viernes, 25 de noviembre de 2016

Axia 06 - Música


¡Hace dos siglos que no publico nuevo capítulo de Axia! Lo siento, estaba tan quemada... sin embargo, nunca es tarde si la dicha es buena, ¿verdad que no? ¡Cómo que sí!

Dejamos las cosas, allá por el siglo pasado, en un capítulo en solitario de Ina, que entre bufidos a hechiceras, nekkers, Iorveth y Leto ya tenía el día echado. Ina sin Riri, cosa casi inconcebible. ¿Adivináis qué toca ahora?

¿Quién es más misterioso que el narrador?

Riri, he encontrado tu borrador, ¿a que te creías que no me atrevería? No haberlo escondido tan mal, si yo no tengo derecho a la intimidad tú tampoco. No hace falta ser un monstruo de la naturaleza para darse cuenta de la fijación que tienes por un sombrero que se supone que ni siquiera te gusta, que llevas sobre la melena "irónicamente" y que proteges de mis tijeras con pobres excusas. Igual que te cosí las orejas de conejo en él para darte el toque puedo descoserlas y recoserlas en otro de tu gusto.

En fin, que este ojo mío lo ha devorado y, por más que me quite el postizo ante tu arte, no te vas a librar de mis quejas. Tú, abanderado de la verdad, acomplejado de Jaskier, ¿se puede saber qué has hecho con el capítulo cuatro? No me voy a quejar de que airees mis debilidades dando pie a que algún tunante las aproveche, que debería, pero a estas alturas qué más me da. No, ¡lo que me duele es que borraras el biombo!

Bien sabes tú que interpuse el biombo entre los dos, ¡pero no, hala, desvestimiento gratuito! ¿Qué culpa tengo yo de que el mueble estuviera agujereado? Sí, me percaté. Quién iba a pensar que tendrías ganas de fijarte hasta de cuántas muelas tengo en la boca con lo cerca que estabas del ictus, me mirabas con cara de Me vas a defenestrar. Una se fía.

Si he de ser sincera como siempre lo soy, la verdad verdadera es que tu forma de describirme es tan tierna, el modo en que te imaginas las reaccionas del público tan remonino, que mi vanidad está satisfecha incluso cuando te entra la pataleta y te pones a llamarme tonta de capirote, te comería enterito.

Hay una cosa, no obstante, que sí merece mi indignación: tú. Te omites continuamente. Vale que se supone que soy la protagonista, pero ¿acaso no eres tú mi camarada? Siempre presente a mi vera y ahora me encuentro con que en tu borrador no has querido aprovechar la oportunidad de presentarte al mundo narrando los días que pasaste en solitario.

¿He de recordarte otra vez que eres el "abanderado de la verdad"? Sé que no te gusta hablar de ti mismo, eso son cosas del presumido de Jaskier que está hecho un fabulista, que tal y que cual... para eso estoy yo. ¡Quién mejor que tu mejor amiga para dejarte estas paginitas agregadas al borrador y completártelo!

Tu rivalísimo me contó todo punto por punto, y luego el enano al que te empeñas en llamar "su secuaz" a ratos pero que el resto conocemos por Zoltan me desmintió los... adornos. Ahora como no entiendas mi letra temblona menuda risa.

Quién sabrá salvo tú qué harías cuando me reencontré con Leto. Conociéndote, tras esas tres primeras semanas intensas que habías vivido pegado a mis faldas seguramente ni saldrías del cuarto. El corazón me dice que tuviste tu rato sentado en la cama mirando las musarañas con esas dos esmeraldas que tienes por ojos. ¿Qué si no? Te había destrozado el laúd, no podías practicar, y nunca te he visto escribir sin tu laúd cerca.

Algo me dice que todavía me guardas rencor por eso. Nunca has dicho nada, pero yo lo sé. No se me olvida ese disgusto en tu verde mirada, ese fruncimiento de naricilla y boca, cómo alargaste la mano a las astillas en el aire. Por suerte te compensé, ¿no? Tampoco se me olvida ese rubor de ensueño cuando te di el laúd élfico que le robé a golpe de Axia al scoia'tael Ermeguncio, cómo me sonreíste mientras toqueteabas con las yemas la cabeza de conejo que tanto trabajo me había costado tallas en la cúspide del mástil, poco más y me muero de amor.

Te dije que era para que no te olvidases de mí. No me creíste, era verdad. En tus borradores me pintas cariñosa contigo, como si te hubiera brindado mi amistad sin tapujos desde el principio. La realidad es que yo no daba ni medio cobre por ti, no esperaba nada de ti.

No te enfades, simple y llanamente tenía la certeza de que más pronto que tarde se te despertaría el impulso vital. Los humanos sois así: os arrimáis a una moza, engendráis seis o siete vástagos y decís adiós con la manita al bicho raro.

Por supuesto que ya te había cogido cariño, ¿cómo no hacerlo? Lo pones tan fácil con esas mil caritas que gesticulas cuando quiero asustarte, esos ojazos color hiedra que me dedicas admirado al contarte esta no tan entretenida vida, esa sonrisa senpenteante si te suelto alegremente que he degollado a algún pobre diablo y ese rubor fácil en tus pellizcantes mejillas, ese que a veces te sube hasta por la naricilla cuando alabo, con razón, tu música. Adoro tus manos, los dedos alargados que paseas por las cuerdas. Eso sí que es magia.

Vaya, al final vas a tener razón con que soy una charlatana. Meh, ya lo tacharás.

Como iba escribiendo, tú sabrás qué hiciste esa mitad del día. La tarde, no obstante... la conoce más de uno, pilluelo.

Salista de la taberna carente de sillas, dirigiste tus pasos a la plaza. Llevabas contigo el aire ausente propio de aquel que no sabe qué hacer con su tiempo. Normal, ¿qué entretenimiento hay en ese pueblucho de Flotsam que sea apto para los normales? Emborracharse y poco más. Luego que por qué hay tanta ejecución pública semanal.

Diversas fuentes me confirman que la luz incidió en ese pelazo rubio al sol que tanto te envidia esta pobre teñida, lanzando destellos que atrajeron a la asaltacunas. Si es que una cabellera soleada causa estragos...

Me niego a creer en que te fijaras en las bamboleantes caderas que la muy fresca se puso a agitarte en las narices y estoy segurísima de que lo que estabas mirando con tanta atención era el tatuaje aquel tan estratégicamente ubicado y no el escote.

- Tómame, soy tuya. - debió decirte la ofrecida.

- Señora, que para usted soy menor de edad. - deberías de haberle replicado, caray.

Pero nada, ella se ponía ofrecida y tú te viste obligado en diez minutos de conversación, qué poco aguante. Te lanzó un sortilegio manipulador de los suyos, ¿verdad? Fijo que sí, de otro modo mi peque no se habría ensuciado los labios, con lo que te tengo advertido de los peligros de pasear la boca por donde no toca, que luego pasa lo que pasa y ¡pum! Acabas como Saskia. Malditas hechiceras y malditos sus hechizos que perturban el libre albedrío de los dos demás, esclavistas que son, los brujos les damos mil vueltas.

¡Y tú vas y la besas y la abrazas con las mismas manos que compones mi música!

Bien pensado, es natural que no quieras hablar sobre eso. Pero de tus encontronazos posteriores allá por la mañana siguiente sí que podrías decir esta boca es mía, ¡mejor amigo de brujo contra mejor amigo de bruja, músico contra músico, crónico contra crónico! ¡Qué gran cantar se pierde el mundo!

Amanecía. Los pájaros trinaban, los borrachos dormitaban por las esquinas, los rayos del sol se colaban por las rendijas de las ventanas, atravesaban las cortinas y bañaban tu cuerpo y el suyo. La luz resplandecía de nuevo en tu cabellera descubierta a riesgo de atraer a más urracas como la que respiró a tu vera. Desnuda te achuchó, acurrucándose con un mmm~ remolón, o la achuchaste tú tomándola por peluche. Achuchados y en pelotas, seguro.

Se abrió la puerta de un portazo.

Diste tal respingo que Sheala cayó de la cama, ¡ja!

