domingo, 27 de septiembre de 2015

Brillante 02 - Un lugar como este


Creo que el principio fue un buen comienzo... breve, ¡pero bueno!

¿Para qué hacerse esperar? ¡Sigamos con esta viajera del tiempo todavía sin nombre que ha acabado anclada en el siglo de Sherlock Holmes!

¡La fiesta continúa!

Cabe señalar, ante todo, que no soporto Inglaterra. Ni la del siglo XXI, ni la del XIX ni ninguna. No sé qué le encuentra de fascinante la gente. Sobre todo en caso de gente española, acostumbrada al sol, al limpio olor a sal de la playa, a los retretes... La comida es mala, el clima es malo, y la comida y el buen clima ¡son esenciales! Y de esta época victoriana de la vida inglesa ya ni hablemos. Baste con decir que las tripas se me revolvieron.

Por ello no deja de resultar irónico, pase el tiempo que pase, que precisamente acabase aquí tirada. Ya puestos, bien podría haber viajado al Siglo de Oro para conocer a Lope de Vega y disfrutar de la vida haciendo uso de los conocimientos lingüístico-literarios que tanto me esforcé en adquirir en la carrera, no es por nada. Destino de cloacas. Es lo que tiene estar recién titulada en filología hispánica y sin experiencia, que una acaba accediendo a cosas para llenar currículum y acaba anclada en un siglo pasado. ¡Típico!

Cosas en las que piensa una cuando está seca y en caliente mientras contempla fijamente el filo de la navaja calentándose en la llama de una vela. Paradójicamente, cuando a una le tiembla el pulso es cuando el pensamiento trascendental salvaje sale del arbusto mental y ataca. Sin duda es mejor que reparar en lo peligrosamente azules que se te están poniendo las uñas o en lo poco que te sientes esos agarrotados dedos.

Supongo que cabría esperar que esta desesperada mujer que era y que soy hubiera urdido un plan impecable para volver al presente o por lo menos viajar a España y facilitarse un poco la existencia con el idioma, pero no. Por varias razones. Entre ellas, la básica, natural y lógica: que estaba muerta de miedo. Mi apabullada cabecita no albergaba lo que se dice planes a largo plazo. Eso y que para mí, ciencia y magia, en ese momento, lo mismo. Ambas manipulan la naturaleza a su antojo y son un arte que a mí se me escapa.

- ¿Por qué lo has hecho? - repitió por enésima vez el incordio de pantalla al más puro estilo busca de mi pulsera, pasando cada palabra letra por letra. Leer la frase completa era una agonía - ¿Y si has cambiado la Historia, qué?

Entre la lluvia interminable, el barro, la pestilencia a hombre y heces equinas (esperaba que solo equinas), la ínfima cantidad de sangre aguada... entre mechones de pelo empapados, cierta sensación de hipotermia, el sonoro latido de mis venas en los oídos y la náusea de tener al desconocido gordo desnudo, quizá muerto, aún a mis pies... me atreví a encararme a esa pulsera ancha de silicona negra que me rodeaba la muñeca, impermeable, odiosa. Acercándomela a la boca, ignorando la luz azul de las tres bombillitas en vertical que estaba segura que Cristóbal había colocado por mera estética.

- Lo hecho, hecho está. - escupí, deseando que la saliva atravesase el micrófono y el tiempo para salpicar la cara barbada de ese desconsiderado.

Supongo que esperarás, buen lector, que haga ahora una regresión al pasado que lo explique todo. ¿Quién es ese Cristóbal? ¿Cómo narices has ido a parar a una época distinta? ¿Por qué no dejas de quejarte en lugar de hacer algo productivo contigo misma? Bueno, puedo hacer ambas cosas a la vez, pero las explicaciones vamos a dejarlas a parte por ahora, en pro del misterio, la intriga y el dolor de barriga. Volvamos a la escena traumática...

