lunes, 10 de octubre de 2016

Brillante 25 - Alúmbrame


¡Brillante cumple un año en emisión! Y así estamos con el Leonock. La verdad es que ha avanzado bastante, pero comparado con el Trenna que me la lleva a la trena como que parece poco. XD

Bien, antes de empezar, una pequeña aclaración que los comentarios del capítulo anterior han hecho necesaria: el bicho "de cinco patas y cola gruesa" es ¡¡una mano!! ¡La mano de Trent, para más señas, malpensadas! Si es que os tengo malacostumbradas y ya veis perversión donde no la hay. Aclarado lo dicho...

Una Leona rescatada, cabreada y medio muerta de frío, un Sherlock que continúa empeñado en la sutileza extrema por expresión emocional, un Trent inquieto, heroico, apasionado que te hace gritar ¡ah, mi diabetes!, una ¡maldita lisiadaaa! a sus anchas y una promesa de desaparición leónida. ¡Cómo está el percal! ¿Qué nuevos hilos tejerá este telar?

La luz me aguarda.

El frufrú de las faldas que barría las baldosas al pasar, el crepitar de la llama de las velas, el goteo suave de su cera, el gorjeo del único pájaro que parece sobrevivir en la sucia ciudad. Solo esos sosegados sonidos hacían música con mis tímpanos. A eso yo lo llamo silencio, así que sigilosa me interné entre los asientos con reposarodillas de azul terciopelo barato delante.

En ellos me postré, como postrada había estado no hacía tanto sobre mobiliario más blando, y cubriendo con el negro velo agujereado de bordados la zona reservada a juntar las manos, saqué la libreta nueva. La original se había extraviado junto con diez o veinte cachivaches más el aciago día tamesino, ah, embolsillada chaqueta de mi desventura, y no creía que la fuera a recuperar. Tras mirarla, torcer el morro, remirarla y colocarla, desenterré el lápiz del escondite y comencé a escribir. Supuse que no se notaría.

No desaparecí en seguida, entre otras cosas porque tras el hielo me llenó el fuego.

El remojón y su consecuente hipotermia dejaron K.O a ese mal ejército mío de glóbulos blancos, dando paso libre a las tiritonas, las toses, las fiebres y sus grandes amigos del alma los delirios de 40º. Enferma, sola, alimentada a base de zumos, leche con miel, caldos y hasta té de limón y en la más profunda y lógica depresión: el peor cumpleaños de mi ahora triste vida.

No es una época que me guste recordar. Me permitirás que te la resuma, lector benévolo, en que la primera semana de mediados de diciembre me la pasé negándome a que el matasanos pisara mi casa y aterrada por la estadística probabilidad de haber contraído pulmonía, que a saber qué tendría realmente, quizá un simple resfriado con el desbarajuste emocional mezclado, no agitado. En que la siguiente semana parecía restablecida pero preferí prevenir.

Lo más entretenido fue lavar e intentar que se secara de una maldita vez la esponja que me fingía pectorales y tableta de chocolate (pagué caro dejarla fermentarse en el batiburrillo de ropa empapada)... y las visitas. Trent me alegró con su presencia dos veces y vaya una a saber cómo se contagió terriblemente. Sherlock, para variar, no fue tan agradable. Para empezar, me sorprendió cuando me abrazaba al busto de Gestrudis buscando consuelo en esas pecas que me recuerdan a mi mami y la pobrecilla hacía lo que podía acariciándome el flequillo en un ea, ea.

Vaya, qué incómodo. Era un momento íntimo, Sherly, por favor, que no me dejas ni regodearme en la autocompasión y una tiene necesidades. Deprimentes. Como de costumbre, mi cara de Déjame en paz, déjame vivir no pareció importarle lo más mínimo, de modo que ahí lo tenía. Pasando por alto la escena Quiero y necesito a mi mamá, así como el hecho de que estaba en cama o la pertinente explicación de cómo puñetas había entrado en casa, acercando la silla a mi vera y trayéndome las noticias de que no había noticias de la maldita lisiada.

Oí el romántico arrullo del palomo haciéndole la corte a la paloma, ¿se habrían colado dentro a beber agua bendita? Seguí escribiendo.

Le rodeaba un aura densa, de interrogatorio. Pues si se pensaba que de mis labios iba a salir una confesión iba listo, para tal menester se precisan lámparas con bombillas de muchos vatios. Sinceramente (eso que solo sucede sobre estos papeles), no entendía tanta paranoia por parte de los dos hombres de mi vida londinense hacia esa mujer, solo de imaginármela cojeando hacia la libertad me parto, pero... ¿nada?