A los pies de la puerta rodaban tres bultos entrelazados, cuchicheantes e indecentemente risueños para la madrugada. Entre la bruma del despertar viste mucho de lo que a mí me falta: delantera. Y te fijaste. Esa figura de hombre te era familiar...

- ¡Ups! ¡Este cuarto no es!

Si se hubiera quedado ahí en lugar de atreverse a aquella desfachatez... El escarmiento se lo merecía, ¿para qué arrepentirse ni sentirse mal?

¿Cómo íbamos a saber que por nuestra justicia poética lo mandarían ahorcar?

Continuará...

¿Verdad que la imagen de este capítulo es absolutamente perfecta? Es justamente mi imaginación hecha cuadro, la imagen mental que tenía de él y encima con el plus del laúd y el sombrero. ¡ES PERFECTO! Ni yo me creo la suerte que tengo. ¡Ina y Riri son el dúo definitivo!

lunes, 10 de octubre de 2016

Brillante 25 - Alúmbrame


¡Brillante cumple un año en emisión! Y así estamos con el Leonock. La verdad es que ha avanzado bastante, pero comparado con el Trenna que me la lleva a la trena como que parece poco. XD

Bien, antes de empezar, una pequeña aclaración que los comentarios del capítulo anterior han hecho necesaria: el bicho "de cinco patas y cola gruesa" es ¡¡una mano!! ¡La mano de Trent, para más señas, malpensadas! Si es que os tengo malacostumbradas y ya veis perversión donde no la hay. Aclarado lo dicho...

Una Leona rescatada, cabreada y medio muerta de frío, un Sherlock que continúa empeñado en la sutileza extrema por expresión emocional, un Trent inquieto, heroico, apasionado que te hace gritar ¡ah, mi diabetes!, una ¡maldita lisiadaaa! a sus anchas y una promesa de desaparición leónida. ¡Cómo está el percal! ¿Qué nuevos hilos tejerá este telar?

La luz me aguarda.

El frufrú de las faldas que barría las baldosas al pasar, el crepitar de la llama de las velas, el goteo suave de su cera, el gorjeo del único pájaro que parece sobrevivir en la sucia ciudad. Solo esos sosegados sonidos hacían música con mis tímpanos. A eso yo lo llamo silencio, así que sigilosa me interné entre los asientos con reposarodillas de azul terciopelo barato delante.

En ellos me postré, como postrada había estado no hacía tanto sobre mobiliario más blando, y cubriendo con el negro velo agujereado de bordados la zona reservada a juntar las manos, saqué la libreta nueva. La original se había extraviado junto con diez o veinte cachivaches más el aciago día tamesino, ah, embolsillada chaqueta de mi desventura, y no creía que la fuera a recuperar. Tras mirarla, torcer el morro, remirarla y colocarla, desenterré el lápiz del escondite y comencé a escribir. Supuse que no se notaría.

No desaparecí en seguida, entre otras cosas porque tras el hielo me llenó el fuego.

El remojón y su consecuente hipotermia dejaron K.O a ese mal ejército mío de glóbulos blancos, dando paso libre a las tiritonas, las toses, las fiebres y sus grandes amigos del alma los delirios de 40º. Enferma, sola, alimentada a base de zumos, leche con miel, caldos y hasta té de limón y en la más profunda y lógica depresión: el peor cumpleaños de mi ahora triste vida.

No es una época que me guste recordar. Me permitirás que te la resuma, lector benévolo, en que la primera semana de mediados de diciembre me la pasé negándome a que el matasanos pisara mi casa y aterrada por la estadística probabilidad de haber contraído pulmonía, que a saber qué tendría realmente, quizá un simple resfriado con el desbarajuste emocional mezclado, no agitado. En que la siguiente semana parecía restablecida pero preferí prevenir.

Lo más entretenido fue lavar e intentar que se secara de una maldita vez la esponja que me fingía pectorales y tableta de chocolate (pagué caro dejarla fermentarse en el batiburrillo de ropa empapada)... y las visitas. Trent me alegró con su presencia dos veces y vaya una a saber cómo se contagió terriblemente. Sherlock, para variar, no fue tan agradable. Para empezar, me sorprendió cuando me abrazaba al busto de Gestrudis buscando consuelo en esas pecas que me recuerdan a mi mami y la pobrecilla hacía lo que podía acariciándome el flequillo en un ea, ea.

Vaya, qué incómodo. Era un momento íntimo, Sherly, por favor, que no me dejas ni regodearme en la autocompasión y una tiene necesidades. Deprimentes. Como de costumbre, mi cara de Déjame en paz, déjame vivir no pareció importarle lo más mínimo, de modo que ahí lo tenía. Pasando por alto la escena Quiero y necesito a mi mamá, así como el hecho de que estaba en cama o la pertinente explicación de cómo puñetas había entrado en casa, acercando la silla a mi vera y trayéndome las noticias de que no había noticias de la maldita lisiada.

Oí el romántico arrullo del palomo haciéndole la corte a la paloma, ¿se habrían colado dentro a beber agua bendita? Seguí escribiendo.

Le rodeaba un aura densa, de interrogatorio. Pues si se pensaba que de mis labios iba a salir una confesión iba listo, para tal menester se precisan lámparas con bombillas de muchos vatios. Sinceramente (eso que solo sucede sobre estos papeles), no entendía tanta paranoia por parte de los dos hombres de mi vida londinense hacia esa mujer, solo de imaginármela cojeando hacia la libertad me parto, pero... ¿nada?

- Deberíamos de haberla dejado espachurrada entre las tablas. - se le escapó a mi ronca voz.

- La reflexión, ente dignísimo y muy señor mío, tiene el mal vicio de llegar retrasado, por lo cual solo sirve para amargar gustos y adobar remordimientos. - repuso él, con aquel deje burlesco tan suyo que si te descuidabas casi parecía serio.

- Qué me vas a contar. - mi mejilla es prueba física - Volviendo a la jamelga... no me mire así, caballero, solo la llaman "la del corcel" los finolis que pelan plátanos con cuchillo y tenedor, y estoy pachucha además de cabreada y no tengo ganas de gastar energía en cortesías, déjeme, déjeme. ¿Qué decía?

Él me galardonó con una mueca, cómo olvidarlo.

- Sospecho que pretendías ilustrarme sobre la dama de la noche.

- Oh, sí. Más bien no. Simplemente iba a comentar que en realidad es una verdadera suerte que la policía haga tan mal su trabajo, así los criminales como yo podemos disfrutar de la vida.

Una mirada suspicaz.

- Suponía que con ese fin mantienes esa "amistosa"  relación con el comisario. - prácticamente vi esas comillas, tangibles, abofeteándome las pestañas. Vaya, vaya y hasta oyoyoyoy.

- ¡Ja! ¿Quién sabe?

Le tomé la mano que reposaba sobre su rodilla. No la apartó. Qué calentita. Me puso la otra encima. Guau, me subía la manga. Pero para echarle un vistazo a la titilante pulsera... Tirón por mi parte. La ninja sin capucha de Gertrudis salvaje surgiendo de la nada y vertiéndole un té muy efectivo encima como quien no quiere la cosa. Movimiento. El escaldamiento singular pasó a plural. En resumen, gritos, diversión y la idea que subyace en el fondo de este cráneo mío de que Sherly "perdió" el interés en mi pulsera porque sin ella...

El palomo le hacía el amor a la paloma, envolviéndola en su grugrú dulzón de ave lasciva. Envidia aviaria.

Finalmente salí a la calle abrigada como nunca durante la víspera de las Navidades, temporada triste pero ideal en la que aproveché el frenesí mercantil para cumplir la palabra dada sin levantar sospechas. Ajá, la palabra dada. Sí, esta mentirosa la iba a cumplir. No por cuestiones de honor, ya no tengo de eso, ni mucho menos por esa absurda manía conspiranoica de mi chicarrón escocés ante un enemigo escasamente temible, sino por una serie de buenas razones que se pueden resumir en dos.

La primera, que me parecía una oportunidad estupenda para poner en práctica mi plan de escape para emergencias. La segunda, que me apetecía satisfacerme el capricho de averiguar qué pasaría cuando el detective asesor me viera desaparecida sin previo aviso. ¿Qué haría? En las fantasías extremas de la duermevela, esos intervalos interminables y soporíferos en que lo único por hacer es bucear en la blancura del techo, he llegado a coger la trenza de mi pelo para dibujar en dicho lienzo las hipotéticas expresiones que le adornarían el afilado cuchillo de sus facciones.