Con mi novísima ropa de caballero zarrapastroso, el paraguas y la cartera llena, lo primero que hice fue buscarme una posada donde no hicieran muchas preguntas. Cosa que te advierto ya, lector, no pasó. La primera que vi me valió. Me costó horrores económicos que no me echaran a patadas por las pintas de vagabundo. Lo dicho, no estaba yo para planes maestros.

Por lo menos, en lo que la lengua se refiere, que sé que te preocupa desde que lo he mencionado, lector que buscas los tres pies al gato, no había problema. Mi pulsera estaba equipada con un conveniente tradúcelotoinaitor. No se llamaba así originalmente, pero ¡eh! Lo más probable era que muriese de una pulmonía de un momento a otro. Por no tener, no tenía ni toalla con que secarme, y no es un invento muy difícil. Como si me daba por llamar al gato "perro" y viceversa, vamos.

Sin embargo, pese al frío que me atenazaba hasta el tuétano de los huesos y me tenía tiritando, no eran las enfermedades lo que más me preocupaba en ese instante. Lo que me preocupaba de veras era parecer un hombre. No podía ser una mujer sola y desvalida en las calles de la Inglaterra victoriana. Sin papeles, sin dinero, sin ropa apropiada que por otra parte era incómoda y no te dejaba caminar a gusto. No podía.

Me encontraba sola en el cuartucho que había alquilado. Pequeño, austero y poco cómodo, pero hogareño, grata sorpresa. Poco más había salvo una cama de mantas verdes, un candelabro, un perchero, un baúl grande de anciano aspecto y una mesita que aspiraba a ser de noche. El baúl era de madera, el perchero, de madera, la mesita, de madera, el suelo, de madera. Y lo estaba dejando perdido.

En la mesilla había una jarra con agua, un plato hondo, una navaja de afeitar y un pequeño espejo. En él me miré, disfrazada como estaba, y no vi un hombre. Vi una cara ovalada blanca como la leche. Vi grandes ojos verdes inyectados en sangre, pestañas contraproducentemente largas, conocidas ojeras pronunciadas y sempiternas. Labios rosas con forma de corazón, labio superior fino, labio inferior ligeramente más grueso.

Cabello negro como la boca del lobo en la que me había metido, largo, demasiado largo, pegado por hombros estrechos, por el cuello, por el pecho. Un cuello pálido y sin nuez (normal). Un pecho demasiado abultado para un hombre delgado. Una delgadez desfavorable. Curvas. Estatura irrisoria. Veía, en suma, a la veinteañera zarrapastrosa y destrozada con cara de niña que era.

Tomé una decisión.

No me siento orgullosa... pero hay que tener en cuenta que estaba bajo una más que considerable presión, ¿está bien? Lo suficiente como para aporrear a un hombre con un ladrillo por su ropa, ¿vale? Bastante milagro es ya de por sí que no me cortara las venas teniendo en cuenta el panorama.

Eché el cerrojo.

Me desvestí.

Colgué la ropa en el perchero. Toda. Las gotas de lluvia repiqueteaban contra el suelo, tic, tic, tic. Me sequé con la primera manta de la cama como buenamente pude, tras lo cual me senté en el colchón, que crujió. Cogí la navaja y me corté el pelo a navajazo limpio, mechón va mechón viene. La vanidad no me permitió cortármelo más corto que a la altura de los hombros, pero ya me valía... la media melena atada en una coleta baja era la moda entre los jovencitos londinenses, al fin y al cabo. Tras ello me arrebujé entre las mantas y eché una cabezada.

Ocurrió al alba. Encendí las velas del candelabro, volví a mirarme al espejito espejo poco mágico, sopesando pros y contras, pensando en que no entendía esa fijación por vendarse los pechos de las heroínas que se travestían, porque yo podía tener una talla noventa, pero no era necesario que me aplastase lo que Dios me ha dado. Bastaba con ponerse una barriguilla falsa que disimulase, ni que hiciera falta ser un hombre de delgadez intachable. No, lo preocupante era la cara, que incluso con el pelo cortado era infantil a más no poder. Bien, que conste que sigo sin sentirme orgullosa.