- Deberíamos de haberla dejado espachurrada entre las tablas. - se le escapó a mi ronca voz.

- La reflexión, ente dignísimo y muy señor mío, tiene el mal vicio de llegar retrasado, por lo cual solo sirve para amargar gustos y adobar remordimientos. - repuso él, con aquel deje burlesco tan suyo que si te descuidabas casi parecía serio.

- Qué me vas a contar. - mi mejilla es prueba física - Volviendo a la jamelga... no me mire así, caballero, solo la llaman "la del corcel" los finolis que pelan plátanos con cuchillo y tenedor, y estoy pachucha además de cabreada y no tengo ganas de gastar energía en cortesías, déjeme, déjeme. ¿Qué decía?

Él me galardonó con una mueca, cómo olvidarlo.

- Sospecho que pretendías ilustrarme sobre la dama de la noche.

- Oh, sí. Más bien no. Simplemente iba a comentar que en realidad es una verdadera suerte que la policía haga tan mal su trabajo, así los criminales como yo podemos disfrutar de la vida.

Una mirada suspicaz.

- Suponía que con ese fin mantienes esa "amistosa"  relación con el comisario. - prácticamente vi esas comillas, tangibles, abofeteándome las pestañas. Vaya, vaya y hasta oyoyoyoy.

- ¡Ja! ¿Quién sabe?

Le tomé la mano que reposaba sobre su rodilla. No la apartó. Qué calentita. Me puso la otra encima. Guau, me subía la manga. Pero para echarle un vistazo a la titilante pulsera... Tirón por mi parte. La ninja sin capucha de Gertrudis salvaje surgiendo de la nada y vertiéndole un té muy efectivo encima como quien no quiere la cosa. Movimiento. El escaldamiento singular pasó a plural. En resumen, gritos, diversión y la idea que subyace en el fondo de este cráneo mío de que Sherly "perdió" el interés en mi pulsera porque sin ella...

El palomo le hacía el amor a la paloma, envolviéndola en su grugrú dulzón de ave lasciva. Envidia aviaria.

Finalmente salí a la calle abrigada como nunca durante la víspera de las Navidades, temporada triste pero ideal en la que aproveché el frenesí mercantil para cumplir la palabra dada sin levantar sospechas. Ajá, la palabra dada. Sí, esta mentirosa la iba a cumplir. No por cuestiones de honor, ya no tengo de eso, ni mucho menos por esa absurda manía conspiranoica de mi chicarrón escocés ante un enemigo escasamente temible, sino por una serie de buenas razones que se pueden resumir en dos.

La primera, que me parecía una oportunidad estupenda para poner en práctica mi plan de escape para emergencias. La segunda, que me apetecía satisfacerme el capricho de averiguar qué pasaría cuando el detective asesor me viera desaparecida sin previo aviso. ¿Qué haría? En las fantasías extremas de la duermevela, esos intervalos interminables y soporíferos en que lo único por hacer es bucear en la blancura del techo, he llegado a coger la trenza de mi pelo para dibujar en dicho lienzo las hipotéticas expresiones que le adornarían el afilado cuchillo de sus facciones.

Primero el muy incompetente emocional movería alguna ceja, la diestra por decir algo. Siempre. Después... Quizá sería como la primera vez que poco más y pierdo la vida, le brillarían los ojos como cuando se le presenta el desafío. O quizá se lavaría las manos exhalando un suspiro que gritara alivio. O quizá alzaría al cielo los témpanos que tiene por ojos en un alarido interno de ¡PIII! ¡Incluso pudiera ser que la noticia lo pillara en cama y se arrancase los rulos de la coronilla! Ejem. Mi imagen mental teórica favorita.

Si a todo lo anterior lo regamos con el ceniciento licor de hacer feliz a mi brazo fortachón de la ley, ¡cómo negarse a desaparecer!

Total, que me dediqué a preparativos aburridos: preparar maletas, guardarme ladrillos, ir al sastre, comprar mucho fruto seco, pedir permisos a la abuela de Chip y Chop (denegados), pertrecharme de chelines, ir al Club Diógenes a darle explicaciones a Miaucroft (se había olvidado de mí), adquirir cosméticos no venenosos y por último y por ello menos importante informar a Gertrudis de que estaría de viaje una temporada. Se lo tomó fatal.