Primero el muy incompetente emocional movería alguna ceja, la diestra por decir algo. Siempre. Después... Quizá sería como la primera vez que poco más y pierdo la vida, le brillarían los ojos como cuando se le presenta el desafío. O quizá se lavaría las manos exhalando un suspiro que gritara alivio. O quizá alzaría al cielo los témpanos que tiene por ojos en un alarido interno de ¡PIII! ¡Incluso pudiera ser que la noticia lo pillara en cama y se arrancase los rulos de la coronilla! Ejem. Mi imagen mental teórica favorita.

Si a todo lo anterior lo regamos con el ceniciento licor de hacer feliz a mi brazo fortachón de la ley, ¡cómo negarse a desaparecer!

Total, que me dediqué a preparativos aburridos: preparar maletas, guardarme ladrillos, ir al sastre, comprar mucho fruto seco, pedir permisos a la abuela de Chip y Chop (denegados), pertrecharme de chelines, ir al Club Diógenes a darle explicaciones a Miaucroft (se había olvidado de mí), adquirir cosméticos no venenosos y por último y por ello menos importante informar a Gertrudis de que estaría de viaje una temporada. Se lo tomó fatal.

Que si ahora no puede hacerme esto, señor, que con qué gaitas me vienes ahora si hace una docena de capítulos que no dices esta boca es mía, que si se me pone a llorar, que ojos que no ven corazón que no siente y yo me largo de aquí.

Ya en la calle y una vez cruzadas cuatro palabras y un gesto obsceno con la racista de la vecina que me recriminaba que discutiese en "ese sucio idioma", y yo qué quiere que le haga, señora, si el traducelotodoinaitor va por libre, como el animal que tropieza veinte veces con la misma piedra que soy, viré hacia un callejón en mi defensa diré que bien iluminado y...

Pasos. Una ruidosa suela de zapato lejos de mí, cerca de mí. Una feligresa con mucho tiempo libre, quién si no a esas horas. Quise seguir dándole acción al lápiz.

La calidez de un aliento en la nuca.

- ¿Rezando sus oraciones?

RRRRRAS, papel a hacer gárgaras, lápiz volador colisionando con la ceja, viva la suerte de tu puntería señor Madera y mina de grafito, impacto de cadera entre baldosa y baldosa, velo revoleado, faldas a lo loco aquí y allá, una aspiración ajena.

Frío y dolor punzante extendiéndose por la pelvis desde el costado impactado como aunados en una conspiración de irritación conjunta, los ojos de él clamando al techo como murmurando ¡Se ven los tobillos! ¡Indecencia!

Los primeros pensamientos, para la hoja que había sufrido rayón y rasgón a partes iguales antes de ascender al cielo de la papelería, lo que me obligaba a pasarlo a limpio. Eso me pasa por aplicar tanta fuerza, no, si ya me estaba descoyuntando con la posturita, había sido mejor así. Los segundos: ¡el velo!

Rauda y veloz me senté sobre mis rodillas para recolocármelo, dejando en el ínterin las faldas dementes en modo negra flor. Luego froté la palma contra el hueso golpeado, entre flor y flor bordada fijé la vista en el culpable.

Vi los zapatos color ala de cuervo acabados en punta que seguramente tendrían nombre propio pero que me partan si sabía cuál era, unas piernas semi-interminables cubiertas por la sotana, un busto masculino agradable, todo negrura hasta llegar al alzacuellos que daba paso a una piel tan nacarada como la mía. La nuez prominente, rasgo varonil donde los haya y la sal de la libido cuando hay alzacuellos de por medio, recortaba silueta que era un gusto.

Aunque no era una silueta que me agradase en exceso, demasiada pureza griega para mis inclinaciones. Desde la recta frente que no se sabía cuándo se juntaba con la recta nariz hasta boquita y barbilla. Armonía de más en mi opinión, de esa que hace que te preguntes si también su botafumeiro tendrá el tamaño de las esculturas clásicas.

Era como estar ante un pedazo de mármol sin vida, bonito para decorar, pero nada más. De no ser por la sotana, claro. Las sotanas en un buen maniquí son como poner los glúteos de Sherly en tu vida, te alegran la existencia.

El perfil griego no me miraba. Aquel sacerdote alto, esbelto y treintañero dirigía el azul marino de sus ojos al portón. De tanto mirarle las tupidas pestañas y la aureola de rizos rubios que coronaban frente de marfil y cejas juro por Dios que depiladas, tardé en darme cuenta de que lo que captaba tanta atención eran mis hijos.

Él también tardó lo suyo en tener la delicadeza de tender su mano desnuda a mi guante de cuero, a ver si se pensaba que era fácil levantarse con ese mamotreto. Tiró de mí y, tras el impulso, aprovechó la unión para celebrar el besamanos.

- Doña Leonor.

- Padre Saint John.

Continuará...

¿Qué artimaña habrá usado Leona para desaparecer? ¡Las pistas están ahí! Aunque da igual adivinarlo o no, porque se desvelará en el próximo capítulo. Por lo demás, un moreno, un castaño barbarroja y un rubiales entran en un bar... ¡Ya tenemos la paleta de colores naturales completa!

¡Espero que os haya gustado! Voy a intentar publicar los siguientes capítulos más rápido, tengo unas clases con el decano que no sirven absolutamente para nada y aprovecho para escribir. Si no lo consigo... lo siento, hago lo que puedo.

Por cierto, ¿no os encanta el contraste entre la imagen del capítulo anterior y esta? Son diametralmente opuestas, incluso en las posturas. XD

martes, 27 de septiembre de 2016

DA:I - Escalando el muro


¡Saludos a los que pasen por aquí! He estado bastante enferma esta semana pasada, calamidad. Cómo envidio a los Lobeznos de la vida que van por ahí con una salud de hierro.

En fin, para celebrar la recuperación de esa cosa tan transitoria llamada salud y el éxito de la última entrada, he aquí una desternillante tira de, cómo no, Dragon Age: Inquisition. El título es un juego de palabras con con wall (muro) y Blackwall (muro negro, ya imaginamos qué (͡ ͡° ͜ ʖ ͡ ͡°)).

La cara de "Pos vale" de la Inqui... XD

domingo, 11 de septiembre de 2016

Mystic Messenger


¡Madre mía! No puede ser, ¿será...? ¿Después de DOS años y un puñetero mes, será...?

¡Lo es, damas y damiselas que ya me habréis abandonado hace tiempo, la mano de la productora y escritora de las espero entretenidas y exhaustivas críticas de Starstruck LoveForbidden Love, The Cinderella ContractIt's Our Secret y Sweet Scandal que soy yo misma ha vuelto con motivo de llevar a cabo entusiasmada perdida la flamante crítica de... ¡Mystic Messenger!

Este tipo de entradas pertenece, cómo no repetirlo tras los dos siglos, a la sección Videojuegos que me alegran el día, pero para facilitaros la vida en caso de que queráis verlos todos sin que se mezclen con el par de juegos de otra clase, también se separa en la subsección Juegos Otome para el móvil. Explícito. No tiene pérdida, pero para que no os preocupéis lo voy repitiendo en cada entrada.

¿Y qué juego es el que me ha traído de vuelta a la acción reseñera después de tan largo lapso de descanso? Ni más ni menos que el maravilloso, innovador y francamente una alegría para las retinas por cansadas que se queden a las ocho horitas de nada que aquel cuyo nombre ya he mencionado hace dos párrafos...

Como una ola,
esta joya llegó a mi vida~♪

Los juegos de citas para móvil son una cosa curiosa. Al principio, como en un baile de cuento de hadas, te enamoras. No necesitas más que idea y ambiente para dejarte conquistar y, poco después, te consume el síndrome de Pokémon y quieres apoderarte de todos y cada uno de los que hay disponibles a riesgo de sacrificar la capacidad del cacharro que alguna vez usaste como teléfono. 