Calenté la navaja al fuego, desinfectándola.

Y me rajé la cara.

¡Zas! Logré hacerme un corte limpio y sin temblores (¡gracias, adrenalina!), pero ¡DIOS! Decir que berrereé como un recién nacido sería quedarse corta. Sangré más de lo que creía y, para más inri, me quemé. ¿Por qué narices sangraba si me había quemado? ¡Aj!

En un arranque de valor ojeé el reflejo del espejo por última vez, al tiempo que golpeaban la puerta y me vestía velozmente. ¿Parecía un hombre? Ni hablar. Como mucho un chaval andrógino. Aunque debo decir a mi favor que la herida me quedó estupenda, una media luna achatada y no muy gruesa. Me da un aire peligroso oso oso.

Huelga decir que me echaron con malos modos y aspamientos exagerados de la posada, sin un real en el bolsillo y con el arrepentimiento en el cuerpo. No tenía nada, ni fuerzas para aporrear a más gente con ladrillos, cosa que de todas formas daba igual porque no había nadie en la calle. Salvo los vagabundos.

Yo no quería, no quería, pero hacía frío y me dolía la cara un horror, de modo que, bueno, pues por lo menos me quitaría una preocupación de encima. Si bien no eran la crème de la crème ni mucho menos, tampoco era tan fiera la bicha como me la había imaginado, no me pegaron ni nada. Supongo que me tomaron por una de ellos. Me uní, me uní para resguardarme la inhóspita temperatura, así como de la soledad que me tenía desgarrada entera.

Fue allí, entonces, donde le vi por primera vez.

Continuará...

¿Habrá estado esta segunda parte a la altura de su predecesora? ¡Solo vosotros sabréis decírmelo!

viernes, 25 de septiembre de 2015

Brillante 01 - Como caída del cielo


Yo no quería, ¡juro que no quería! Básicamente porque no sabía dónde naricillas de Flanders colocarlo en este mi amado blog. Pero llevo ya un par de meses dándole vueltas a la idea de dar rienda suelta a mi obsesión y escribir un fanfic del señor Holmes romántico, humorístico, por encima de todo verosímil y, para qué nos vamos a engañar, un poco egocéntrico por mi parte quizá. 

No es culpa mía, yo solo quería leer uno de ese tipo, ¡pero como no encuentro ninguno decente ni bien escrito...! Pues lo hago yo. Y no por iniciativa propia, no del todo, no. Me ha tenido que dar el empujoncito mi gran amiga Silvia, que haciendo alarde de su sabiduría y madurez, me soltó: "¡Tú escribe!". Así que yo escribo y, aprovechando que tengo la aplicación, publicaré esto mismo en wattpad.

De modo que aquí estoy, enrrollándome como la peor de las persianas en lugar de ser profesional y poner la sinopsis. Ejem, jem, jem. ¿Os apetece leer sobre una viajera del tiempo que acaba anclada en el siglo de Sherlock Holmes, en un mundo paralelo donde él no es ficción?

¡El romance, la intriga y el humor están servidos! Además del género histórico mezclado con ciencia ficción.

¡Que empiece la fiesta!

Cayó sobre el adoquinado. Cayó sin apenas hacer ruido, pese a que bien pudiera haber hecho el que quisiera sin ser ni oído ni escuchado gracias al sonido de la lluvia casi sempiterna de este sucio Londres de este aún más sucio siglo XIX que amortigua el crimen cuando a una le conviene. Y a mí me convenía mucho, mucho.

Cayó de bruces, pudiendo caer de espaldas para facilitarme las cosas. Pero ¡no! ¡Tenía que caer de bruces y manchárselo todo! Claro que, calada hasta los huesos como estaba, tampoco me iba a poner quisquillosa. Pensándolo bien, cayó como tenía que caer. Como cualquier transeúnte despistado que osa meterse él solito en un callejón oscuro por razones desconocidas a los seres con dos dedos de frente... habría caído si una desconocida le saliera al paso y le aporrease con un ladrillo que hubiera por ahí tirado.

