sábado, 18 de marzo de 2017

Brillante 29 - Mariposa enredada


La acción ha vuelto a esta casa. XD

Resulta que la noticia gaélica ¡era una trampa...!

¡Hay arañas cerca!

Las ideas preconcebidas habitan nuestros sesos por nuestro bien. Imagínate que te tropiezas con un oso de dos metros surgido de entre la maleza salvaje sin la idea preconcebida de depredador u hostilidad carnívora. ¡No va a acabar bien! Por otra parte, tan nefasto como lo anterior es tener la idea preconcebida equivocada. Imagínate ante ese mismo animal con el osito de peluche en mente. ¡Uy con el abrazo osuno!

Boing boing, boing boing.

- Yo también me alegro de verte y tal, cielito con pajaritos. - juro que articularon mis labios, pero a saber si llegó a sus oídos. Ni una ceja movió.

En cuál de las dos casillas se ubicaría la invencible idea de que al que has conocido como hombre es un hombre se vista como se vista, le sorprendas como le sorprendas y toques las protuberancias que toques me es del todo desconocido, pero estaba claro y transparente que para Trent y Amanda esa idea estaba más que arraigada en córtex, lóbulos y demás masa cerebral.

- No te has esforzado nada. - boing que te boing.

- Para...

Claro que Trent tenía un pase: había sentido en sus carnes mi cacharrito lila. A plena potencia.

Mi Trent, cuyos empapados mechones de bravo pelazo escocés dejaban fluir por su rostro el rastro de esos ríos, gotas oscurecidas por esa tarde de nubarrones sin rayo de sol que se vertían sobre la bufanda que ahora cubría tanto mi cuello y pecho como sus manos sobre mí. ¿Podía acaso ser más romántico nuestro reencuentro? La respuesta es sí. De lejos.

Me quité el guante diestro.

- ¿Que son, globos de agua? - mec, mec - Bolsas de harina.

PLAFAF.

El set de viuda, un chantaje; reencontrarme con Trent con susodicho set, dolor de pechos; el segundo tortazo a propulsión en menos de doce horas, tendría la palma hinchada horas. La carita descompuesta del brazo fortísimo de la ley ante el que quizá fuera el primer bofetón de su vida fuera del seno paternofilial... ¡impagable! Vale la pena esta vestimenta.

Sus cejas alborotadas exclamaban ¿¡Pero quécómoporqué...?!, mis dedos sellaban sus labios para que no pasara de allí, el bramido ahogado de la Scotland Yard llenaba nuestros oídos y la lluvia, casi sin que me percatase, iba clareando. Las gotas que surcaban el hombro excluido del resguardo paragüero disminuían, el vello facial hacía cosquillas a mis yemas desnudas. Y no me emocionaba.

¿Por qué, a pesar de tener a mi amante de estrujantes manos ante mí, solo tu carcajada atraviesa mis tímpanos? ¿Por qué el corazón me bombea desbocado con el trino de tu risa y no con el salvaje toque del comisario? ¿Por qué los ojos se me desvían al paraguas que te oculta, se me anuda la garganta y apenas logro respirar cuando te acercas?

¿Por qué me tienes que hacer sentir que aunque haga mi vida, no tengo nada... salvo tú?

- Se ha hecho cara de ver, "mi señora".

Me salió un gallo.

- Por supuesto, "señor mío". - repliqué con idéntica enfatización... tras carraspear - Al fin y al cabo, si la ausencia hace al corazón más afectuoso, ¿qué hace la presencia?

Sonreía, ¡petulante...! Tragué saliva.

- Has sido muy inteligente. - cabeceé. Estaría contento de destrozar mis sueños de pasar por más listilla que él.

- No podemos ir contra nuestra naturaleza. - aseveró él como quien insinúa Por eso me has tenido aquí plantado cinco días, so corta de entendederas.