Con el tiempo, sin embargo, te percatas de que disfrutado uno, disfrutados todos. De que estos otomes son espejos unos de otros y te hacen perder la juventud esperando a que te den puntos de acción o billetes o cualquier otro método fragmentario para pasar de capítulo. Pasa un día, luego otro, y cuando te quieres dar cuenta los abandonas porque no te suscitan más que hastío, pereza...

Y un buen día, de pura casualidad, te encuentras con una joya que te rompe las reglas establecidas, que sobresale, que se deshace de todo aquello que te incordiaba de los demás y te inunda con algo sencillamente... refrescante. Como una ola~♪

¿Cansada como lo estoy yo de los juegos de citas para móviles supuestamente gratuitos que te presionan para sucumbir a las microtransacciones para acabar con esta tortura? La compañía coreana Cheritz🍒 comprende nuestro dolor y lo rentable que es, pero en lugar de sacarnos los cuartos a punta de príncipes 2D nos ofrece algo de calidad. Y me gusta tantísimo su jugabilidad que en lugar de abrumaros con las imágenes que Mystic Messenger reparte a espuertas ¡voy a poneros las capturas del juego propiamente dicho!

Ahora bien, lo primero es lo primero: vamos con la sinopsis en cursiva de mi puño y letra de teclado, seguida por la explicación sobre el funcionamiento básico, cómo son los personajes y cómo las características que lo definen en conjunto, los puntos buenos y los malos, así como mi propio punto de vista diseminado aquí y allá.

La sinopsis.

Érase que una chica indefinida cuyo físico u ocupación laboral/estudiantil importan un pepino está un día tan tranquila trasteando con su teléfono cuando, ¡de pronto!, recibe el mensaje de un desconocido llamado Desconocido, quien le dice que ha encontrado un móvil perdido y le pide a la indefinida que vaya a una dirección concreta para devolverlo.

Érase que la muchacha, aunque tenga opciones de diálogo para resistirse, acaba yendo a la dirección y termina en un apartamento cuya cerradura es una contraseña que Desconocido le facilita. ¿Qué hace nuestra protagonista? Pues de perdidos al río, entra para adentro y encuentra una aplicación muy especial... el chat de la RFA ("Rika's Fundraising Association").

Érase una protagonista que se apunta a un bombardeo y también al selecto grupo, donde se encargará de la organización de las fiestas benéficas y, cómo no, de encontrar el amor... o no, pues esa es tu elección. ¿Quieres enamorarte? ¿Cultivar una refrescante amistad? ¿Resolver el misterio? ¿Quieres ser inteligente y amable? ¿Prefieres ser insensible y de las que se quejan de que el sol se refleja en el agua? ¿Optas por ver el mundo arder? Tuyas son las elecciones y tuyas las opciones de diálogo.

Así empieza una historia de amistad, amor y diversión que se deja de gaitas y desmantela la pesadez establecida por los predecesores del género otome. He visto excusas peores para sumergirnos en la aventura, ¡vamos!

Afafaf La jugabilidad.

¡Por fin! Esta jugabilidad me ha enseñado una vez más la diferencia entre "simple" y "sencillo". En general las mecánicas siempre son simples en este tipo de juegos, pero Mystic Messenger es sencillo. No te hace perder el tiempo en ponerle ropita a tu avatar ni en jugar a ruletas ni en esperar premios diarios: todo eso sobra. A Cheritz🍒 le basta con ofrecerte una diversión desnuda.

La kinestética (o sensación de juego) directamente no existe en el 90% de Mystic Messenger. Por supuesto, debes someterte a la fantasía a la que te invita, pero la mayor parte del tiempo solo eres tú y tu móvil. Este messenger místico aprovecha al máximo su condición de aplicación de móvil y basa su jugabilidad en el chat, los sms, los correos electrónicos y las llamadas telefónicas. ¿El otro 10%? Pues son pequeñas escenas de novela visual que literalmente se titulan "Visual Novel Mode" y en la mayoría de las cuales no intervienes, cuya función es conocer más a fondo al objetivo personaje.

Ni siquiera tienes que romperte el alma en acumular ni puntos de acción diarios ni sucedáneos, la cosa sucede simple y llanamente tal que así: el elenco de personajes escoge una hora y minutos X para charlar sobre algo (el argumento) y tú solo tienes que estar presente para intervenir. Como la vida internauta misma, como en un grupo de chat cualquiera, solo que te salen corazones del color de tal o cual personaje cuando respondes a su gusto y te ganas su respeto. Cuando terminé la ruta de Zen tenía más de ochocientos, no es difícil.

Lo mismo ocurre con los sms (con los personajes), los correos electrónicos (con los invitados a la fiesta que van saliendo y a quienes tienes que enviar tres respuestas correctas para que acudan) y las llamadas telefónicas (con las voces en coreano de los personajes gracias a Dios subtituladas), aunque estas últimas en menor medida porque las intervenciones son opciones de diálogo escritas por motivos obvios de facilitar las cosas a ambas partes, tanto al juego como a la jugadora (se siente, minoría varonil).

Podría decir que destaca el hecho de que todo ello sea a tiempo real durante los once días que dura cada ruta, pero en lo que verdaderamente sobresale en Mystic Messenger es la naturalidad. Todos los personajes se comportan de forma muy humana. Cuelgan fotos, cambian su avatar y frase de perfil constantemente, te envían mensajes para regodearse en la broma que acaban de echarle a otro personaje confabulados contigo, te hacen confidencias, estés presente o no tienen sus propias dinámicas con el resto... casi parece un chat de amigos real, es decir, es una ¡buena simulación! Y eso es más de lo que puedo decir de la mayoría de juegos de este género, incluso como fan del mismo.

La jugabilidad continúa~

Argumento y jugabilidad están tan estrechamente ligados que no puedo más que aplaudir... y comentar un poco ambos a la vez. Todos excepto la prota porque es más austera tienen a su disposición una serie de herramientas visuales para el chat, pero lo usan de forma distinta acorde a su personalidad.

Cada personaje tiene su forma de expresarse, sus emoticonos, sus bocadillos (por ejemplo, Zen, presente en la imagen de arriba, usa estos bocadillos de corazoncitos cuando se pone a flirtear contigo o con su reflejo en el espejo y quién puede culparle, mientras que Jumin utiliza un bocadillo con rosas blancas cuando quiere sentar cátedra o hablar de su gata).

En resumidas cuentas: el otome ofrece una nueva sencillez en su jugabilidad que no pone a prueba nuestra paciencia, las rutas duran lo justo y necesario para que no queramos fregar el asfalto con el teléfono, los chats, llamadas y demás son lo más natural que te puedas encontrar y la propuesta es la mar de original.

¿Dónde está el truco? Cheritz🍒 sigue siendo una compañía que quiere ganarse un dinerillo, ¡a mí no me engañas! De acuerdo, lo admito, hay una cosa llamada hourglass ("reloj de arena" de toda la vida) que puedes acumular o comprar para lo que confesaré en unos párrafos más abajo.

Pero, a diferencia de mil y un hermanos del género, no nos lo restriega por la cara haciéndonos la vida jugable imposible, sino que simplemente tiene bloqueadas dos de las rutas (Jumin y 707) y los after endings, cosa que con los fallos de sistema ocasionales que hay se puede conseguir gratis sin matarse porque se suelen disculpar dándote relojes.

Ahora bien, pese a todas las mencionadas bondades o mejor dicho a causa de ellas y añadiendo que por lo general las opciones de diálogo están bastante claras (¿qué eliges, ser una borde insensible egoísta o una adulta amable y comprensiva? ¡Premio!), los desarrolladores debieron pensar que sería demasiado fácil pasarse el juego tan ricamente, de modo que lo hicieron... MUY... exigente.

Tienes chats, la sal del juego porque en ellos reside el argumento y tus elecciones para escoger romance o amistad y llegar al final feliz... cada dos... por tres. Por supuesto, eres libre de dejar que los personajes hablen entre ellos sin interactuar ni estar obviamente presente, pero si te da por saltarte los chats de madrugada los once días seguidos, ¡PUM! Bad ending. Y hay un surtido de esos.