Pensarás, lector que lees, que inicio así este testimonio de mi vida para ganarme tu simpatía. ¡Oh, pobre chica seguramente desamparada y desnutrida, a lo que tiene que llegar para sobrevivir, tiene que estar desmoralizada, arrepentida, traumatizada! Pues nada más lejos, me sentí pletórica de dicha. No era el primer transeúnte al que me acercaba ni mi primer intento de robo y homici... ¿lo había matado? No llegué a comprobarlo. 

En fin, resumidamente, lo había intentado antes. La primera víctima potencial salió pies para qué os quiero, la segunda me dio un tortazo de padre y muy señor mío que me hizo dar gracias por el desprecio misógino de este siglo asqueroso que hizo que me dejase ahí chapoteando en el fangoso suelo en lugar de hacer que diera con mis huesos en la cárcel o la tumba. Prefiero no hablar de los que lo siguieron, baste con añadir que viva la lluvia que actúa como una ducha de agua fría natural.

¡Pero a la sexta va la vencida! Dos horas bajo la lluvia, incontables pérdidas de tiempo con hombretones invencibles... y finalmente el factor sorpresa se puso de mi parte. ¿Cómo no iba a embargarme la felicidad? El charco fangoso en el que había nadado poco antes se mezcló con la sangre craneal de aquel hombre, tiñiéndose de rojo con notable parsimonia. El cromatismo me fascinó durante dos latidos de mi ventrículo izquierdo, lo justo para que entrase en acción.

Arrastrarlo por los pies hasta el bordillo seco que tenía reservado no fue fácil. Él era un hombre corpulento, por no decir gordo, y yo... yo mido 1,64. No he hecho pesas en mi vida. Y estaba muy mojada, con el pelo por toda la cara. Y seguía lloviendo. Me resbalé como tres veces. No obstante, el frenesí del momento me ayudó bastante. Creo que tardé unos quince minutos, tras los cuales me apresuré a quitarle esos elegantes zapatos y a desnudarlo como buenamente pude.

Vestirme con la pestilente ropa mojada recién robada es una de las peores cosas que he hecho en mi vida, e incluyo la agresión criminal de antes. Eso fue más limpio. Ese... hombre... solo tenía limpio el bombín. Y la cartera. Qué hermosa y abultada cartera... incluso a día de hoy, en ocasiones, sueño con ella y el alivio con que venía embadurnado ese trozo de piel doblado.

- ¿¡Qué has hecho?! - exclamó por escrito mi pulsera, mi brillante, moderna, eléctrica y psicodélica pulsera con micrófono y pantallita de un dedo de ancho y de largo incorporados.

- Sobrevivir. - contesté.

Una mujer sin más que la ropa que lleva no puede sobrevivir dignamente en la Inglaterra de mediados del siglo XIX. Una mujer del siglo XXI que ha ido a parar a la susodicha por error... dispone de recursos.

Continuará...

Hacía mucho tiempo que no me ponía a escribir nada que no fueran entradas dialogadas, ¡así que me siento como refrescada! Espero que os haya gustado tanto leer este primer capítulo como a mí escribirlo~.

viernes, 18 de septiembre de 2015

DA2 - Castidad


¡Seguimos con las compensaciones! Con una tira poco calentita del romance con Sebastian de Dragon Age 2. Nadie, ¡nadie! en su sano juicio escoge ese romance, y hay una razón... más allá de la existencia de Fenris... sí... "más allá"...

¿Por qué tenemos que tener una relación casta con él? A ver, que nos lo explique...