A lo que yo quise ladear la cabeza como quien indica Estoy muy cansada para uno de nuestros vigorizantemente picantes toma y daca, pero dicha cabeza chocó, haciendo rebotar neuronas, contra un robusto pectoral que me iba envolviendo con la colaboración de su extremidad.

¡Trent me cogía por los hombros! La arrolladora presión de su brazo traspasaba las barreras físicas de la tela y bañaba mi espalda de tímida calidez. Como si el patatús emocional no fuera suficiente, Holmes tendió sus largos dedos hacia mi cuello... y los enredó en la bufanda.

Entonces Sherly y Trent intercambiaron... palabras. Trent le espetó algo, eso seguro. Y el gran detective asesor debió de replicar algo muy mordaz y muy inglés, con toda probabilidad. No lo sé, estaba ocupada preguntándome ¿¡qué está pasando con estos victorianos?!

Justo mientras esa calidez se me filtraba por la columna y templaba la médula oculta bajo vértebra y vértebra, el buen doctor despegó bigote de labio inferior.

- Señores, somos caballeros ingleses: comportémonos como tales.

Y con el bastón nos separó, uno a uno, hasta dejar al temido comisario bajo la ya suave llovizna que nos chispeaba encima. El estertor colectivo de los subalternos fue igual al mío. Salta a la vista que John Watson se la tendría jurada por el rapapolvo de gritos pasado, ¿sería yo la siguiente?

El agua debió de aclararnos las ideas, porque convinimos en que se discute mejor en caliente y, tras unas pocas objeciones, mi hombretón tuvo a bien llevarnos a su casita una vez listo el detalle del abuso de autoridad delegando sobre los achatados hombros del desdichado agente que desde ese mismo instante se ganó el nombre de Ataúlfo.

Si hubiese echado la vista atrás entonces...

Pero estaba rodeada de mis caballeros favoritos (y Watson), así que no lo hice. ¡Era tan entretenido ir los cuatro juntos al hogar donde a Trent le pude dar, sonreírle a este con los ojos al pisar el pavimento donde le había dado lento, pasar de largo a la vera de Watson el muro donde le había dado duro y sentarme sobre el canapé donde le brindé más que placer junto a Sherly!

Allí había una tensión sexual latente rarísima.

Tampoco es que el pisito de soltero de mi amado amante ofreciese mucho más que tensiones: una guarida mal amueblada, desordenada y gris rebosante de humo, ceniceros, ceniza y colillas, platos por fregar y lágrimas de aspirantes a criada que nadie limpiaría jamás.

La única nota de color era ¡el ron, ron, ron, la botella de ron! que el anfitrión, sin ejercer como tal, se servía en el que sería el único vaso limpio que le quedaba. No dejaba de dar zancadas de aquí para allá. ¿Y el doctor? Tieso como un palo. Solo habíamos posado posaderas Holmes y yo.

Finalmente Watson, sombrero contra corbata, bastón contra costado, muy digno en resumen, tomó la palabra. Parecía que también había tomado el mando, ya puesto.

- Dígame la verdad, Holmes. - se dirigiría a él, pero clavaba la pupila en la mía- ¿Es esta mujer quien colegí que es?

Solo se me verían ojos, pestañas y cejas... no me cabe remota duda de que transmitieron mi opinión. El señor Holmes reía.

- Cierra los ojos y desátate el cabello.

Por un momento sopesé la idea de hacerme la ruborosa y preguntar ¿A-aquí? Sin embargo, Trent ya estaba bastante nerviosillo, de modo que cerré los ojos y me desaté el moño postizo de la coronilla. Cayó sobre el sofá con un ruido suave, sentí los dedos fríos de Holmes por el cuello, estremeciéndome.

Al entreabrir los párpados le vi enrollarse la bufanda en la palma abierta, examinándola. Abiertos del todo, vi las niñas de los ojos de Watson, oscuras como la noche, donde me reflejaba como un insecto repugnante.

- Miente más de lo decentemente aceptable.