Que si ahora no puede hacerme esto, señor, que con qué gaitas me vienes ahora si hace una docena de capítulos que no dices esta boca es mía, que si se me pone a llorar, que ojos que no ven corazón que no siente y yo me largo de aquí.

Ya en la calle y una vez cruzadas cuatro palabras y un gesto obsceno con la racista de la vecina que me recriminaba que discutiese en "ese sucio idioma", y yo qué quiere que le haga, señora, si el traducelotodoinaitor va por libre, como el animal que tropieza veinte veces con la misma piedra que soy, viré hacia un callejón en mi defensa diré que bien iluminado y...

Pasos. Una ruidosa suela de zapato lejos de mí, cerca de mí. Una feligresa con mucho tiempo libre, quién si no a esas horas. Quise seguir dándole acción al lápiz.

La calidez de un aliento en la nuca.

- ¿Rezando sus oraciones?

RRRRRAS, papel a hacer gárgaras, lápiz volador colisionando con la ceja, viva la suerte de tu puntería señor Madera y mina de grafito, impacto de cadera entre baldosa y baldosa, velo revoleado, faldas a lo loco aquí y allá, una aspiración ajena.

Frío y dolor punzante extendiéndose por la pelvis desde el costado impactado como aunados en una conspiración de irritación conjunta, los ojos de él clamando al techo como murmurando ¡Se ven los tobillos! ¡Indecencia!

Los primeros pensamientos, para la hoja que había sufrido rayón y rasgón a partes iguales antes de ascender al cielo de la papelería, lo que me obligaba a pasarlo a limpio. Eso me pasa por aplicar tanta fuerza, no, si ya me estaba descoyuntando con la posturita, había sido mejor así. Los segundos: ¡el velo!

Rauda y veloz me senté sobre mis rodillas para recolocármelo, dejando en el ínterin las faldas dementes en modo negra flor. Luego froté la palma contra el hueso golpeado, entre flor y flor bordada fijé la vista en el culpable.

Vi los zapatos color ala de cuervo acabados en punta que seguramente tendrían nombre propio pero que me partan si sabía cuál era, unas piernas semi-interminables cubiertas por la sotana, un busto masculino agradable, todo negrura hasta llegar al alzacuellos que daba paso a una piel tan nacarada como la mía. La nuez prominente, rasgo varonil donde los haya y la sal de la libido cuando hay alzacuellos de por medio, recortaba silueta que era un gusto.

Aunque no era una silueta que me agradase en exceso, demasiada pureza griega para mis inclinaciones. Desde la recta frente que no se sabía cuándo se juntaba con la recta nariz hasta boquita y barbilla. Armonía de más en mi opinión, de esa que hace que te preguntes si también su botafumeiro tendrá el tamaño de las esculturas clásicas.

Era como estar ante un pedazo de mármol sin vida, bonito para decorar, pero nada más. De no ser por la sotana, claro. Las sotanas en un buen maniquí son como poner los glúteos de Sherly en tu vida, te alegran la existencia.

El perfil griego no me miraba. Aquel sacerdote alto, esbelto y treintañero dirigía el azul marino de sus ojos al portón. De tanto mirarle las tupidas pestañas y la aureola de rizos rubios que coronaban frente de marfil y cejas juro por Dios que depiladas, tardé en darme cuenta de que lo que captaba tanta atención eran mis hijos.

Él también tardó lo suyo en tener la delicadeza de tender su mano desnuda a mi guante de cuero, a ver si se pensaba que era fácil levantarse con ese mamotreto. Tiró de mí y, tras el impulso, aprovechó la unión para celebrar el besamanos.

- Doña Leonor.

- Padre Saint John.

Continuará...

¿Qué artimaña habrá usado Leona para desaparecer? ¡Las pistas están ahí! Aunque da igual adivinarlo o no, porque se desvelará en el próximo capítulo. Por lo demás, un moreno, un castaño barbarroja y un rubiales entran en un bar... ¡Ya tenemos la paleta de colores naturales completa!

¡Espero que os haya gustado! Voy a intentar publicar los siguientes capítulos más rápido, tengo unas clases con el decano que no sirven absolutamente para nada y aprovecho para escribir. Si no lo consigo... lo siento, hago lo que puedo.