Otro que tiene mucho que compensar. XD

Sé en qué "hombre" estaba pensando Hawke... XD

martes, 15 de septiembre de 2015

DA2 - Empatía


¡Os oigo! ¡Os oigo perfectamente! Estáis diciendo, pensando, fabulando... ¡oh, Yukino ha desaparecido! ¡Finalmente se ha tirado de verdad por esa aciaga ventana y nos ha abandonado!

¡Qué más quisieraia! Es que he tenido unos problemas bestiales con la burrocracia de doble erre de la matrícula del máster. De verdad que me dan ganas de conseguirme un lanzallamas, pero luego recuerdo el precio que tienen y se me pasa...

Para compensaros, ¡tira cómica! Si es que soy de un original que me asusto a mí misma.

Algo me dice que los manifiestos de Anders irían por esos derroteros... XD

jueves, 10 de septiembre de 2015

Y si... 10 - Caperuza

¡Una decena de entradas, ya! Esto se merece que principie esta décima a bocajarro... ¿eh, que no es una novedad? Cuánta maldad, podríais fingir y no mandarme tanta censura mental mientras leéis...

Mi interpretación de Cenicienta ha sido tan aplaudida entre mis amistades que he recibido una petición general de versionar todos los cuentos habidos y por haber y otra más particular de asumir el papel de la protagonista del archiconocido cuento infantil popular que todos nos sabemos al dedillo a no ser que carezcamos de infancia propiamente dicha.

No es exactamente algo que pueda etiquetarse como Situación Comprometida de Disney, dado que no hay película de la famosa compañía y si existe un corto yo no lo conozco, pero ¡qué más da! Es un cuento y lo agrupo en dicha categoría, que hay que ser ordenada.

¿Y si fueras Caperucita?
~Lara Rodríguez González, 
que lo que quiere es que me coma el lobo

Yukino - En primer lugar, he asumido el rol de Caperucita en numerosas ocasiones a lo largo de mis andanzas en este mi Otaku Hen con catastrófico resultado, ¡pero! esa es otra historia. Si nos centramos en la verdadera pequeñina... pues seguiría con el ejemplo asentado en Y si... 08 - Ceniza y me labraría una reputación de destructora de infancias, ruina de los cuentos, espejo del fin de la ingenuidad infantil.

Porque si bien respeto la imagen de la inocencia infantil que representa aquella que da nombre al relato, así como la enseñanza de no hablar con desconocidos que podrían ser secuestradores o pederastas, y no me quejo ni me quejaré nunca de eso de conversar con animalitos del bosque, que para algo es un cuento de hadas, hay algo que no me cuadra. Y es que...

Madre Incompetente - ¡Caperucita! ¿Qué haces que no estás vestida aún?

Y - [Imagen de la inocencia infantil] ¡Pero maaaami, deja de llamarme así, que ya nadie sabe cuál es mi nombre, que por no saberlo no lo sé ni yo!

MI - Nada, nada, calladita estás más guapa. [Arrodillándose] Anda y ponte la caperuza, que no he trabajado como una esclava ahí tejiéndotela, perdiendo mi juventud, para que no te la pongas.

Y - ¡Pero mami, que es verano, que me aso de calor!

MI - Para presumir hay que sufrir. [Anudándosela]

Y - ¡Pero si nadie me va a ver, mami!

MI - ¡Tu abuela te va a ver! ¿Te parece poco?

Y - La verdad es que sí. Tiene cataratas y eso.

MI - Mira, lo importante es que se te vea bien y punto, que para algo vas de rojo, para llamar la atención, y deja de discutirme ya que tienes a la abuela enferma y esperándote, egoísta, que eres una egoísta. ¿¡Y se puede saber qué le has metido a la caperuza en los bolsillos para que pese tanto?!

Lo básico, esencial, fundamental...

MI - ¡Oh, no, no, no, no! ¡Esto fuera, fuera pero ya! [Agarra una papelera]

Y - ¡Mamiii! Si voy sola, algo tendré que llevar para protegerme...