¡Ajá, lo has adivinado! Para eso están los relojes de arena, para revertir el tiempo y asistir a esos chats que te has perdido por no estar enganchada al móvil con una guía de horarios en mano. No obstante, como aquí todo va a pedir de boca, una se puede ahorrar los cinco relojes que cuesta cada chat perdido simplemente estando pendiente o cofofofmanipulandoelrelojdelmóvilcofofofofof.

Los personajes. 

Y vamos con los personajes que, como ya he dicho a bombo y platillo durante el comentario de la jugabilidad más largo que he escrito nunca, ¡son de lo más humanos! Si los humanos fueran modelos sexys en 2D. No obstante, debo decir que la que más me ha impactado es la protagonista. Es. Inteligente. No solo inteligente, ¡es divertida! ¡Chispeante! ¡Por Dios, una de las respuestas puede ser lololol y otra omgomgomg! ¿¡Cuándo ha pasado esto en la Historia de los juegos de citas, ya no digamos en los de móvil?! ¿¡Cuándo hemos tenido la oportunidad de manejar una protagonista que no sea una cabezahueca de las que les susurras al oído y oyes eco?!

Por supuesto, en ocasiones tienes que sacrificarte para acumular más corazones (en el caso de Zen hay unos cuantos chats en los que hay que comportarse como una fan), pero en un santiamén vuelves a recuperar la personalidad agradable. Por supuesto, puedes elegir malas opciones de diálogo y ser una cretina con pájaros por cerebro, pero ¿por qué ibas a hacerlo?

En fin, vayamos a los personajes. No hablaré de Rika, la chica que fallece dos años antes de tu llegada y la coordinadora de la RFA a quien suples, ni de su novio V, que mueve los hilos de la fundación, ya que pese a que su sombra está siempre presente en el juego, los importantes son con los que de verdad hablas. Pero son unos santos, ¿eh? Al lío...

Zen: un actor de preferencia musical de 24 años. Es albino, más bello que el sol Y LO SABE. Acostumbra a bromear sobre lo subyugado que se queda cada mañana al mirarse al espejo, por lo que se le puede considerar un pelín narcisista... no está lejos de la realidad, pero no es lo principal de su personalidad. Lo primordial es que es un romántico empedernido, un chico agradable con un buen sentido del humor, sensible y cariñoso como un perrito. Protector, amable y tan dedicado a su pasión por la actuación como al amor, es un hombre con el que siempre podrás contar. No tiene novia, porque ni tiene tiempo ni sería bueno para su carrera por dispuesto que esté a entregarse a un romance de novela y porque para eso ¡estás tú!

Es tremendamente alérgico a los gatos, le fastidia la gente que lo soluciona todo con dinero y las formas sucias de medrar en su ámbito laboral (pues él solo quiere destacar profesionalmente por su talento). Es un hombre hecho a sí mismo que vive por su cuenta desde la adolescencia por problemas familiares relacionados con su belleza natural. Cuando se enfada, no hay quien le chiste, y suele llevar razón porque la ira solo aparece ante situaciones límite, del mismo modo que la tristeza ante la injusticia. Se metió en la RFA gracias a Rika, que tres años antes de la historia del juego apareció como fan suya. No se lleva bien con Jumin, pero con el resto es un amor. Le gusta chinchar a Yoosung.

Como comentario extra, algo que me ha sorprendido: se define como un chico celosón, pero en tu dinámica con él no lo he visto así. Es muy gentil y no te obliga a nada, de un romanticismo puro, pero ya sabéis que en oriente es muy sexy que un chico te diga "estás tan guapa con ese vestido que no quiero que otros chicos te vean" y esas cosas machistas, de modo que le toca decirte alguna que otra frase posesiva (y se cuentan con los dedos de una mano). Sin embargo, no se pone en modo dominante jamás de los jamases y él mismo se dice que no debería de pensar así y controlarse. Como si no se comportara como un auténtico príncipe de cuento, pero ¡eh! Es muy raro encontrar esa pequeña reflexión en estos juegos.

Yoosung: universitario y gamer, enganchado al videojuego LOLOL. Es el más joven del grupo con tan solo 21 años y, supongo que porque viene a ser el shota del juego, el más inocente. Viene de un hogar estable, sus padres son funcionarios y da la impresión de estar mimado para bien. Al igual que Zen, es un romántico que se queja de la carencia de novia, pero tampoco le quita el sueño. No, lo que le quita el sueño es LOLOL. Muy tierno, extremadamente dulce, simpático y divertido. Tiene habilidad para hacer un montón de cosas, pero la única afición que no cambia con las estaciones es la videojugadora. Actualmente está en el club de astronomía y disfruta de su vida estudiantil.

Todos los del grupo están empecinados en que abandone su zona de confort tridimensional y se dedique a cosas más importantes, aunque en el fondo lo que quieren es chincharle. Todos chinchan a Yoosung, sobre todo 707. Está dentro de la RFA por... nepotismo (XD). Rika era su prima y se llevaban a las mil maravillas. La echa mucho de menos y está enfadado con V por distanciarse, por no hablar de que siente que desde que ella no está nadie le comprende. Pese a ello, es el chico más alegre que te podrás encontrar.

Jaehee: ¡la otra chica del grupo aparte de ti! Y se alegra de tener a un miembro de su sexo en el grupo al fin. Es la secretaria de Jumin desde hace dos años, y ella tiene 26. Su estilo es tomboy, de chico, algo que se debe a la pura funcionalidad. Siempre eficiente y dando el 100%, aunque parezca tenerlo todo bajo control, en realidad está muy estresada por el exceso de trabajo y por las extralimitaciones que se toma su jefe, hasta el punto de usarla de niñera de su gata (Jumin es un poco esclavista). Su ilusión es fundar su propia empresita y librarse del secretariado. Formal hasta en cómo escribe, de corazón puro y benévolo, es una amiga en quien confiar.

Sí, amiga: ¡su ruta es de amistad! Jaehee es heterosexual y está loquita por Zen, si bien se mantiene en el filo de ¿es la fan nº1 que como ser viviente con dos ojos en la cara sabe apreciar sus abdominales (como ella insiste en describirse) o su interés va más allá? El caso es que si le enseñas una foto suya y le preguntas si le parece guapo dirá: "¿Son las rosas rojas? ¿El cielo azul? ¿El agua transparente?". Se unió a la RFA en cuanto comenzó a trabajar para Jumin y permanece gran parte de su tiempo entre cansada de dar el callo por dinero y preocupada por el bienestar ajeno (menos de su jefe). Le tiene una tirria muy grande a la gata de Jumin.

Jumin: ¡el famoso jefe, jovencísimo director de una empresa a sus 27 años! Esto se debe a que su padre está ocupado yendo de flor en flor y delega en él como quien no quiere la cosa. A causa de esa influencia paterna, si Zen es un romántico empedernido alérgico a los gatos, Jumin es amante de los gatos y alérgico a las mujeres. Es totalmente la contrapartida de Zen, ya que ni se plantea una relación romántica debido al ejemplo que ha sentado el mujeriego de su padre, le gusta el dinero y adora por encima de todas las cosas a su gata Elizabeth 3ª. Si cuelga fotos son de ella, pretende que el mundo entero comparta su amor incondicional por ella, ha convencido a su empresa de comercializar comida para gatos con Elizabeth 3ª como imagen, cada vez que habla con Zen es para dejarle caer que sea el modelo del anuncio de ese pienso...

Serio, responsable hasta la médula, de carácter sereno e incluso algo frío y distante (hasta que le mientas a Eli), este hombre de negocios de modales caballerescos tiene un gusto declarado por el esclavismo (en broma, pero pobre Jaehee) y no se anda con medias tintas cuando se le necesita. A no ser que le hablen de Elizabeth 3ª, estoy convencida de que viene un terrorista amante de los gatos y lo invita a cenar. Lleva en la RFA desde los inicios por su amistad con V. Aunque a Zen le molesta su forma de "solucionar las cosas con dinero", Jumin le tiene en alta estima. A Jaehee la tiene frita, pero todos le respetan, los demás se llevan bien con él y es el tío más jodidamente masculino del juego.