Ideas preconcebidas.

- Hago lo que tengo que hacer para sobrevivir, doc. - cejas frente arriba - Como buen veterano me comprenderá, ¿no es así?

- ¡Dantés! - un ¡Dantés! aspirado, como quien siendo aprensivo hasta decir basta articula "retrete" con su propia boca - ¡Jamás comprenderé a alguien como usted!

- Conoce mis métodos, aplíquelos. - intervino Sherly.

- ¡No, Holmes, no! Ya bastante ardua se me supone la tarea de intentar, ¡intentar! comprenderle a usted como para perder tiempo y energías en este abyecto personaje que no concibe en su haber siquiera un mínimo aprecio ni a su hombría. - la duda existencial sobre sentirme o no ofendida seguía ahí - Esa es otra cuestión, Holmes, ¿por qué diantre hemos invertido cinco días en... esto?

- ¡Buena pregunta! - repuse yo - ¿Habéis pillado ya a esa tremendamente huidiza criminal coja?

- ¡Mejor! - exclamó Sherly, extendiendo las manos abiertas al cielo con bufanda incluida.

Ese entusiasmo solo podía significar que había desembrollado el urdido misterio del que yo personalmente ya me había olvidado. Di una palmada muy femenina (provocando el bigotudo tic del medio histérico doctor), seguida de un deliberadamente agudo...

- ¡Fabuloso!

PAM. El comisario había cesado las zancadas de golpe, levantando cierto humillo polvoriento de la moqueta al taconear con las suelas.

- ¿Me estás diciendo que no vamos a hablar del truco que te ha traído hasta aquí? - estalló Trent, como si no me hubiera traído él - ¿¡Cómo te has podido dejar engañar por el mequetrefe este?!

Más onomatopeyas: ¡CRASH! Súbitamente estrelló su copazo contra la pared, dándonos el susto del día y mandando el otrora único vaso aseado al cielo de los cristales a un tiempo. El respingo colectivo fue inevitable, hasta el detective asesor tiene sangre en las venas.

- ¡En serio! ¿¡Cómo?! - señaló a Sherly con índice viril - ¿¡Cómo sabías que semejante truco funcionaría?!

- A diferencia del comisario local y su séquito policial, veo lo que está a plena vista a un palmo de mis narices.

Atragantamiento por mi parte. No vale la pena trascribir la perorata que antecedió a la toma del cuello de Sherly por parte de Trent que yo me apresuré en soltar a golpe de manos histéricas, que eso parecía una de las técnicas de goma goma de Luffy. ¡Nada de acción, nada de violencia, por favor!

- ¡Basta Trent!

Al final me tuve que interponer en modo escudo (gracias, faldas, por tanto bulto)... y se hizo el silencio. Un silencio sólido, tenso, fatigoso. Trent me contemplaba, desencajado, con negras pupilas evocadoras, el abismo que devuelve la mirada.

- ¿No me vas a decir la verdad?

Abrí la boca. Luego la cerré. La verdad es contraproducente.

- Coge a tus amigos y vete de mi casa.

De no tratarse de tan ridícula situación se habría podido inmortalizar el momento justo en que me rompía ese amasijo de carne negra que es mi corazón. Ideas preconcebidas, lector mío, ideas preconcebidas. Watson se lamentó de haber sido clasificado en el cajón de amistades de alguien sin ápice de honor o vergüenza como yo, a Sherly le dio igual y yo apenas si pude comentar que acabábamos de llegar.

Luego Jonny insistió en que no saldría a la calle con un travestido, me subí la falda para horror suyo y lancé los pantalones y mocasines que llevo colgados de las faldas para emergencias (bajo ese aluvión de telas soy un móvil andante, no sé cómo no tintineo). Trent se había apalancado en el muro donde le había dado duro, no era digna de su mirada.

- Cámbiate y vete.