MI - ¡Ni mami ni gaitas! [Tirándolo todo sin miramientos ni preocupación alguna por los explosivos] ¡Ninguna hija mía llevará protección!

Y - Pero si me dijiste que no querías ser abuela...

MI - ¡Mi mi mi mi mi!

Y - [Qué dechado de madurez] Mami, no quiero ir...

MI - Lo que tú quieras no importa, hija.

Y - Pero mami, es que ir yo sola por el bosque... sin armamento...

MI - ¡Ya eres mayorcita, haz lo que se te dice!

Y - ¡Tengo ocho años!

MI - Anda y coge la cesta ya, que me traes solo disgustos.

Y - ¡Pero mami, las madres de mis amigas no las dejan ir solas ni al colegio!

MI - Las madres de tus amigas no tienen a una respondona malcriada por hija, ¡y ahora haz el favor de salir por esa puerta! [Abre esa puerta y empuja a la cría]

Y - ¡Pero...!

MI - ¡Un pero más y te agencias un sopapo! [Sonríe] Tú limítate a ir por el camino que mami te ha dicho y, sobre todo... [Asintiendo con la cabeza] NO hables con desconocidos.

Y - Mami, ¿estás usando la psicología inversa? =-=

Portazo

Y - Algo, ¡algo! me dice que soy una hija no deseada. [En lugar de lloriquear, echa a andar] Hasta ahí bien, soy una Caperucita corriente y moliente, inofensiva e indefensa, imagen de la dulzura. Sin embargo, en esta caracterización perfecta subyace un problema de raíz... que no tiene nada que ver con eso de ir a ver a una abuela automarginada de la sociedad que vive sola y enferma en lo profundo del bosque, cosa que se explicaría si fuera una bruja o una leprosa, no, sino ¡mi amor por los animales!

De hecho, cuando era muy pequeña, tanto que lo sé porque me lo han contado, mi señora madre (la de verdad, no esta inepta que envía a su hija a la muerte) me apodaba "la amansadora de perros". Cuando veía uno, aunque me ladrase, ahí que iba a por él. Y lo calmaba. En una ocasión, vi un perro grandote, grandote que me ladraba, abrí los brazos de par en par, solté "¡perrito!" y antes de que mi madre pudiera evitarlo (y también antes de que la asaltase el síncope) ya lo tenía abrazado... y en lugar de morderme o zafarse, se serenó y dejó abrazar. ¡Buen perro!

Dispongo de muchas más anécdotas sobre mis estupendamente cordiales encuentros con cánidos, pero quizá lo más importante que pueda añadir en semejante contexto, aquí rodeada de árboles de verdes hojas brillantes, sea... ¿sabéis que mi animal favorito es el lobo?

Lobo Feroz - [Que surge de entre los matojos] ¿Adónde vas, niña?

¿Quién teme al Lobo Feroz?

Y - ¡Qué cochita!

LF - ¡GUAF!

Y - [A achucharlo como si le fuera la vida en ello]

LF - [Se desgañita a gruñir]

Y - ¿Quién es un lobito bueno? ¿Quién es un lobito precioso? ¿Quiéeeen? [Rasca que te rasca la peluda panza] ¡Túuuu!

LF - [Le muerde el hombro]

Y - [La sangre se derrama, escurre, fluye de entre las fauces lobunas, manchando las encías del animal, dejando roja mácula en los ropajes infantiles, apenas un tono más en la caperuza. Ella sigue sonriente] ¿Qué? ¿Tengo buen sabor?

LF - [Se ha quedado clavado]

Y - [Continúa con la sonrisa de perturbada a la par que las yemas de los dedos se le limpian en el grisáceo pelaje, tiñiéndolo] ¡El poder del masoquismo!

LF - [Tirón, tirón, tirón]

Y - ¿Adónde va esta niña, a quien todo el mundo conoce como Caperucita? ¡A la panza del lobo, donde ni llueve ni hay lodo! Claro que todo depende de tu alimentación. Y también daré un rodeo por casa de la abuela, a quien mami también ha abandonado a su suerte, porque ya me dirás, enviar a esta chiquilla desvalida a...