707: también conocido como Luciel, el hacker de la RFA y el bromista del grupo, de tan solo 22 años. Bromista a más no poder, alegre y dicharachero pero con un pasado oscuro con problemas familiares gordos de por medio, 707 se erige como el más picaruelo del elenco. Disfruta enormemente invadiendo la privacidad ajena y chinchando a lo loco al inocente Yoosung con bromas pesadas. La dinámica con él es diversión asegurada. Le debe mucho a V, tiene buena relación con Jumin y con los demás está a partir un piñón si las cosas van bien. Si quieres pasarlo bien y hacer trastadas, él es tu hombre, ¡pero cuidado! Es un hacker con tendencias de acosador. Y tiene la casa hecha un asco.

Le gusta es crossplay (vamos, que se traviste, y está más femenino que tú y lo sabes), las gamberradas y lo hortera. Lleva en la RFA desde el inicio de los tiempos, básicamente porque entre él y V diseñaron la aplicación. Adora a la minina de Jumin, cosa que por raro que parezca a él no le gusta un pelo... por lo visto 707 juega con ella de forma un poco extrema. ¡Tranquilas, aquí no hay maltrato animal! Solo es más pesado que una vaca en brazos con el animalito.

¿Mi favorito? Oh, cómo voy a elegir a uno solo, son todos tan magníficos que... je, je, je...

Lo bueno y lo malo... ಡ౪ಡ

Ahora en serio, me ha sorprendido gratamente sentirme identificada con absolutamente todos los descritos, no hay ninguno con el que no tenga por lo menos algo en común, aunque con quien más comparto es con Jumin. XD

¿Qué puedo decir que no haya dicho ya? Pues un par de cosillas...

LO BUENO:

· ¡La protagonista es un ser humano razonable! ¡La protagonista tiene dos dedos de frente! ¡¡¡Es más lista que un zapato!!!
· Las mecánicas, sencillas, sobrias, funcionales.
· Todos y cada uno de los personajes principales poseen una personalidad bien trabajada.
· Tenemos a nuestra disposición una ruta de amistad femenina con sus finales buenos y malos ¡y no es un premio de consolación! ¡Qué refrescante!
· La naturalidad que empapa el título.
· Los diálogos. ¡Oh, los diálogos!
· Los selfies y fotos que no paran de enviar y que se guardan en un álbum de capacidad considerable, ¡este juego te da lo que quieres!
· Tiene cuatro ranuras de guardado (y una decena más bloqueadas) además del guardado base, por si quieres volver atrás o mirar tus rutas. Yo las juego hasta el final antes de la fiesta del 11er día y las guardo, así si quiero releer los chats no tengo que rehacer la ruta.
· Los After Endings son como darte un segundo postre. ¿Qué pasa después del final feliz? ¡Pues esto!
· Los actores de voz.
· Los chats públicos, los mensajes confidenciales. No hay nada mejor que apoyar a 707 en una de sus bromas a Yoosung y luego carcajearse a su costa en los mensajes privados. Somos malvados. XD
· La belleza visual de todas las imágenes.
· El detalle de que no paren de cambiar sus perfiles.
· El detalle de que el fondo de pantalla del chat sea un cielo azul con nubecitas que conforme pasa el día, se convierte en crepúsculo y luego en noche estrellada.
· El detalle de la exigencia cofofofylastrampascof.
· Es perfectamente gratis.
· Las rutas duran lo justo y necesario, ni le falta ni le sobra.
· Es un simulador que hace honor a su nombre.
· TODO.

LO MALO:

· Que no está en español, por decir algo (aunque viendo cómo han "traducido" Forbidden Love casi lo prefiero).
· Hay algunos fallos de sistema ocasionales que son un incordio, pero como suelen compensártelo con relojes de arena acaba dando igual.
· Si cofofomanipulaselrelojcofof digamos una hora hacia adelante en el presente siempre te da error, así que tienes que mover las agujas temporales siempre en horas pasadas.
· Si eres de las que van con prisas tecleando, acabarás cada dos por tres en el perfil de Jumin porque ¡está ahí, y tú no querías darle, pero la sensibilidad de la pantalla es la que es y estaba ahí!

Y la conclusión final...

En conclusión, Mystic Messenger se ha ganado el galardón de ostentar el título del otome que escapa de los fallos que parecían ser inherentes al género y, si bien no puede ser perfecto porque eso es cosa subjetiva, ¡se acerca mucho! Se ha ganado mi reconocimiento, admiración y corazón. Por todo ello y como no soy de esos profes puñeteros que te quitan medio punto por las buenas, ¡no puedo menos que darle sus bien merecidas cinco estrellas!

¡☆☆☆☆☆!

Espero que la crítica os haya resultado útil, completa o como mínimo tan entretenida como para mí lo ha sido escribirla. ¡Hasta más ver!

jueves, 1 de septiembre de 2016

Brillante 24 - Caliéntame


¡Cuánto tiempo sin capítulo! Lo siento, sé que os he hecho esperar y, si todavía seguís aquí leyendo esto, os agradezco la paciencia. He estado entre ocupada (con mi TFM) y bloqueada (de tanto quemarme las neuronas día a día con el susodicho)... ¡pero he vuelto! ¡Como el Chuache!

Dejamos a la pobre Leona hará siglo y medio recién caída al Támesis por empujón con premeditación y alevosía de la meretriz escayolada de Belle Rosette, justo después de dispararle dos balazos de revólver sin puntería ninguna a Sherlock y de tener a Trent de testigo presencial del asunto entre bang bangs. ¡Pobres transeúntes...!

La oscuridad me acoge.

Eran agujas.

Mil y una agujas hendían su afilado punzón en los contraídos poros de mi piel, mil y un cristales atravesaban la pesadez de la que yo creía mi armadura, mil y un esquirlas de puro témpano de hielo líquido me abrazaban contra mi voluntad. No veía nada, nada salvo ráfagas de color. Negra oscuridad dentro del agua, blanco mojado fuera del agua, marrón aguado en algún punto intermedio.

¿Había niebla circundante o era mi balbuceante cerebro hasta arriba de adrenalina que estaba tan ocupado intentando ponerse de acuerdo con mi corazoncito bombeante para evitar infartarnos que pasaba olímpicamente de la vista? Debí oír algo más allá de la furiosa corriente, no lo hice. Debí ver algo además de coloridos borrones, tampoco. Yo era toda sentidos que se centraban en lo inmediatamente importante: la hipotermia.

Ni los ojos de Sherly son tan gélidos, oh, lector que sin duda disfrutas de tus treinta y seis grados corporales mientras lees cómo se me entumecían los dedos y cómo hubiera llegado a pensar que la corriente iba a arrancármelos de cuajo de haber sido un ser pensante ahí metida. Aquí junto a mi chisporroteante chimenea puedo permitirme el lujo de regodearme en el morbo de los detalles, ¿la vivencia? Digamos que ahora me arrepiento de haberle quitado la escalera a la piscina en Los Sims.

Pero no me hundí, por el Dios en el que no creo que no me hundí... de buenas a primeras. ¡Sé nadar! Tras la primera inmersión el cuerpo entró en piloto automático, ¡emergí, boqueé, braceé, hice la mariposa, la rana y hasta el calamar histérico! Lo que fuera antes del muerto. La sucia corriente (tanto en lo metafórico como en lo literal) me arrastraba, mi temperatura descendía y yo venga a gritar y coger bocanadas de aire roto. La mente se me redujo al tamaño de un hada, solo cabía un pensamiento: ¡huye! ¡Huye mientras tengas aire en los pulmones, sangre en las venas y calor en el corazón!

Bien. Esto debe quedar claro: soy una buena nadadora. Cada verano buceo en la playa hasta que se me arrugan los dedos, retozo entre las olas una hora de reloj por visita y, aunque el gasto paterno de un año de natación extraescolar no haya servido para que lo haga de forma muy grácil ni extremadamente elegante ni sin salpicaduras, me defiendo lo suficientemente bien como para disfrutar el baño a gran escala sin morir en el intento.

Tengamos en cuenta que en la vida me había bañado en un río, ni siquiera en uno limpio y aseado dentro de la bucólica estación veraniega. Añadamos a la ecuación que tampoco me había estrenado en la natación con traje de cuatro kilos con zapatos incluidos en lugar de un bañador como mandan las Escrituras (Pues en verdad os digo, no os bañéis vestidos, San Ataúlfo el Ahogado), ni mucho menos había tenido que camuflarme el busto con lo que ahora era una esponja que se bebía los litros y litros que me oprimían y pesaban.

