice por mi integridad física... sobre todo física... XD

      1000 puntos por tu ocurrente imaginación. XD Ha quedado la mar de bien la reticencia a confesarse, ¿verdad que sí? Me siento orgullosa de mí misma. XD
      Yo creo que Belle Rosette, mientras cojeaba hacia la libertad, estaba entre encantada con su buena estrella y fastidiada por la falta de atención. De verdad, vaya par de dos, ¿no podían dejarla encadenada al coche? XD

      Gertrudis lleva una mala racha... XD

      Ojojó, Trent se parece a Cassy pero a lo bestia. Duro y bruto en el trabajo, tierno y achuchable en el amor. Y uke. XD

      ¿Quizá todo a la vez? Quizá lo que ocurrió una vez en un sueño... la verdad es que en general me salen muy bien estos capítulos, aunque siento que nos vamos olvidando de los antiguos. XD

      ¡Lo tendrás! ;))

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Cada vez que no comentas, a Yukino le da tal depresión que se tira por la ventana y lógicamente publica menos entradas