¡Cómo había degenerado la cosa! Así que me metí en los aposentos del que me parecía el hombre más melodramático del mundo, un cuartito con ropa amontonada encima y alrededor de una silla, una mesita que haría las veces de escritorio, una cama grande con material donde esposar y un ventanuco que servía más de respiradero que otra cosa.

Dejé de ser Leonor, volví a ser Leo, seguí siendo Leona.

Puesta en mi vieja piel, caí en la tentación de asomarme al trozo de Londres que ofrecía el ventanuco. Luego fue un error para mí, ¿pero quién se resiste a asistir a ese milagro británico que es que al fin amaine? Alguien inteligente.

Cuando volví al salón descubrí que la vestimenta no había sido más que el pretexto para huir pies para qué os quiero por parte del emocionalmente exhausto doctor. Sherlock me esperaba en la puerta con el pomo en mano, Trent seguía cara la pared. Nos fuimos sin decir adiós.

¿Por qué nos fuimos solos y a esas horas? ¡Qué confiados! ¡Qué bobos! ¡Qué poco brillantes que somos!

Lo primero fue el sonido. Toc, tococó, toc.

Lo segundo la inofensiva inofensiva de la conocida silueta al final del callejón de turno, recortada en claroscuro. ¡Ser Thomas! Veo que su escayola opera como ella sola.

Lo tercero el ataque. Golpes, resistencia, inmovilización, besar la acera, contar como baja atada y amordazada. ¡Sherlock boxeó! Pero...

Cayó. El restallido del golpe hizo patente que como mínimo lo habrían dejado inconsciente, inerte, inánime. Tuvo suerte. A mí me tocó el saco negro.

Continuará...

Quizá pesabais que la cosa no podía ir a más. XD

2 comentarios:

  1. Está claro que Trent y Amanda son de ideas fijas y no los sacas de ahí ni a tiros xD Me duelen las tetas a mí de pensar en Trent con el "boing boing", se tiene la leche bien merecida xD

    Bueno... Ataúlfo xD Este ya es el ¿cuarto? de su nombre.

    Watson utiliza el bastón para separaros y si tuviera wifi con tal de no tocaros, lo usaría xDD Se ve que ya está harto de todos vosotros xDD Eso es lo que pasa cuando convives con el detective más brillante del mundo, conoces a una viajera del tiempo travestida y a un comisario que te deja tieso de un berrido.

    El pavimento, el muro y el canapé... esto se comenta solo xDDD * club del casi ictus *

    Trent y Amanda tienen bastante en común, menudos dramas se montan alrededor de su crush xDD

    Cómo me dejas así, malapersona!!!

    No recordaba que Sherlock boxeaba xD Un hombre polifacético a pesar de que no dé importancia a cuestiones como el heliocentrismo xD





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    1. Y los dos igual de violentos, que una me arranca la ropa y al otro le da lo mismo la tela y el público presentes. XD
      En su defensa debo alegar que creía que ese par de miembros de pechonalidad ni sentían ni padecían. XD
      La mano en carne viva, entre unos y otros. XD

      ¡Salen de la nieve como setas! XD

      John Watson, ese sufrido héroe sin capa del que nos olvidamos. Pero es que se lo busca. ¿Qué quiere? Tranquilidad porque tras su experiencias bélica tiene los nervios destrozados. ¿Con quién se va a vivir? CON SHERLOCK HOLMES. XD

      No podía faltar recuento amoroso, ya que pasábamos por casa del comisario. XD

      Es preocupante cuánta razón tienes. ¡Pero DramAmanda no precisa a su flechazo para dramatizar! Aunque como el dinero que no da necesariamente la felicidad, le ayuda mucho. XD

      ¡MUAJAJAJAJA! XD

      Y eso que por más que él insista en heliocentrismo es útil e importante en la vida cotidiana cono un buen puñetazo en el costillar. XD

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Cada vez que no comentas, a Yukino le da tal depresión que se tira por la ventana y lógicamente publica menos entradas