Incluso teniendo eso en cuenta, el agua no era el problema, lo era que se me estaba coagulando la sangre en las venas y apagando el calor del corazón. Y la corriente, ¡no me esperaba la corriente! La muy desgraciada me arrastraba y arrastraba y arrastraba y yo me retorcía, agitaba, chapoteaba en vano porque no veía la puñetera orilla y me estaba cansando. Sinceramente, doy gracias a que el cuerpo tomara las riendas, el tajo de mi mejilla grita a los cuatro vientos lo bien que manejo yo estas situaciones. ¿Cómo sigo con viva? ¡Misterio! ¡Intriga! ¡Dolor de barriga!

Pero incluso el instinto de conservación tiene sus límites.

Es que la orilla que no veía parecía muy lejos...

Es que ya no me quedaba energía y no tenía noción del tiempo...

Es que no sabía lo que sucedía... y paré.

Tragué agua, su puaj de sabor me espabiló, parpadeé humedad. Vi. De lo que prefiero catalogar como niebla surgió la sombra de un bicho de cinco patas y larga cola, gruesa, fornida.

La calidez de la carne se enroscó en torno a mi brazo como un mordisco gentil, ¡dio un tirón! Esa sombra caliente remolcaba mi fría carcasa hasta una superficie resbaladiza y dura, ¿la orilla? El meneo me hizo daño en el codo, me dio igual. Aunque me encogí y cubrí la muñeca de la pulsera instintivamente (deformación profesional), todo me daba lo mismo, el interior de mi cráneo estaba a oscuras. Supongo que estaba en modo negación corporal, pero hay cosas contra las que ni esta puede.

El bicho me tendió. Exploró una yugular de hinchadas venas azules, sentí las callosidades de sus patas por el rostro, una delicadeza extraña. Ardían. Luego... una presión cariñosa sobre fosas nasales y barbilla, la calidez de labios tropicales que me insuflaron el aire caliente que no necesitaba.

Estaba en blanco para todo, salvo para ese calor. Me agarré a él con uñas y labios, así la nuca y llené el hueco bucal ajeno con mi lengua helada. A la porra el oxígeno, ¡yo necesitaba calor! ¡Una hoguera dentro! Y vaya si la conseguí, por más que se me resistiera. Trepé por el bicho ardiente hasta la raíz de la cola que no era cola y me agarré al ancho poste templado que quemaba como el fuego. Abrazada a él, succionaba y sorbía su alma. O lo habría hecho si el tirón capilar de un tercero no me hubiera separado del sabor de ese verano.

Tos, tos, tos, suaves palmadas en la espalda, pellizcos en la ropa, ¡nada me separaría de él! Estaba caliente. Tenía una chispa de energía. Se me gastaba en castañetear los dientes, pero ahí estaba. ¡Qué alivio! ¡Qué inmenso alivio! Tenía que abrazarme fuerte, más fuerte, más fuerte...

En algún momento entre la confusa bruma envolvente literal y la metafórica la bombilla se encendió. No era un bicho, era el torso de mi bicho de las tierras altas, sus carnosos labios. Menos mal. Con la confusión se me habían mezclado las ideas.

Mi churri me sostenía por los hombros, jadeante perdido, mientras yo tiritaba incontrolable. Mi cáscara más que temblar se convulsionaba como por contacto con un enchufe mal instalado. Entre parpadeos y lentos giros de cuello le miré asombrada, ¡conque no era un coco lo que besuqueaba!

- Casi te mueres. - dijo como para sí, con un hilo de voz.

- C-c-c-casi me... matan... - choque dental, choque dental - Otr-r-r-ra vez. O-o-o...

Lagrimitas que espero no se notaran mucho entre el agua y el flequillo adherido a la piel, por mi reputación más que nada. No me siento especialmente orgullosa de mi comportamiento a partir de ahí. Por suerte cuando me serené lo suficiente para reconciliarme con la mirada nítida vi que se me había rescatado más lejos que cerca del punto de origen del empujón fatal.

Había tal revuelo en la calle que los transeúntes tenían claro qué mirar, ya que la opción era si al trío del río o al puente dónde bullían los gritos que ahora caigo algo tendrían que ver el nuevo alojamiento de las balas perdidas (y nosotros estábamos medio cubiertos por el diligente carruaje), así que me dispuse a aumentar el caudal del Támesis. Una tiene derecho a derrumbarse en los intentos de asesinato, digo yo.

Un suspiro.

- Doy gracias a tu certera puntería.

Y allí estaba Sherlock, colorado como si toda la sangre se le hubiera agolpado en la cara, agarrándome por el pelo no fuera a montar más espectáculo a la par que las esquirlas que tenía por ojos (entonces se me antojaron tibios) volvían de seguir el rumbo de mi mirada. Con la lucidez no vienen más que desgracias.

Ahí sí que me dejé llevar. Ante tamaña falta de la sensibilidad mínima reglamentaria, ¿qué otra cosa cabía esperar de mí a parte de que tirara por la borda la fachada viril y me cubriera los ojos con las manos? Era la segunda vez que intentaban matarme y me libraba por los pelos, ¿y por qué?

Por mala suerte, por pretender sobrevivir dignamente, por... malas compañías. Pasadas, presentes y futuras. Sentí odio. Odio puntiagudo, tenebroso, violento, royéndome desde dentro. ¡Qué miserable me sentí! Cuánto frío. Cuánta soledad. Cuánto silencio. Cuánto vacío. En mi interior.

- ¡No puedo m-m-más! Es-... toy harta... - hipidos varios.

Trent me estrechó con sus palmas, pero incluso falta de plenas facultades mentales lo atisbé. Su barba atribulada susurraba: Quiero darte calor, pero no que el mundo sepa que soy un invertido. Pues vaya un consuelo. Lo habría degollado ahí mismo para calentarme con esos fluidos internos de treinta y seis deliciosos grados, y a Sherly... fuf, venturosos ellos que me tenían agotada y sometida a la tiritona.

- Quiero i-i-irme a mi casa. A c-casa...

Y entre los dos me cargaron, un brazo, un hombro, un hombre, para meterme en el carruaje de un estoico cochero. Esa no era la casa a la que quería volver, pero se estaba más calentita dentro que fuera, menos da una piedra.

Ambos me echaron sus capas encima, y no lo dudé, me deshice tanto del relleno de la entrepierna como del superior para luego envolverlos en el resto de la ropa en un tris. Los zapatos iban a parte. Vaya, ¿dónde estaba el destrozado abrigo? Lo habría perdido, qué más me daba. Me inquietaba el pelo mojado.

Arrojé el montón, sin preocuparme un ápice ni del chof, ni de que Holmes lo echara bajo los asientos de un golpe de talón, ni de la incursión de mi comisario en el club del casi ictus. Debió ser un duro golpe eso de verme el tobillo descarado, húmedo y blanco como la cal, cuando nunca le permitía verme ni sin calcetines por motivos más que obvios. Meh, ya saldría.

Por el sol y las estufas, parecía que me hubieran pasado las manos a lejía. Una palidez mortecina sustituía mi ya de por sí escaso tono natural, las venas azules se esparcían y repartían por toda la piel como un mapa de metro, como una premonición de muerte. Y tiritaba, tiritaba y tiritaba. De ahí no salía sin resfriarme. Me iba derivar a pulmonía, lo veía. Este siglo estaba matándome.

Apenas me percaté de que me hallaba acurrucada contra el sorprendentemente acogedor cuerpo de Sherlock hasta un rato largo de traqueteo más tarde, cuerpo que para más inri me tenía enlazada a sus brazos. El valiente comisario descansaba a mi otra vera, envolvía con sus amplios dedos morenos el tapado tobillo aprovechando el punto ciego que propiciaba el hecho de que estuviera hecha un ovillo en medio.

Del desprecio al mundo entero pasé por ciencia infusa a una dichosa gratitud de índole infantil, mi regocijo era el de una niña mimada que abraza a sus papis. Más allá de toda oscuridad hay amor y paz. Ejem, el pecho y las extremidades de mis hombres eran muy cálidos y reconfortantes y tal.