LF - [Se zafa]

Y - [Cae para atrás]

LF - [¡Coooorre!]

Y - ¡Espera! ¡Todavía no te he dicho lo que llevo en la cesta! [Alza la susodicha] ¡Es una botella de vino y un pastel de moras! [La baja] ¿Pero sigues corriendo? ¡Vuelve, enemigo que huye sin puente de plata, vuelve! ¡Si yo te quiero! Y llamaré a la protectora para que te traiga conejos, ¡eres un animal en peligro! [Asoman unas lagrimillas] Lo dicho, si es que ni para Caperucirta sirvo. Me encuentro con un lobo parlante y ¿qué hago? Achucharlo hasta la muerte. No me puedo resistir.

Ni siquiera me ha embaucado para que me desvíe del camino, ni para que me distraiga con las flores. Claro que tampoco es que fuera a funcionar, lo que se dice funcionar. Con eso no te distraes de tus obligaciones mucho rato ni a estas edades, a no ser que tengas déficit de atención. Sabes que tienes déficit de atención cuando... ¡mira, un palo! ¡Puntiagudo!

Caperucita lo cogió,
la botella con él descorchó
por el bosque caminando se desangró
y de este modo que de moral se olvidó
a casa de la abuelita dando tumbos llegó

Y para nada borracha - ¡Agüeliiita! [...dijo la inocente criatura con voz armoniosa y pura, abriendo la puerta de una patada] ¡Tu niejta está en cacha!

LF disfrazado - Pasa, querida... y acércate.

Y - ¡No ejtoy borracha! [...exclamó bizqueando y dejando caer la botella vacía al suelo, que no se rompió, porque era de cristal bueno]

LF - Muy bien...

Y - ¿Te crej que si estufiera borragcha me habría percatao' de los huesos humanos que tienes ahí amontonaos en esa ejquina? ¡No!

LF - Tú acércate...

Y - ¿O quej me daría cuenfta de las orejas tan grandes que tienes?

LF - Son para oírte mejor, por desgracia.

Y - ¿O de los ofos tan enooormes que t'has puesto?

LF - Son para verte mejor, y es una pena.

Y - ¿O de que eres el lobo feroz dijfrazao?

LF - ¡Son para comerte...! Espera, repite eso último.

Y - Vamorrr, ej que ni borracha ni con ojcho años: por muy peluda que fuera la abuelita esto no hay quiej fe lo creaf, si me lo creo ej que soy tonfa.

LF - [Se rasga las vestiduras] ¡Pues bien o mal, de un bocado te voy a traga...! [Se lanza]

Y - Ejpera, pera, pera...

LF - Claro, por supuesto, voy a esperar a ver qué más tiene que decirme la comida, sí.

Y - Vamoj a aprovechar este bonito momento en el que te me has tirao encima derribando este cuerpecito de niña como el pedófilo que simboliza' para negociar. ¿A ti te parece que despué' de la carne dura de mi agüelita en su lecho de muerte te vas a sacia' con una cría con dos copichuelas de má'?

LF - ...

Y - Si me dejas vivir te dejaré satisfecho de verdad.

Y así fue como la inocente niña 
condujo al lobo feroz a su desprotegido y desatendido hogar

MI - No puede ser, ¿¡has vuelto?! [De sus dedos resbala una copa de cava, que se hace mil pedazos de un solo ¡chas!] ¡Aaaaaarrrrrgghhhh!

Y devoró a su madre

¡Y vivieron felices 
y comieron codornices!

lunes, 7 de septiembre de 2015

DA:I - Problemas de confianza


Hay que celebrar que mañana se lanza a la venta el nuevo y esperadísimo DLC de Dragon Age: Inquisition, ¡Intruso!

Y para ello, ¿qué mejor que una tira cómica recién traducida?

Gajes de rejugar el DAI. XD