Por cierto, ¿no os encanta el contraste entre la imagen del capítulo anterior y esta? Son diametralmente opuestas, incluso en las posturas. XD

4 comentarios:

  1. Las ganas que tenía de leerlo y al final hasta hoy no ha habido manera! Soy de lo peor...

    Pobre Leona, no me extraña que se resfriara con semejante chapuzón. Pero mira, tuvo consuelo: "Trent me alegró con su presencia dos veces y vaya una a saber cómo se contagió terriblemente", aunque eso de "a saber cómo..." ejem, ejem. Yo no digo ná y lo digo tó xDDD.

    Sherlock ya podía haber aparecido con unas flores o bombones. ¿Colaría si le dijeras que es una convención social no opcional? xD

    ¿Miaucroft se olvidó de ti? Qué mal, qué mal... tenía ganas de que apareciera en la trama a hacer algún aporte... aunque fuera sólo poner de los nervios a su hermano.

    Perversión por todas partes: "Las sotanas en un buen maniquí son como poner los glúteos de Sherly en tu vida, te alegran la existencia".¿Vas a intentar seducir ahora a un sacerdote? xD

    ¿Tus hijos? Chip y Chop imagino. La que pueden liar en una iglesia...

    ¿Te has hecho pasar por alguna aristócrata española de la época para desaparecer? ¿Por qué me suena el nombre Saint John?

    Buen capítulo. Parece bastante de transición, para abrir boca a una nueva trama o subtrama. Tengo ganas del siguiente, a ver la que lía "doña Leonor" xDD

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    1. Y yo me he puesto malísima y ya ves cuándo te contesto, fatalidad total, el destino quiere que vayamos a destiempo. XD

      Quién sabe cómo se contagiarán estas enfermedades... XD

      No colaría porque diría que a los "señores" no se les dan esas cosas. Pos que me traiga sus gluteus magnificus, si yo con poca cosa me contento... XD

      Ya vendrá, ya, de momento su ausencia... muchos personajes en acción. XD

      ¿Yo? Yo solo me alegro la vista. ¿No ves que me he leído La Regenta y estoy enamorada perdida del Magistral? Quién fuera Regenta para elegir bien... XD

      ¡Por qué será...! XDD

      Habrá que ponerse manos a la obra ahora que estoy más sana. XD

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  2. Te dejo este comentario por aquí para cuando estés con más ánimos para leerlo. Tengo que comentar que encuentro que tu estilo de escritura es más claro últimamente (en algunos capítulos tenía que releer para entender algunas metáforas, véase "cola larga y gruesa" como ejemplo ejem, ejem). También es posible que sea culpa mía, porque a veces no doy más de mí (donde no hay no busques...XD).

    Lo de que te pusieses enferma después del remojón era previsible, yo aún estaría en cama con goteo. Trent es un encanto, se nota que se preocupa por Leona, Sherlock sigue en su estilo, me gustaría haberle visto la cara al encontrarte abrazada a Gertrudis, supongo que inmutable *suspiro y mirada al cielo*. Qué espera que confieses? Parece celosillo de tu relación con Trent.

    Yo creo que, al desaparecer, Sherlock se debió arrancar los rulos de la coronilla XDDD, bueno, no, pero la imagen mental es muy graciosa para dejarla pasar desapercibida.

    En cuanto a los preparativos, para qué quieres ladrillos? como defensa personal? debería yo llevar el bolso lleno de ladrillos? Gran duda existencial...

    Así que tienes hijos!! Qué callado lo tenías!! y cuánto tiempo exactamente llevas "desaparecida"? A mí no me gustan las sotanas, pero hay que dar una oportunidad a todo el mundo...

    Sigue en cuanto puedas, que está muy interesante. Se te echa de menos.

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    1. Y yo que pensaba que estaba siendo aburrida, me alegro de que se opte por la opción "más clara". La verdad es que el capítulo de ahogos fue complicado porque quería que la narración fuera confusa... y de ahí las confusiones con el famoso bicho. XDD

      Tiene especial gracia que justo después de publicar el capítulo de enfermedad me pusiera enferma de verdad, ¿eh? XD
      ¡Celos! Ojalá. A mí lo que me preocupa es que descubra la condición de Trent. XD

      Será nuestra imagen de su reacción oficial. XDD

      Otra que va a ir por ahí a ladrillazo limpio, si es que creo tendencias... XD

      Muajajaja. Todo eso y más en el próximo capítulo... XD

      ¡Ay, por fin he vuelto, ya no hay que echarme de menos! <3

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Cada vez que no comentas, a Yukino le da tal depresión que se tira por la ventana y lógicamente publica menos entradas