¿Cuánto llevábamos de esa guisa, diez minutos, veinte? Lo único que puedo alegar a mi favor es que el enigma existencial de mi devenir ocupaba ese delgado hilo cerebral que alguna vez había bautizado como "concentración". Sin embargo, con un par de décimas corporales y un temblor razonable, los ánimos para fijarse en lo externo suben como la espuma.

- ¿Dónde está la puta que me ha empujado? - respeto a las damas de la noche a la porra.

Silencio. Los dedos del comisario ciñeron el tobillo, la mirada del detective se interesaba por el paisaje. Cerré los ojos y me acurruqué aún más.

- Ah. Se la ha llevado la Scotland Yard. - sin duda el chapoteo se había alargado bastante.

Caricia tobillera. Esa mano morena ascendía. Sube, que te vas a encontrar con una sorpresa.

- Mmm... - se me escapó.

El cálido pecho dio un respingo.

- ¡Inaudito! - ¿¡Sherlock tenía un exabrupto?! - ¿No le va a decir usted nada?

- Al contrario que usted, célebre Holmes, antes que mi condición profesional va mi condición de ser humano.

- He ahí su capacitación laboral resumida.

¿Se iban a volver a pelear? ¿Ahora?

- Oye, Sherlock... me apuntabas con una pistola y los "señores" también tienen impulsos reflejos. - parecía insuficiente - Lo siento. - no lo sentía.

Él negó con la cabeza, con un ojo abierto le vi fulminar con sus pupilas de Es usted un inútil a su derecha. Aquello era rarísimo.

- Se ha escapado. - confesó el ser humano antes que comisario.

- Ja, ja.

Mi risilla resonó por las paredes del carruaje, se perdió sin amigos. ¿¡Ah?! La siguiente parte requiere censura.

- No, PIIII. Y una PIIII voy a tragarme que PIIIII PIIII PI PI PIII de PIIII con sus PIII obsesiones. ¿Me estáis diciendo que la PIIII de PIIIII, una PIIII lisiada, se ha escapado ante vuestras narices? - el cabreo le sienta muy mal a la higiene de mi lengua. Un dedo acusador emergió de entre las capas - De Trent lo comprendo porque iba en mi auxilio, ¿¡pero tú, Sherly?! ¿¡Tú, que eres el que se vanagloria de su lógica y su PIIII...?!

- ¡Te estabas ahogando!

- ¡No me estaba ahogando! - exhalé - Me estaba congelando...

Me fastidiaba pensar que al gran detective asesor le afectara mi vida o mi muerte lo suficiente como para dejar escapar a un sospechoso ¡¡¡que iba en muletas!!! Ah, las vanas esperanzas, casi peores que la hipotermia.

- Bah, da igual. Muy inútil tendría que ser la poli para no encontrar a una lisiada más lenta que una tortuga. - la elegancia verbal, por la ventana también.

Sherly adoptó su carita de Que lo es. No hizo falta respuesta, el carruaje paró en seco justo al cruzar la vista con él.

Gertrudis lloraba en la cocina cuando entramos. Parecía un chiste de los malos. Un detective cabreado, un comisario compungido, una travestida mojada y sin vestido y una alemana lacrimosa entran en un bar. ¿Qué van a tomar? ¡Drama!

Pasé seis pueblos de ella, ni tiempo ni ganas me restaban en la paciencia para esto. Fue Trent quien se encargó de ordenarle que me fuera llenando la bañera pero ya, así de malos modos. Me sorprendió que se arremangara para arrimar el hombro en la tarea, evidentemente quería compensarme aunque no hiciera falta ninguna, ya me había salvado la vida.

Sherlock todavía me rodeaba los hombros cuando acercó la boca a mi oído.

- La investigación continúa.

Cosquilleo auricular, agradable. Arqueé las cejas.

- ¿Qué más quieres investigar? Belle Rosette es la hija de su madre asesina y danza por ahí en muletas a la espera de que la echen al calabozo y tiren la llave. Punto final.

- Como de costumbre, mi querida Leona, se te ha escapado el pequeño detalle que es la base de la deducción.

- No me llames querida...

El brazo fuerte de la ley irrumpió de nuevo en la sala para mandarme que me metiera en la bañera en seguida. Me pregunté cuánto habría oído, tanto ahora... como antes. Di dos pasos hacia la señalada dirección, giré el cuello. Sherlock Holmes parecía albergar una pretensión que nos llega a todos en algún momento de nuestra vida: convertirse en árbol en mi salón.

- Váyase a investigar, señor Holmes. Sin pucheros.

Ofensa suficiente para que se marchara. Sin capa. No la volvería a ver. Solo quedaba uno del que deshacerse. Af, quería estar sola.

Entré en el cuarto de baño con la esperanza de conseguirlo, pero no, él tenía la suya de ver a su amante en el apogeo de su desnudo esplendor. Huelga comentar que me arrebujé requetebién en mis capas nuevas, cruzando los brazos vampíricamente sobre el pecho para tener bien afianzada la tela en caso de tirones.

Diría que mis relaciones son un auténtico incordio, pero me abrazó estrechamente, apasionado, envolviéndome la cintura con la anaconda de su brazo y comprimiéndome contra su corazón a base de presionar la extremidad libre contra mi nuca y cabeza. Fue tan dramáticamente romántico que hasta el miedo a que notase bultos donde no tendría que notarlos y no bultos donde sí se esfumó ipso facto. Esto es un consuelo.

- Temo por ti, amor mío.

¿Habría estrellas en mis ojos? Segurísimo que sí.

- Bésame.

Y el muy obediente saboreó hasta la campanilla, ignorando como un héroe el gustillo a Támesis.

- Yo a ti más. - espetó en un arrebatador suspiro. Posiblemente se me había escapado un te quiero, lo que me ganó dos besos más en la mejilla, uno en la frente y tres en los labios a plena velocidad y potencia - Más que a mi vida...

Acunó mi rostro entre sus manos, me contempló intensamente, como si quisiera grabarse a fuego mis facciones en la retina. Ya tenía regalo para las fiestas: una foto mía.

- Tienes que pasar desapercibido, dejar de chantajear a los hombres de bien.

- Claro que sí, cariñito, lo puedo dejar una temporada. ♥ - si me volvía a agitar la boca capaz era de dejarle las escrituras de la casa.

- Y... - dolor, solo dolor - Tienes que desaparecer durante un tiempo.

- ¿Por qué? Seguro que la atrapáis en seguida, yo sí confío en vuestra eficiencia, confío en ti. - más abrazo - Y no me volveré a acercar al río.

- No lo entiendes. Siempre que te acercas a Sherlock Holmes, pones en riesgo tu vida. Como si no te bastases tú solo para meterte en líos, ahora estás hasta el cuello.

- ¿Qué quieres decir?

Calló.

Le acaricié la barba, resiguiendo la mandíbula recién lamida por mi lengua. Él tomó mi mano y la aplastó contra la zona acariciada, cerrando los ojos.

- ¿Cielito con pajaritos? - fruncimiento de ceño - No estarás celoso. Él no es como nosotros, no me quiere. - eso sonaba fatal - Te amo.

Apretó mis manos, formando un solo puño de cuatro.

- Prométeme que desaparecerás, debes hacerlo, que nadie te vea. Sé que sabes cómo. Yo te diré cuándo volver.

- ¿Y cómo lo harás si me esfumo, tontainas?

- Lo verás en los periódicos, te dejaré un mensaje de los nuestros en la comisaría.

- No sé, me ha costado mucho alcanzar este estilo de vida...

Otro besazo.

- Prometido. - aseveró sin aliento.

- Vale. - menos aliento, pero al fin calor - Si insistes, por algo será. ♥

Y eso hice. Desaparecí.

Continuará...

¡Espero que hayáis disfrutado del capítulo! Y que me perdonéis el pecado de tardanza.

lunes, 15 de agosto de 2016

DA2 - No computable

Y el bloqueo continúa.

Gajes de las habilidades. XD

sábado, 13 de agosto de 2016

DA2 - El precio de la amistad


Estoy bloqueada, así que tira cómica de Dragon Age 2.

Hay cosas que son imposibles. XD